Motor

La avería típica del calor extremo que se ha repetido este verano en muchos vehículos

Conduciendo con calor. Telecinco.es
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El diagnóstico es unánime en los datos que las principales aseguradoras y talleres españoles llevan publicando desde julio. Se calcula que existe un incremento medio de asistencias en carretera durante el verano del 25%, subiendo hasta el 50% en los días de temperaturas extremas. Además, en esta época del año aparece en torno a un 35% el aumento de reparaciones vinculadas al calor entre julio y agosto respecto a la media anual. 

Aunque las incidencias se reparten entre cuatro grandes familias: sistema de refrigeración, aire acondicionado, batería y neumáticos, hay una que destaca por concentrar el mayor número de intervenciones críticas y por producir las facturas más elevadas. Es el sobrecalentamiento del motor. La avería típica del calor extremo. La que este verano está protagonizando los mayores atascos en el arcón de las rutas turísticas españolas.

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Por qué el calor exterior daña el motor

Un motor de combustión trabaja a una temperatura óptima que la mayoría de los fabricantes sitúa alrededor de los noventa grados centígrados. Su sistema de refrigeración, que es un circuito cerrado de líquido anticongelante que circula por el bloque, absorbe el calor y lo disipa a través del radiador con la ayuda del electroventilador, está diseñado para operar con un margen razonable respecto a la temperatura ambiente exterior. Cuando el termómetro se acerca o rebasa los treinta y cinco o cuarenta grados que pueden aparecer con alguna ola de calor estival, ese margen se estrecha considerablemente. 

El aire que entra por el frontal del vehículo está más caliente y enfría peor el radiador. El asfalto acumula calor durante horas. En los atascos característicos de las operaciones salida, el flujo natural de aire por el frontal desaparece. El aire acondicionado, a plena potencia, añade carga al propio motor. Y a menudo el coche circula sobrecargado de equipaje, pasajeros o portaequipajes de techo. La combinación de todas esas variables desbordadamente exige al sistema de refrigeración un rendimiento superior al que fue proyectado, y una debilidad menor en cualquier componente pasa de ser una imperfección latente a una avería en curso.

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Cómo reconocer el aviso

El motor no se sobrecalienta de golpe. Antes de llegar al límite, el cuadro de instrumentos lanza señales que conviene identificar a tiempo. La más clara es el testigo de temperatura del motor, ese indicador que en condiciones normales vive en la zona central y que en verano conviene vigilar más de lo habitual. 

Si empieza a moverse hacia la zona roja, el motor está acumulando más calor del que el sistema puede disipar. Otras señales menos obvias serían la pérdida progresiva de potencia, un olor dulzón que entra por los ventiladores del habitáculo o vapor blanco saliendo de debajo del capó. Cuando aparece el vapor, el motor ya está en una situación crítica y cada segundo que sigue en marcha cuenta.

El protocolo a seguir

Ante este aviso, se recomienda seguir una secuencia que a la mayoría de los conductores le sorprende. 

  1. Desconectar el aire acondicionado, lo que reduce inmediatamente la carga sobre el motor.
  2. Encender la calefacción al máximo: el habitáculo se convierte entonces en un radiador secundario que absorbe calor del motor y lo disipa hacia el exterior a través de los ventiladores del salpicadero. Dentro del coche hará un calor insoportable durante los minutos que quedan hasta poder parar, pero es exactamente lo que en ese momento salva al motor.
  3. Salir de la circulación en cuanto sea seguro, ganar el arcén con calma y detener el vehículo sin apagar bruscamente el motor. 

Además, lo que no hay que hacer en este momento es nunca abrir el tapón del radiador con el motor todavía caliente. El refrigerante puede salir a más de cien grados y provocar quemaduras graves. La única llamada sensata en esa situación es la de la asistencia en carretera.

Prevenirlo, sin embargo, es mucho más sencillo. Basta con revisar antes del viaje el nivel de refrigerante, verificar que el líquido no está caducado, comprobar visualmente el estado de los manguitos en el vano motor y llevar un bidón de refrigerante en el maletero. Diez minutos de comprobación previa evitan, con margen suficiente, la avería más cara y más peligrosa del verano español.