El dolar está más bajo que el euro, y a pesar de ello las cifras de viajeros de Europa hacia Estados Unidos no paran de bajar
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En 2025, Estados Unidos fue el único país del mundo que registró una disminución en el gasto de visitantes internacionales, de entre 184 destinos analizados por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo. La caída, que superó en magnitud a la registrada durante la recesión global de 2008, no tiene su origen en una pandemia ni en un colapso financiero, tiene origen político.
En total, hablamos de nada menos que cuatro millones menos de visitantes extranjeros llegaron a Estados Unidos ese año en comparación con 2024, con un gasto total que disminuyó en más de 8.000 millones de dólares. La consultora Tourism Economics, división de Oxford Economics, proyectó una caída del 9,4% en las llegadas internacionales. La WTTC estimó una pérdida para el sector turístico estadounidense de 12.500 millones de dólares solo en ese ejercicio.
La tendencia no se ha corregido en 2026. Las reservas aéreas desde Europa hacia Estados Unidos para el pico del verano cayeron un 14,22% interanual. Las caídas más pronunciadas por ciudad de origen se registraron en Fránkfurt (36% menos), Barcelona (26%), Ámsterdam (23%), París (21%), Atenas y Múnich (19% en ambos casos). En enero de 2026, los viajeros europeos ya iban a Estados Unidos un 5,2% menos que un año antes.
Las causas de este batacazo turístico
Las políticas migratorias y los controles fronterizos son el primer factor. Las noticias de turistas europeos y canadienses detenidos para ser interrogados en la frontera, el escrutinio de dispositivos electrónicos y las advertencias gubernamentales emitidas por varios países europeos sobre los nuevos protocolos de entrada han generado una percepción de hostilidad que no se compensa con ningún argumento de marketing. España y Dinamarca actualizaron sus alertas de viaje con recomendaciones específicas dirigidas a ciudadanos trans y personas LGTBIQ+ tras las medidas de la administración Trump que establecen el reconocimiento federal exclusivamente de dos sexos biológicos.
Los aranceles y las tensiones comerciales constituyen el segundo motor. La política arancelaria de la administración Trump hacia la Unión Europea y otros socios históricos ha generado un estado de malestar generalizado que se traslada directamente a las decisiones individuales de viaje.
Cuando un gobierno grava los productos de otro, los ciudadanos de ese país procesan esa señal y la llevan al dinero que deciden gastar en cada destino. Esto ya ocurrió durante el primer mandato de Trump, cuando en los primeros siete meses de 2017 se registró una caída del 4% en visitas internacionales, que la industria denominó "Trump Slump". En 2025, la magnitud ha sido notablemente superior.

La retórica geopolítica amplifica ese rechazo. Los debates sobre la posible anexión de Groenlandia, las dudas respecto a la OTAN y las fricciones diplomáticas con la UE han creado un clima de desconfianza que permea las decisiones de los viajeros de forma difusa pero efectiva.
Las medidas anunciadas pero aún no implementadas añaden un factor adicional de incertidumbre. La posible tarifa de 250 dólares por "integridad de visado" y la eventual exigencia del historial de redes sociales de los últimos cinco años para ciertos visitantes acogidos al Programa de Exención de Visa no han llegado a aplicarse, pero su mera discusión pública disuade. Brand USA, el brazo de marketing turístico del país, vio como su presupuesto se recortaba un 80% para el año fiscal 2026, justo cuando más se necesitaba su trabajo.
Las aerolíneas han votado con sus aviones
La respuesta del sector aéreo refleja la magnitud del problema. Lufthansa ha reducido frecuencias a Nueva York, Miami y Chicago, reasignando sus aviones de fuselaje ancho a rutas con mayor volumen de reservas hacia India, Japón y Grecia. Iberia canceló el lanzamiento de una ruta a Dallas y recortó los vuelos entre Madrid y Chicago. Scandinavian Airlines eliminó las rutas Oslo-Newark y Copenhague-Los Ángeles. El grupo hotelero francés Accor registró una caída del 25% en las reservas de europeos para establecimientos en EE.UU.
Todo esto, en un contexto en el que el dólar estadounidense se ha debilitado frente al euro y se sitúa actualmente un 12% por debajo de su nivel del año pasado. En condiciones normales, esto supondría un estímulo poderoso para el turismo europeo en dirección a Estados Unidos, pero no está siendo así. Cuando la percepción del destino es tan negativa como hoy lo es, ni siquiera una divisa más barata puede compensarlo. Ni siquiera el mundial ha conseguido cambiar el signo, y los estudios estiman que no se recuperarán hasta 2029.

