La costa alicantina cuenta con la isla más pequeña habitada del país: así es el pueblo amurallado con aguas turquesa
A 8 kilómetros del puerto de Santa Pola, en la provincia de Alicante, existe una isla que tiene 2 calles, 6 callejuelas, unos 50 residentes y el honor de ser la primera reserva marina declarada en España
El pueblo que enamoró a Almodóvar y que es perfecto para una escapada de fin de semana
Lo que hace singular a Tabarca no es solo su tamaño, sino la densidad de capas históricas que conviven en apenas unos cientos de metros cuadrados de tierra rodeada de Mediterráneo. Sus aguas son de ese azul turquesa que parece imposible en el Mediterráneo convencional, sus playas tienen arena blanca y fina, y su casco urbano lleva amurallado desde el siglo XVIII sin que prácticamente nada haya cambiado su trazado desde entonces.
De los piratas berberiscos a Carlos III
La historia de Tabarca arranca mucho antes del pueblo amurallado. Hay evidencias de que fue habitada en época romana, y durante siglos fue el refugio preferido de piratas berberiscos procedentes del norte de África que atacaban los barcos y la costa alicantina. La isla era un punto estratégico perfecto, suficientemente cercana a tierra como para lanzar incursiones, pero suficientemente aislada como para esconderse.
Fue precisamente para poner fin a esa amenaza que el rey Carlos III ordenó en 1760 la fortificación de la isla y su repoblación. La idea era convertirla en un bastión defensivo habitado, con murallas que protegieran a sus residentes y disuadieran los ataques piratas. El proyecto resultó en el recinto amurallado que hoy sigue en pie con sus tres puertas barrocas históricas: la puerta de San Rafael, que da al pequeño puerto donde atracan los barcos pesqueros; la puerta de San Gabriel, en cuyos alrededores se han encontrado restos de necrópolis y vertederos romanos; y la puerta de San Miguel, que era la entrada principal.
El pueblo que se construyó dentro de esas murallas tenía dos calles y seis callejuelas. Siglo y medio después, Tabarca seguía teniendo exactamente eso: dos calles, seis callejuelas y una gran plaza cuadrada con pozos, algunas tiendas y una panadería. Hoy, dos siglos aún más tarde, las dos calles y los seis callejuelas siguen ahí. El pueblo es uno de los lugares de España donde el tiempo ha pasado con mayor discreción.
Lo que hay en el pueblo amurallado
Pasear por el interior del recinto de Tabarca es transitar por un espacio que combina historia militar, vida marinera y arquitectura barroca a escala mínima. La Iglesia de San Pedro y San Pablo, construida a finales del siglo XVIII, preside la plaza principal. La Casa del Gobernador, uno de los edificios más representativos de la isla, funciona hoy como hotel. El Museo de Nueva Tabarca recoge la historia del enclave. Y la Torre de San Juan recuerda que en el siglo XIX la isla tuvo también una función carcelaria y fue utilizada como prisión para carlistas.
Fuera del recinto amurallado, el territorio de Tabarca ofrece dos elementos más: la Torre de San José, del siglo XIV al XV, accesible por rutas de senderismo que recorren el perímetro de la isla, y el faro de Tabarca, del siglo XIX, desde el que se contemplan algunas de las puestas de sol más recordadas del litoral alicantino.
La primera reserva marina de España
El mayor tesoro de Tabarca no está en tierra sino bajo el agua. Sus aguas son la primera reserva natural marina declarada en España, y esa protección temprana se nota: la biodiversidad que se ha preservado en el entorno marino de Tabarca incluye especies y ecosistemas que han desaparecido de otras zonas del Mediterráneo. La transparencia del agua y la riqueza del fondo marino convierten la isla en uno de los mejores puntos de la costa peninsular para el snorkel y el buceo, según recogen fuentes como Infobae y Telecinco en sus análisis del destino.
La isla cuenta con once rincones de playa distintos, entre playas abiertas y calas más recónditas, todos con el denominador común de las aguas de color turquesa que han hecho famosa a la isla entre los turistas del norte de Europa.
Cómo llegar a Tabarca
El acceso es exclusivamente por mar. Durante todo el año salen catamaranes y barcos-taxi desde Benidorm, Alicante, Torrevieja y Cartagena, aunque el punto de partida más habitual y cercano es el puerto de Santa Pola, que está justo enfrente de la isla, a solo ocho kilómetros de distancia.
Los cincuenta residentes permanentes de Tabarca llevan más de una década enfrentándose al mismo problema: la isla recibe entre 3.000 y 5.000 visitantes diarios en temporada alta, pero la infraestructura no está dimensionada para absorber ese volumen, y la burocracia del Ayuntamiento de Alicante, a la que pertenece administrativamente la isla, frena cualquier iniciativa de mejora.
La Asociación de vecinos Tabarca Isla Plana lleva años reclamando que la isla sea reconocida como Entidad Local Menor, lo que le permitiría contar con junta vecinal propia y un alcalde pedáneo, gestionar directamente sus servicios, y acceder a ayudas públicas y fondos europeos sin pasar por el embudo administrativo municipal. Mientras ese reconocimiento no llega, los cincuenta habitantes de la isla más pequeña de España siguen siendo también los más solos, ya que cada vez que hay temporal o mala mar quedan aislados y sin posibilidad de desplazarse a tierra para cualquier trámite básico como ir al médico o comprar suministros.