La zona cercana al centro de gravedad del avión es la que menos turbulencias siente
Un estudio muestra la distribución de asientos más eficiente en los aviones
Las turbulencias son, según la unanimidad del propio sector aeronáutico, el mayor generador de miedo entre los pasajeros y, a la vez, lo que menos peligro real supone para la integridad del vuelo. Los aviones comerciales modernos están construidos para soportar cargas mecánicas equivalentes a una vez y media su peso total, es decir, están diseñados aerodinámicamente para atravesar sin problemas mucho más de lo que cualquier tormenta convencional puede lanzarles. A esto hay que añadir que sus pilotos entrenan durante años para gestionar precisamente este tipo de situaciones.
El único riesgo real y documentado que las turbulencias severas producen sobre los pasajeros es el traumatismo por golpe contra el techo o contra el asiento delantero cuando la persona no lleva el cinturón abrochado. Sin embargo, para el pasajero medio, atravesar una zona de aire turbulento sigue siendo la peor parte del viaje. La pregunta razonable es plantearse si existe una zona del propio avión donde ese movimiento se experimente con menor intensidad. La respuesta es afirmativa y muy concreta: los asientos situados entre las alas y la cabina de mando.
La física del asunto
La razón física está a un nivel casi de educación primaria. El centro de gravedad de un avión comercial no coincide con el centro físico del fuselaje, sino que se encuentra en una zona próxima a las alas, ligeramente adelantada respecto del punto medio geométrico del aparato. Cuando la aeronave se ve sometida a una perturbación, ya sea una corriente ascendente, un descenso brusco por un pozo de aire o la estela turbulenta de otro avión que ha atravesado la misma ruta minutos antes, todo el fuselaje pivota alrededor de ese eje aproximado.
Como recuerda cualquiera que haya jugado alguna vez con un balancín, cuanto más lejos se está del punto de apoyo, mayor es el desplazamiento vertical que se experimenta ante la misma fuerza aplicada.
Es decir, que los pasajeros sentados en la parte trasera de la aeronave experimentan movimientos verticales sensiblemente más acusados que los que ocupan las filas centrales, situadas sobre las propias alas. La cabina de mando, por su parte, se encuentra próxima al eje pivotante por la parte delantera, motivo por el que los propios pilotos notan menos los movimientos que un pasajero ubicado en la cola.

De esta manera, si se tiene miedo a las turbulencias, la recomendación es aún más taxativa, y debes alejarte lo más posible de la zona trasera del avión, precisamente por ser la que más resiente el efecto palanca de la geometría del aparato. La zona ideal es la comprendida entre la primera fila de la cabina y la última fila que queda por delante del borde posterior del ala. En un Boeing 737-800 típico de dos clases, eso equivale aproximadamente a las filas 10 a 20. En un Airbus A320, a las filas 10 a 22. En un Boeing 777 o un Airbus A350 de cuerpo ancho, a un rango más amplio que cubre las filas centrales de la cabina económica principal.
Hay variables complementarias que refuerzan la elección. Los vuelos de primera hora de la mañana y los nocturnos suelen atravesar corrientes de aire más estables, con menor incidencia de turbulencias térmicas por convección solar. Los aviones de mayor tamaño y peso absorben mejor las oscilaciones que los de un solo pasillo. Y las rutas ecuatoriales y tropicales en época de monzón acumulan estadísticamente más incidentes por células convectivas de formación rápida, precisamente el fenómeno detrás del incidente del vuelo 321 de Singapore Airlines del pasado año, en el que un Boeing 777 sufrió una caída súbita al atravesar una tormenta que se había desarrollado a velocidad inusualmente rápida sobre el sudeste asiático.
De este modo, si al reservar el vuelo se ofrece la posibilidad de elegir asiento sin coste adicional, o si el suplemento es asumible para el pasajero que sufre especialmente el movimiento aéreo, la elección óptima es las filas centrales, sobre el borde de ataque del ala o inmediatamente por delante. La percepción subjetiva del vuelo mejora sensiblemente. La seguridad real, sin embargo, no cambia respecto a cualquier otro asiento del avión: los aviones comerciales no se caen por turbulencia, se caen por otras razones. Y sin embargo, para el pasajero medio, el placer de un vuelo sin sobresaltos empieza precisamente por elegir con criterio la fila en la que se va a sentar.
