El periplo médico de Anna y Helena, con la enfermedad de Lyme por la picadura de una garrapata en Barcelona: "El sistema está fallando"

A Helena le picó una garrapata en 2023 y el diagnóstico oficial fue dos años después
Anna supo que tenía la enfermedad de Lyme tras un año de periplo médico
BarcelonaHelena y Anna han decidido alzar la voz para visibilizar la enfermedad de Lyme, transmitida por la picadura de una garrapata. Una enfermedad infecciosa multiorgánica que si no es tratada a tiempo, se puede cronificar. Tras un periplo médico de años, las dos coinciden en el desconocimiento y el infradiagnóstico de esta patología, que puede llegar a la cronificación. "El sistema está fallando y no es solo a mí. Lo explico para encontrar otras personas afectadas y concienciar de que las garrapatas, que no todas están infectadas, te pueden transmitir esta enfermedad y, si te muerde, ¿qué hacer? Mi enfermedad es por desconocimiento", afirma Helena Montasell. "Es muy frustrante ver cómo el sistema público de salud no está dando una respuesta. Quiero que haya formación de los médicos y, si puedo evitar que alguien pase por lo que he pasado yo, que así sea", subraya Anna Corbera.
En el caso de Helena, de 34 años, investigadora de salud y género, lleva dos años de baja. "No puedo llevar la vida que tenía. Tengo problemas físicos y neurológicos muy graves de memoria. Hay días que no reconozco a mi pareja. Me puedes preguntar los años que tengo y no lo sé. Tengo dolor en la mitad del cuerpo, fatiga excesiva, náuseas, inflamaciones articulares y sintomatología neurológica. He tenido pérdidas de orientación, auditivas y visuales", explica.
Fue en verano de 2023 en la zona agrícola de Mataró cuando le mordió una garrapata sin notarlo. Días más tarde, descubrió que tenía una marca en forma de diana en el abdomen y sintió que "había perdido fuerza en el lado derecho y como si tuviera una gripe". En su ambulatorio, le dijeron que se había reactivado una mononucleosis y atribuyeron la mancha a una araña, "a pesar de tener la forma característica de la garrapata". Como seguía notando que le faltaba la fuerza, acudió al Hospital Vall d'Hebron, donde le indicaron "que no era un tema neurológico, sino psicológico".

Un día, notó el lado derecho paralizado y no podía articular palabra. Fue a urgencias del Hospital de Mataró, donde dudaron en aplicarle el código ictus y la derivaron a neurología. Tras una resonancia que "salió bien", le recomendaron seguir una terapia psicológica. La salud de Helena empeoró: "No me podía peinar ni cocinar. Cogía un huevo con la mano y se me caía, no tenía fuerza. Estaba agotada y con dolor", recuerda. También buscó respuestas en la sanidad privada para saber si podía ser fibromialgia o fatiga crónica. Y en una analítica dio positivo en Borrelia, la bacteria que causa la enfermedad de Lyme, pero en una visita a la unidad de enfermedades infecciosas del Hospital Clínic, el análisis dio negativo. "Es una enfermedad que cuesta de diagnosticar por sangre. O se hace cuando te ha picado o cuando ha pasado un año y medio, es complicado encontrarla", señala.
De nuevo, volvió a una clínica privada, donde le dieron un antibiótico y empezó a mejorar. Le comunicaron que era la enfermedad de Lyme por sintomatología, un diagnóstico que le confirmaron oficialmente en la Unidad del Dolor Crónico del Clínic tras dos años de periplo. "Era una frustración porque no validaban mi sufrimiento. Les enseñaba mi picada, que el Ministerio de Sanidad dice que es esa enfermedad según la guía de manejo clínico de las enfermedades transmitidas por garrapatas en España y me decían que no. No hay cura, por ahora, cuando la enfermedad es persistente. Si en el primer momento en el CAP me hubieran recetado los antibióticos, no habría desarrollado todo lo que me pasa".
Pinchazos como cuchillos
Anna se levantó un día de marzo de 2024 en su casa en el Maresme y tenía una picadura "dura, grande y extraña" en el brazo. Con la sensación de tener un constipado, fue al ambulatorio donde le indicaron que era de una araña, "igual que Helena". A los pocos días, "me salió una reacción como varicela" por piernas y brazos. Volvió al CAP y esta vez le dijeron que era "como una dermatitis" y la enviaron a casa sin ninguna prueba. Cuatro meses después, empezó a sentir unas punzadas en las manos, que se le hinchaban. "Lloraba del dolor, era como si me estuvieran clavando un cuchillo en la mano".
Así, durante un mes, hasta que no pudo más y fue a urgencias del Hospital de Mataró. Esta vez la derivaron a un reumatólogo por una posible artritis. Y el dolor se extendió a la otra mano. "Nadie me hizo pruebas de una posible infección", indica Anna. Y continuó extendiéndose a brazos, piernas y espalda. "A eso se unió la pérdida de peso y náuseas constantes. Empecé a perder la fuerza y no podía levantar ni un vaso ni lavarme el pelo sola", recuerda Anna.
Inició hasta tres tratamientos distintos contra la artritis, aunque todas las pruebas le daban negativo y seguía empeorando: "Me costaba levantarme de la cama, caminar, no podía subir escaleras, me tenían que ayudar para hacer todas las cosas de mi vida". A ello sumó una intervención con biopsia en la mano para corroborar si era artritis, con resultados inflamatorios compatibles con varias patologías y "de la que me han quedado dos tendones acortados y una gran cicatriz".
Dolor insoportable
Tras idas y venidas a centros públicos y privados, la madre de Anna le pidió a un reumatólogo que le hiciera pruebas de enfermedades infecciosas. Y así llegó el diagnóstico, un año después, en noviembre de 2025: tenía la enfermedad de Lyme. "Fue un choque muy grande entre tristeza porque es muy duro aceptarlo, pero a la vez entiendo lo que me pasa, le puedo poner nombre y, por fin, pueden dejar de cuestionar si yo podía exagerar los síntomas. Fue entender lo que me estaba pasando, como perder seis kilos y que no me podía levantar de la cama". Le insistieron en que había pasado la enfermedad de Lyme y tenía artritis. "Es un desconocimiento total. Si no se trata en su momento, se puede cronificar y los síntomas avanzan. Tenía síntomas incapacitantes. Llegué a decir que no podía ni quería vivir con ese dolor".
Buscó especialistas y desde la Asociación de Lyme Crónico de España le indicaron una lista con experiencia. Acudió a la consulta de una doctora de Cantabria, que le confirmó la enfermedad e inició un tratamiento antibiótico, que está pagando de su bolsillo, con el que ha empezado a recuperar "la fuerza, los dolores, que aún persisten, son menos intensos y menos frecuentes. He vuelto a trabajar y tengo una mínima normalidad. Duermo mejor, no tengo ganas de vomitar y siento menos pinchazos en el corazón, pero vivo con dolor. Si se me hubiera tratado en su momento, no habría desarrollado estos síntomas y me hubiera curado".
Cambios
Helena y Anna, que se conocieron por una amistad en común, denuncian la falta de información. "Sabemos que los mosquitos pueden transmitir enfermedades, pero no que algunas garrapatas pueden provocar todo eso. Y esa información no la tienen en el CAP y deberían tenerla. ¿La conclusión? Algo ha fallado para que mi vida se vea tan repercutida. Mi sufrimiento ha sido infravalorado. Me decían que era por estrés y un factor psicológico. Por suerte, yo tenía la foto y podía enseñar la infección, pero me decían que esta enfermedad no existía en Cataluña. ¿Qué más pruebas necesitaban para validar lo que me estaba pasando?", lamenta Helena.
"Las garrapatas están por todas partes y con el cambio climático, ahora sí están en Cataluña. Y es importante actualizar el marco mental de muchos médicos sobre lo que estudiaron hace años. De cara a la población, decir que tenga precaución: si tienen una picadura extraña, que no la ignoren, que insistan en que les hagan pruebas", avisa Anna.
