El sufrimiento de la familia de Josep Boan casi seis años después de que un conductor lo matara por exceso de velocidad: "Todavía tengo su bistec en el congelador"

María Pilar Rosanes, junto a su hijo, Josep Boan i Rosanes. RRSS
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"Todavía tengo su bistec y sus claras de huevo en el congelador. También guardo su champú. Todos hacemos como si estuviera aquí, pero hay momentos muy duros". Son las palabras de Pilar Rosanes, la madre de Josep Boan i Rosanes, que mantiene su rutina como si su hijo fuera a volver en cualquier momento, aunque sabe que no lo hará. "Los hijos no se pierden", señala. "Perderlo sería que se fuera a otro lugar y no quisiera verme más. Yo sigo siendo su madre", agrega, en una conversación con la web de 'Informativos Telecinco'.

Han pasado casi seis años desde que al joven barcelonés de 20 año le arrebataron la vida. Fue el 9 de agosto de 2020 en una carretera de Dumbría, en A Coruña, cuando un coche que circulaba en sentido contrario invadió su carril y colisionó frontalmente contra su moto. Su padre, Chus, fue testigo directo del impacto, ya que ambos regresaban a Cataluña tras haber pasado unos días juntos en la zona de Finisterre.

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El conductor del vehículo, Asier G. S., circulaba muy por encima del límite permitido, casi duplicando la velocidad en ese tramo. Curiosamente, tras el suceso se tatuó el número 116, que coincide con la velocidad mínima del impacto determinada por los peritos. Sin embargo, en el juicio de 2022 sostuvo que circulaba a 70 km/h, la permitida en ese punto. Alegó que dio un volantazo al ver un animal, pero la Guardia Civil desestimó su versión, lo que respaldó la acusación de imprudencia grave. "Todo ocurrió sobre las 14:00 horas. Iba con dos acompañantes, no habían bebido ni nada. No se me ocurre qué le pudo pasar por la cabeza para ir a esa velocidad", explica Pilar, que cuestiona que no se buscaran testigos en la zona ni se analizara si pudo realizar maniobras previas como adelantamientos. "Si no hay concurso de delito es imposible que pise la cárcel", precisa.

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Y así fue. Asier, enfermero de profesión, fue condenado a dos años de prisión por homicidio imprudente, pero no ingresó en la cárcel. Como no superó el límite de la vía por más de 80 km/h, no se le pudo sumar un delito específico contra la seguridad vial, y sin ese segundo delito que "concursara" con el homicidio, la pena no subió lo suficiente como para dictar su encarcelamiento. Tampoco se le impusieron sanciones económicas ni las costas del proceso. Según Pilar, nunca les ha pedido perdón. La familia de Josep quedó destrozada. Hay fechas que han cambiado de significado desde entonces: "Ha sido mi cumpleaños el día 8 y me pregunto por qué tengo 40 años más que mi hijo. El día de Sant Jordi no me traerá una rosa y tampoco me felicitará el Día de la Madre. La primavera es una época muy mala. Además, mi hija ha tenido una niña y algún día habrá que explicarle quién era su tío y qué le ocurrió".

"Tiene que haber un para qué"

Durante meses, el golpe dejó a Pilar paralizada. Afirma que la gestión del juicio no fue acorde a su dolor y considera que la sentencia debió reflejar un mayor castigo. Lamenta que Asier no pueda volver juzgado por lo que pasó, incluso aunque se encontraran nuevas pruebas de lo ocurrido. Con el tiempo, el duelo empezó a transformarse en otra cosa: "Un por qué no hay. Tiene que haber un para qué". Ese fue el inicio de todo.

La madre de Josep sintió la necesidad de contar la historia de su hijo: "Lo único que he hecho es escribir. Escribir en redes sociales". Posteriormente, comenzó a reflexionar de manera profunda sobre lo ocurrido y sobre cómo el sistema responde a este tipo de casos.

"Cuando escuchaba algo sobre un accidente nunca me planteaba si había un responsable. La propia palabra accidente hace que pienses que no lo hay. Pero cuando te das cuenta de que sí lo puede haber y de que era tan fácil de evitar, sientes un desasosiego terrible, porque es absurdo", subraya Pilar. Para ella, ese cambio de mirada fue clave: dejar de ver estos hechos como algo inevitable para empezar a entenderlos como consecuencia de decisiones concretas.

Del testimonio a la política: se reunió con Carles Puigdemont

Ese proceso personal fue creciendo. Pilar empezó a recopilar información, a comparar legislaciones y a contactar con asociaciones de víctimas. Descubrió diferencias notables entre países europeos, tanto en las penas como en la forma de informar y proteger a las víctimas. Mientras que en Francia, Italia o Portugal los umbrales para que el exceso de velocidad se considere un delito penal son mucho más bajos y estrictos (además de imponer multas duras), España permite que conductores con excesos graves eludan la prisión.

En mitad de toda su lucha, su caso llegó a la esfera política. Junts Per Catalunya contactó con ella en 2024 y Pilar acudió al Parlamento Europeo, donde recibió información sobre las estrategias comunitarias de seguridad vial, como el programa para reducir a cero las muertes y lesiones graves en las carreteras de la UE para el año 2050. Allí, en Bruselas, además, mantuvo un encuentro con Carles Puigdemont, quien se quiso informar sobre su situación: "Tuvo interés en hablar conmigo. Fui con mi marido y mi hija. Me encontré a un padre. Hablamos sobre cómo legislaba cada país y me dijo que era un asunto complicado".

A partir de ese encuentro, mantuvo contacto con Junts, que hace aproximadamente un año le pidió a Pilar que enviara toda la documentación para estudiarla. Al cabo de unos días, entendieron que era justo proponer un edurecimiento de las leyes y la madre de Josep pudo hablar también con representantes del PSOE y el PSC. Se reunió con Núria Parlon, la consellera de Interior de la Generalitat, y le explicó todos los detalles.

La 'Ley Boan' ya ha llegado al Congreso

Ese recorrido desembocó en una proposición de ley que ya ha iniciado su tramitación, la llamada 'Ley Boan'. El pasado martes 24 de marzo, Pilar y su marido, Chus Boan, asistieron desde una tribuna del Congreso de los Diputados al debate sobre el proyecto, en el que se dio el primer paso del proceso parlamentario. El diputado Juan Carlos Jerez destacó su labor: "Quiero saludar y darle las gracias a Pilar, que hoy nos acompaña con su marido, porque es una de las personas que, desde su terrible experiencia, más ha luchado por revertir los actuales límites penales de velocidad". Unas palabras que agradece la madre: "El nombre de mi hijo ya está en el diario de sesiones. Esto solo acaba de empezar".

La iniciativa salió adelante con apoyos mayoritarios, pese al voto en contra de Vox y UPN. La abstención del Partido Popular fue clave para que pudiera prosperar el proyecto. Ahora deberá superar la fase de enmiendas, el debate en comisión, su aprobación en el Congreso y, posteriormente, el trámite en el Senado. Pilar insiste en que esta propuesta no responde a una cuestión ideológica. "Esto no es algo de izquierdas o derechas, es algo que le puede pasar a cualquiera", sostiene. En ese sentido, asegura que habría apoyado la iniciativa independientemente del partido que la impulsara.

La reforma pretende redefinir los límites que marcan cuándo un exceso de velocidad pasa de ser una infracción administrativa a un delito penal, reduciendo el umbral de 80 a 70 km/h en carretera y de 60 a 50 km/h en ciudad. Para Pilar, es insuficiente, aunque admite que "es mejor que nada".

Imprudencia, impunidad y reparación

La madre de Josep denuncia que la legislación actual deja fuera situaciones extremadamente peligrosas y que la figura de homicidio imprudente es insuficiente para reflejar la gravedad del hecho. "Imprudencia es salir a cuatro cero bajo cero y en sandalias. Pero entrar en una curva que sabes que es de 70 a 150 sin ni siquiera hacer el gesto de frenar… eso no es solo imprudencia", explica. Para Pilar, la norma debería reflejar que conducir a esas velocidades convierte el vehículo en un arma y que quien actúa así debe asumir todas las consecuencias, no solo de forma simbólica, sino efectiva.

Además, la propuesta evidencia las fallas del sistema judicial: la ley no es disuasoria ni reparadora. "Ahora mismo, aquí matas a alguien, vas a juicio y vuelves a casa por tu propio pie. En todo caso pagas una multa. No hay consecuencias reales", explica la madre, que destaca el papel de las indemnizaciones: "Esto lo pagan los seguros. A quien ha matado no le cambia la vida porque no pone dinero de su bolsillo".

Ella desearía que el responsable pagase directamente (aunque fuera una parte) durante un tiempo largo o de por vida: "Tendrían que llevar la carga económica. Así se iban a acordar de la vida que han arrebatado y no seguirían con su vida como si nada. Sobre todo si, por ejemplo, no les llegara para el piso". Pilar subraya la sensación de indefensión que sienten las víctimas ante un sistema que protege más al responsable que a quienes han perdido a un ser querido.

Un problema que va más allá de un caso

Para Pilar, la muerte de su hijo no es un caso aislado, sino parte de una realidad que no recibe la atención que merece. Cada año, más de 1.000 personas pierden la vida en las carreteras españolas, pero, a su juicio, estas muertes no generan la misma reacción social que otros delitos. "No se percibe igual", lamenta, convencida de que existe una cierta tolerancia hacia los excesos de velocidad.

En ese sentido, señala una diferencia clara en la conciencia colectiva: "Con el alcohol o las drogas sí hay conciencia. Pero con correr… parece que todo el mundo lo hace". Pilar, además, cuestiona también algunos de los argumentos más extendidos. "Si te multan por ir a 71 en una vía de 70, eso sí puede parecer recaudatorio", admite. Pero rechaza que se utilice ese razonamiento para desacreditar el control de las grandes velocidades. Considera que no es lo mismo. De hecho, se pregunta si el accidente que acabó con la vida de su hijo podría haberse evitado con más vigilancia o con medidas como avisos de radar en ese tramo.

A pesar de todo, reconoce que su lucha ha tenido impacto. A lo largo de estos años ha recibido mensajes de personas que aseguran haber cambiado su forma de conducir tras conocer la historia de Josep. Es, quizá, la única forma de encontrar sentido a lo ocurrido: que su caso sirva para evitar otros y que haya una mayor concienciación. Porque, como repite, su hijo, que siempre conseguía lo que se proponía, no será nunca un número en las estadísticas. "Nadie lo es", sentencia Pilar.