Multas

Hasta 500€ por alimentar palomas en la calle: en muchas ciudades está prohibido y sancionado

Alimentar palomas puede acabar originando una plaga en la zona. Europa Press
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Aunque pueda resultar bastante cotidiana la escena de ver a niños corriendo tras las palomas con un mendrugo de pan en la mano o a las personas mayores partiendo una barra de pan en pequeños pedazos para ofrecérselo a las aves, estos comportamientos están lejos de ser un acto de bondad con respecto a estos animales. Todo lo contrario, la mayoría de las normativas municipales prohíben estos comportamientos bajo penas de sanción económica muy elevada.

Sanciones elevadas por dar de comer a las aves

En nuestra regulación normativa existen ciertas prohibiciones contra actos que el sentido común dicta que son totalmente inexcusables, pero también otras normas de las que no somos muy conscientes en ocasiones o directamente creemos estar haciendo un bien y que son igualmente sancionables bajo el principio que dictamina el artículo 6.1 del Código Civil español, que establece el principio de obligatoriedad de las normas dejando claro que “la ignorancia de las Leyes no excusa de su cumplimiento”.

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Dar de comer a animales en la vía pública, especialmente a aquellos que pueden dar lugar a plagas descontroladas, es un comportamiento prohibido por los organismos municipales, que son quienes tienen la competencia. Por ejemplo, la Ordenanza de Limpieza de los Espacios Públicos, Gestión de Residuos y Economía Circular del Ayuntamiento de Madrid, en su artículo 9, dedicado a las prohibiciones, refleja en su apartado i) que está terminantemente prohibido “dar de comer a los animales o depositar comida para estos provocando suciedad en los espacios públicos”.

También lo prohíbe la Ordenanza Municipal de Protección y Tenencia de Animales en su artículo 11.4: “Por razones de salud pública y protección al medio ambiente urbano, se prohíbe el suministro de alimentos a animales vagabundos o abandonados, así como a cualquier otro cuando de ello puedan derivarse molestias, daños o focos de insalubridad. Los propietarios de inmuebles y solares adoptarán las medidas oportunas al efecto de impedir la proliferación en ellos de especies animales asilvestradas o susceptibles de transformarse en tales, siempre que estas medidas no supongan sufrimientos o malos tratos para los animales implicados”.

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La sanción planteada para este tipo de comportamientos suele variar dependiendo del marco regulatorio de cada municipio, pero en general se sitúa en cifras que rondan los 500 euros de media. Ayuntamientos como el de Alcalá de Henares, Madrid, han elevado esta sanción hasta los 2.400 euros para “evitar o reducir los riesgos para la salud, prevenir la transmisión de zoonosis y disminuir los problemas urbanísticos y las molestias ocasionadas por las aves urbanas”.

¿Por qué no hay que dar de comer a las palomas?

Este comportamiento incívico, disfrazado de buena voluntad en muchos casos, tiene consecuencias graves para nuestra convivencia, por lo que es conveniente explicar cuáles son los principales efectos de alimentar a las aves en la vía pública para evitarlos más allá de ahorrarnos las multas. En primer lugar, alteramos su propia alimentación natural, por lo que flaco favor les estamos haciendo. Según expertos ornitólogos, su alimentación natural debería estar formada por granos y semillas que ellas mismas deben buscar y seleccionar en su entorno y no tener una alimentación basada en migas de pan.

Por supuesto, es todavía peor si lo que se les ofrece es bollería, gusanitos o restos de comida rápida, lo que puede perjudicar gravemente la salud de los animales. Estos productos no solamente carecen de los nutrientes esenciales que las aves necesitan, sino que les provocan problemas digestivos, desnutrición y malformaciones. En lugar de ayudarlas, la sobrealimentación artificial genera poblaciones artificialmente altas de aves enfermas y dependientes del ser humano.

Con la influencia humana entrando en la ecuación, se acaba provocando en muchos barrios una superpoblación de palomas, lo que tiene consecuencias graves para la ciudadanía. En primer lugar, suponen una molestia para el vecindario no solamente por su presencia descontrolada y los ruidos que acarrean, sino porque provocan una aparición directamente proporcional de excrementos y restos de plumas que ensucian nuestras calles.

Cabe recordar que la proliferación de comunidades de palomas son un riesgo sanitario porque estas pueden actuar como vectores de microorganismos y parásitos transmisores de enfermedades humanas, además de ser portadoras de parásitos externos como chinches o garrapatas. El riesgo de contagio e infecciones se dispara especialmente en situaciones donde se producen contactos estrechos y continuados con las aves o con el polvo de sus excrementos secos. Las defecaciones de las palomas contienen compuestos realmente ácidos que pueden dañar elementos de la vía pública de forma irreversible como fachadas históricas, estatuas y edificios emblemáticos, además de ser el peor enemigo para la pintura de nuestros coches.

Además de esta alteración de su alimentación, arrojar pan a la vía pública restos de comida ensucia nuestras calles y la acumulación de estos restos puede suponer la aparición de otras plagas también bastante insalubres, como son los insectos o roedores, en un efecto dominó poco deseado. Como es de sobra conocido, la proliferación de estos animales puede acabar siendo nociva para la salud pública, por lo que se debería evitar arrojar a la vía pública cualquier tipo de desperdicio, orgánico o no, pero especialmente evitando estos que se descomponen y favorecen la aparición de animales que lo consideren alimento.