Xavier Bartumeus, el escultor del Santo Cristo que recibirá al papa León XIV en el Estadio Olímpico: "Espero que acerque a la fe"
Es una reproducción del Cristo crucificado de Francesc Fajula del altar de la Sagrada Familia
Todo sobre la visita del papa León XIV a Barcelona
BarcelonaHace unos dos meses, el pintor y escultor barcelonés Xavier Bartumeus recibió un encargo muy especial, tanto que cree que va a dar un vuelco a su vida: "Significa un punto de inflexión y confirma que religión, creencias personales y arte contemporáneo no están reñidos. Y esta obra sería un ejemplo", confiesa. Es el autor del Santo Cristo del escenario del Estadio Olímpico de la vigilia de oración con el papa León XIV.
Un reto que aceptó "sin pensar en los problemas técnicos. Fue una ilusión y un guiño a Dios: 'Venga Xavi, es tu momento'. Me lo he tomado como un reto ilusionante". Y es el de reproducir el Cristo del baldaquino del altar mayor de la Sagrada Familia del escultor catalán Francesc Fajula. "He hecho una reproducción lo más fidedigna posible, con alguna reinterpretación, pero redimensionada porque así se une la figura de Cristo en el Estadio Olímpico y en la visita a la Sagrada Familia para que vea la misma figura".
Una escultura que va más allá de una pieza artística: "Estas figuras van a ser utilizadas para que la gente rece, se enfoque y trascienda mirando ese Cristo. Espero que guste como obra artística y a título religioso, que ayude a ver la fe más cercana. Mi propósito final es que acerque a la gente a la fe porque yo la tengo y me gustaría compartir esa sensación que me da tanta alegría y tanta paz", explica Bartumeus.
A punto de expirar
La escultura es un Cristo crucificado poco habitual, según cuenta el escultor, en su taller de Barcelona: "Es un Cristo que parece que está arrodillado porque se ha rendido y no aguanta más, se desploma por su propio peso y la sensación es que está arrodillado con unos brazos estirados, casi deformados, y con la característica de que mira hacia arriba. En la historia del arte, hay dos tipos de Cristo: el muerto que lleva la lanza y la sangre, el vivo que está en la cruz y este, que es bastante difícil de ver, que está a punto de expirar, de dar el último aliento. Es ese segundo final donde pasa de lo humano a lo divino. Es el último momento, es diferente y es dramático".
La reproducción del Cristo de Bartumeus mide 1,50 metros y con la cruz llega a los 2,90 metros de altura. Un formato más grande que el original, pero respetando su herencia, señala: "Primero con Carles Mani, colaborador de Gaudí, para el crucifijo del oratorio de la Casa Batlló, que es la obra que inspiró a Francesc Fajula para el Cristo del baldaquino. No es una obra mía. He hecho el encargo de reproducirla, redimensionarla y modificarla por una cuestión técnica".
Malla 3D
Bartumeus y su equipo han trabajado contrarreloj porque "no había tiempo para esculpirla ni hacerla con escayola". Así, a base de dibujos y fotografías desde diferentes perspectivas de la escultura que preside el altar de la Sagrada Familia, Miguel Balaguer, socio del escultor, la ha reproducido en una malla 3D. "Se imprime por zonas, se van corrigiendo y se ensamblan como si fuera un puzzle", explica el escultor.
Un trabajo cuidado al milímetro para encajar también las piezas de resina, "que hay que modelar con masilla para hacerle las facciones de la cara para que se vea muy expresiva, los dedos, las manos y los pies. Luego, se ha pintado para dar sensación pétrea, como de piedra". Se ha cuidado al detalle buscando la máxima expresividad de un Cristo, a punto de expirar. "La cara se repitió cuatro veces hasta que dimos con la expresión que queríamos con la boca y los ojos entreabiertos, mirando hacia arriba y con las cejas arqueadas", detalla.
Homenaje cargado de simbolismo
Para Bartumeus, es una obra cargada de simbolismo por sus conexiones. "Tiene mucho significado por la absoluta admiración a Gaudí, un cierto paralelismo con él por la conversión que tuvo con el trabajo, aparte de modernista y laico combinado con el sacro, el hecho de ser barcelonés. Para mí, tanto la Sagrada Familia como esta figura son iconos para los artistas de esta ciudad. Este vínculo con Barcelona y la catalanidad del estilo me llena de orgullo entre el modernismo, Gaudí, Fajula y ahora yo. Yo llamaría a esta pieza como un pequeño homenaje tanto a la Sagrada Familia, a Gaudí, al escultor y a Barcelona", reconoce.
Una escultura que intenta no pensar en las personas que van a verla porque "me sobrepasa" y que está convencido de que "se convertirá en mi señal, en mi buque insignia. No sé el después, pero no habrá el antes. Me hace redirigir el rumbo, aún no sé hacia dónde", admite. Por su parte, el futuro de su Santo Cristo, posiblemente, sea el altar de la iglesia de Sant Joan Baptista en la plaza de la Virreina de Barcelona.