La multa de hasta 3.000 euros por recoger conchas, arena o piedras de espacios protegidos: el recuerdo de vacaciones que puede acabar mal
La Ley de Costas protege nuestras playas de la extracción de cualquier elemento del dominio público marítimo-terrestre con grandes multan para quienes lo incumplan.
Las cosas que no se pueden hacer en la playa: multas de hasta 3.000 euros
El verano es la época de mayor presencia humana en un medio natural como son las playas y esto, ya de por sí, supone una afectación en el medio ambiente. España, como país con casi 8.000 kilómetros cuadrados de costa repartidas entre el litoral peninsular y el insular de Canarias y Baleares, según datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN), necesita de una normativa robusta que regule el uso y disfrute de nuestras playas para conseguir que disfrutemos de estos espacios con la menor afectación posible al entorno.
Las leyes que protegen las conchas de las playas
En España, la Ley de Costas 22/1988, que fue reforzada en 2017 para adaptarse a los nuevos tiempos y a la incidencia del cambio climático, es el marco común de protección de nuestro litoral. Bajo este paraguas normativo, cada comunidad autónoma y municipio decide establecer su propia ordenanza de costas con la que proteger y regular el uso de nuestras playas.
La Ley de Costas garantiza “el uso público del mar, de su ribera y del resto del dominio público marítimo-terrestre”. Sin embargo, más allá de dar libre acceso a estos espacios públicos, también es misión de la ley “regular la utilización racional de estos bienes en términos acordes con su naturaleza, sus fines y con el respeto al paisaje, al medio ambiente y al patrimonio histórico”. Es por esta última meta por la que se persiguen y castigan comportamientos como el que hoy estamos tratando o se prohíben acciones como la acampada en playas.
Por tanto, comportamientos como el de llevarse conchas de la playa como si se tratara de un souvenir al alcance de los bañistas, está expresamente prohibido por esta norma y suele tener una traducción casi literal en las adaptaciones autonómicas o locales. Concretamente, según la Ley de Costas y el Reglamento que la desarrolla, el Reglamento General de Costas, se prohíbe la extracción de cualquier elemento del dominio público marítimo-terrestre. Por tanto, la norma no hace referencia en exclusiva a las conchas, sino que estaría prohibido llevarse algas, piedras o la propia arena, con multas muy elevadas para quien pillen in fraganti.
No resulta sorprendente la relación proporcional entre la disminución de conchas en las playas con la presencia del turismo. Cuantos más visitantes tiene una playa, más manos hay para llevarse conchas. Esto quedó demostrado científicamente hace unos años con un estudio publicado en PLOS ONE a cargo de los expertos Jordi Martinell y Rosa Domènech, del Departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la UB (IRBio), y Michał Kowalewski, de la Universidad de Florida.
Según los datos recogidos durante décadas en la Playa Larga de Salou (Tarragona), “el aumento del turismo en la costa mediterránea está relacionado con una disminución del 70% de conchas durante la temporada turística de julio y agosto, y del 60% el resto del año”. “Los seres humanos pueden desempeñar un papel importante en la alteración de los hábitats mediante actividades que parecen inofensivas, como andar por la playa recogiendo conchas marinas”, concluía Michał Kowalewski.
Para tratar de frenar estos comportamientos ilegales, se recogen sanciones que tratan de ser ejemplarizantes y hacer pensar dos veces si merece la pena lo caro que nos puede salir llevarnos una concha. Según los expertos legales de Legálitas, las infracciones por este motivo parten de los 3.000 euros de multa. Sin embargo, dependiendo del lugar en el que se haya cometido la infracción, “puede conllevar una multa de hasta 60.000 euros según el valor del daño”.
Un daño medioambiental mayor del que creemos
Puede que pensemos que la Ley es exagerada y que el acto de llevarse conchas de la arena de la playa no tiene mayor importancia y nos están privando ‘porque sí’ de tener un nuevo abalorio o adorno para la casa. Sin embargo, los expertos han dejado claro en sus investigaciones que el papel de las conchas en el entorno marino es mayor de lo que creemos.
La función biológica de las conchas es la de proteger de la desecación y de los depredadores a las partes blandas de los moluscos. Sin embargo, las conchas que hay en la playa ya no tienen ser vivo pegado, así que su función es otra en simbiosis con el medio ambiente. Están compuestas principalmente de proteínas y de carbonato de calcio (CaCO₃), por lo que su composición es clave en otras poblaciones de moluscos y la presencia de este compuesto erosionado puede ayudar posteriormente a otros seres vivos a generar una concha más robusta.
Además, el hecho de no retirar las conchas nos puede servir como indicador natural del estado de las playas y sus aguas. Los océanos absorben el 25 % de las emisiones de dióxido de carbono que emitimos y en este proceso, varía su pH y se vuelven más ácidos. Si esto sucede, el carbonato de calcio se disuelve en el agua ácida y desaparece, por lo que, en entornos con un agua demasiado ácida, habrá menos presencia natural de organismos marinos con concha, lo que sería una señal natural de alerta que, de retirarse artificialmente por la acción del hombre, nos puede dar una señal errónea. Por tanto, al evitar llevárnoslas, dejamos a las conchas como “bioindicadoras” que traducen su presencia en buena salud en el hábitat.