Factura de gas

Un fontanero revela el fallo doméstico que dispara el consumo de gas sin que nadie se dé cuenta “hasta un 15%”

Purgar los radiadores es muy necesario antes de conectar la calefacción. Telecinco.es
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Existe una avería que no da la cara. No dispara ningún código de error en la caldera, no interrumpe el suministro, no despierta al usuario con un pitido, no aparece marcada en negrita en la factura del gas. Y, sin embargo, según coinciden los principales instaladores profesionales y las empresas del sector energético, es una de las razones más frecuentes por las que los hogares españoles pagan cada invierno de más. La avería, aparentemente banal, se resume en una frase que los fontaneros repiten en las visitas de otoño con la insistencia del que sabe que el problema volverá al año siguiente: el circuito de calefacción funciona con aire dentro.

Una avería silenciosa que va a la factura

La escala del sobreconsumo asociada a este descuido es más grande de lo que podría pensarse. Este problema dispara el consumo energético y encarece la factura mensual hasta en un 15 %. Esta cifra es la diferencia entre una caldera que trabaja lo justo para llevar el agua caliente a cada rincón de la vivienda y una caldera que, al haber perdido eficiencia en la distribución, tiene que quemar más gas durante más tiempo para alcanzar la misma sensación térmica. Ese sobreesfuerzo pasa desapercibido durante semanas o meses porque el usuario, que no puede medir la eficiencia interna del circuito, solo percibe el resultado en el frío que sigue notando o en la lectura del contador.

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La razón fisicoquímica es más sencilla de lo que la avería parece exigir. Un sistema de calefacción convencional funciona bombeando agua caliente por un circuito cerrado que la caldera calienta y los radiadores enfrían al ceder calor al aire de las habitaciones. Ese circuito es hermético en teoría, pero durante los meses de veran, la propia diferencia térmica y la microporosidad de las juntaos hacen que pequeñas cantidades de aire se cuelen en el interior de las tuberías y se alojen en las zonas más altas del sistema, es decir, en la parte superior de los radiadores. 

Así, cuando la calefacción vuelve a encenderse, esas bolsas de aire actúan como tapones invisibles, bloqueando el paso del agua caliente, ocupan volumen útil e impiden que el radiador se caliente en toda su superficie. La consecuencia es una alteración global del reparto térmico. Algunos radiadores calientan solo por la mitad inferior, otros directamente no calientan, y el termostato ambiental sigue pidiendo calor a la caldera durante más tiempo del necesario.

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Los síntomas que delatan el problema

Los indicios de este fallo son, por suerte, reconocibles sin más herramienta que una mano y algunos minutos de atención. 

  • Al pasar la palma por la parte superior y luego por la inferior de un radiador en marcha, la parte de arriba se percibe fría o tibia mientras que la parte de abajo quema. La imagen delata sin ambigüedad la existencia de una cámara de aire en el interior. 
  • Los radiadores que llevan meses sin purgarse suelen emitir gorgoteos o chasquidos leves al iniciar cada ciclo, especialmente en los primeros minutos tras encender la calefacción. 
  • Cuando existen habitaciones que tardan mucho más que otras en alcanzar la temperatura, o directamente no la alcanzan, la causa profunda suele ser el aire acumulado y el consiguiente desequilibrio hidráulico.

La solución sin obras

La respuesta consiste en dos operaciones complementarias. Por una parte estaría, la purga de todos los radiadores, que se realiza con un destornillador plano o una llave de purga, colocando un recipiente debajo para recoger el chorro. Los técnicos recomiendan un orden preciso que la mayoría de los usuarios ignora, empezando por el radiador más cercano a la caldera y avanzando hacia los más alejados. Para viviendas de varias plantas, purgar de arriba abajo. El motivo es evitar caídas bruscas de presión y desequilibrios sobrevenidos. Al terminar el proceso, la presión de la caldera debe ajustarse a la horquilla habitual de 1 a 1,5 bares.

La segunda operación es el equilibrado. Consiste en regular las válvulas de cada radiador para que el agua caliente se distribuya de forma proporcional al tamaño y a la distancia respecto a la caldera. Un circuito desequilibrado obliga a la caldera a trabajar más de la cuenta, con el consiguiente sobreconsumo. Para los radiadores más cercanos a la caldera, que suelen calentar antes de lo necesario, se cierra ligeramente la válvula de paso; para los más lejanos, se abre al máximo. El objetivo es que todos los radiadores alcancen la temperatura objetivo aproximadamente en el mismo intervalo de tiempo.

Cuando el fallo no es un descuido

Si tras purgar y equilibrar los radiadores el reparto del calor sigue siendo irregular, el problema puede ser más complicado: bombas circuladoras al final de su vida útil, válvulas motorizadas que ya no cierran bien, intercambiadores parcialmente obstruidos por cal. En esos casos, la intervención necesaria excede el ámbito doméstico y exige la revisión de un profesional. Conviene aprovechar, además, la inspección obligatoria que el Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (RITE) impone cada dos años para las calderas domésticas de hasta 70 kW: es el momento óptimo para pedir al técnico una comprobación completa del circuito, no solo de la caldera.