KBG, la enfermedad rara menos diagnosticada: "La tienen más niños de lo que se cree"

Este viernes, 11 de junio se celebra el Día Internacional del Síndrome KBG
Una enfermedad rara que, se sepa, afecta a medio centenar de niños en España
No tiene cura, pero sí se puede tratar para mejorar la calidad de vida de quienes la padecen
MadridKBG, estas son las tres letras que marcan la vida de medio centenar de niños en España. Así se llama la enfermedad rara que padecen. Hace apenas diez años que se identificó el gen que la causa, por eso es aún un síndrome muy desconocido. "No solo por la gente corriente, también por médicos y pediatras", lamenta Josué Fernández, padre de Raquel, una niña de tres años que la sufre.
"¿KGB, nos suelen preguntar confundidos, como la agencia de espionaje ruso?". Hartos de que nadie sepa lo que tienen sus hijos los padres afectados han creado hace apenas dos meses la primera Asociación Española del síndrome KBG.
"Era muy necesaria", defiende Fernández, que la preside, "porque hasta ahora nos sentíamos muy solos cuando diagnosticaban la enfermedad a nuestros chavales", explica. "Es importante para dar a conocer el síndrome, para apoyar a las familias, para que puedan leer en español lo que les pasa a sus pequeños, porque toda la información que había estaba en inglés. También para saber qué síntomas están asociados a esta patología".
Los síntomas
El KBG es una enfermedad muy poco común causada por mutaciones en el gen ANKRD11, situado en el cromosoma 16. Las características físicas más típicas son dientes más grandes de lo normal, cara en forma triangular, orejas bajas, cejas anchas, labios finos, baja estatura, bajo peso y un retraso en el desarrollo generalizado, a la hora de hablar, de caminar...
Además conlleva problemas de conducta, hiperactividad, trastorno de atención, anomalías en el esqueleto, pérdidas de audición, epilepsia, defectos congénitos del corazón y discapacidad intelectual de leve a moderada.
"Pero no todos los niños tienen los mismos síntomas y a veces se confunden con los de otros síndromes y tarda mucho tiempo en diagnosticarse", asegura Fernández. Con su hija tardaron casi tres años, "que comparado con otros es muy poco".
"Cuando nació Raquel simplemente era una niña pequeñita, de talla y de peso. Nadie le dio mucha importancia, ni siquiera nosotros. Tenía un soplo en el corazón, y algo de reflujo gastroesofágico, pero no nos alarmaron", comenta Josúe Fernández. "Después llegó el retraso motor en el desarrollo y se empezaron a notar ligeramente los rasgos comunes a la enfermedad. Todo hacía sospechar que tenía un síndrome sin tener ni idea cuál era, porque a ella no la había visto ningún genetista".
