La estrategia encubierta de la UCO ya fue clave para resolver el asesinato de Manuela Chavero en Monesterio, en Badajoz
La UCO infiltró a dos agentes en Hornachos y contrató como tractorista a uno de los sospechosos del crimen de Francisca Cadenas
La resolución del caso de Francisca Cadenas en Hornachos ha vuelto a poner de manifiesto que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil no solo destaca por su capacidad tecnológica, sino por su paciencia psicológica.
La infiltración de dos agentes durante dos años, llegando a alquilar una finca y contratar a uno de los hermanos sospechosos como tractorista, no es un hecho aislado. En realidad, es la repetición de una estrategia muy efectiva, un 'modus operandi' que ya dio respuestas a Extremadura en otro caso envuelto en incógnitas como era el de Manuela Chavero.
Monesterio: cuando la Guardia Civil le 'ofreció' un amigo al asesino de Manuela Chavero
Manuela Chavero desapareció de su casa en Monesterio, en Badajoz, en 2016. Cuatro años después, las vías de investigación tradicionales se agotaban, pero la UCO mantenía el foco sobre Eugenio Delgado, un joven solitario que vivía a apenas tres puertas de la víctima.
Delgado no se relacionaba con casi nadie, no tenía amigos y blindaba su rutina. Ante ese muro, la Guardia Civil tomó la decisión audaz de 'ofrecerle' un amigo, según informan fuentes como 'HOY'.

Un agente encubierto se mudó a la zona y logró introducirse en el entorno del sospechoso. Su puerta de entrada fue la timidez y los pasatiempos de Delgado. Comenzaron compartiendo partidas de videojuegos y acabaron manteniendo una amistad real a ojos del sospechoso. De hecho, se produjeron encuentros entre ambos en distintas localidades, principalmente de Badajoz, según indiaron los informes judiciales tras el levantamiento del secreto de sumario.
El plan de la UCO que acabó con el asesino de Manuela Chavero detenido en 2020
El objetivo del agente infiltrado no era solo ganarse su confianza, sino facilitar la instalación de micrófonos y balizas técnicas autorizadas por el juez. En el verano de 2020, la UCO decidió activar la trampa. Los investigadores realizaron un registro muy mediático en la vivienda de la propia Manuela Chavero. Un movimiento que no tenía como objetivo real el hallazgo de pruebas, sino hacer saltar los nervios de Eugenio.
El plan funcionó a la perfección. Abrumado por la presión policial, Delgado buscó refugio en la única persona con la que se desahogaba: su supuesto amigo de los videojuegos. Desesperado, el asesino terminó confesándole el crimen al guardia civil: "He matado a Manuela Chavero y tengo el cuerpo escondido en una finca", le espetó.

Delgado llegó a detallarle que el cuerpo estaba bajo una capa de hormigón para evitar que los animales lo desenterraran y le reconoció con frialdad lo que consideraba un error: "El fallo más grande que cometí en mi vida es que el cuerpo esté allí, lo idóneo hubiera sido quemarlo". Horas después, y ya sin escapatoria, Delgado fue detenido y guio a los agentes hasta los restos de Manuela. Hoy cumple prisión permanente revisable.
De Monesterio a Hornachos: mismo guion, distintos escenarios
Seis años después del esclarecimiento del caso de Manuela Chavero, el eco de su resolución ha resonado con fuerza en Hornachos, municipio que también se ubica en Badajoz. Los paralelismos entre ambos crímenes extremeños son absolutos: vecinos de las víctimas implicados, años de silencio, familias desesperadas y, como se ha podido saber ahora, la misma firma de la UCO para romper el enigma.
Si en Monesterio la llave fue un falso compañero de videojuegos para un sospechoso solitario, en Hornachos la UCO se adaptó al terreno y a la idiosincrasia local. Sabiendo que los hermanos 'Lolo' y 'Juli' G. S. se ganaban la vida en el campo, la Guardia Civil montó una estructura a su medida. Alquilaron una finca cercana, un agente se hizo pasar por el capataz y otro simuló ser un aprendiz de tractorista.

Aprovechando la conocida destreza de 'Lolo' con la maquinaria agrícola, los agentes lo contrataron. Esa cercanía laboral sirvió de pantalla para vigilar sus movimientos y conseguir la información necesaria para colar los micrófonos en sus coches y su casa. Fueron precisamente esos audios grabados en la intimidad los que permitieron al juez autorizar el registro final en el patio donde Francisca Cadenas llevaba enterrada casi nueve años. Una vez más, la paciencia y la capacidad de camuflaje de la UCO han demostrado ser el arma más letal de la Guardia Civil contra la impunidad.

