Crimen

El crimen del Coliseum de Getafe: un disparo en la cabeza dentro de un coche, dos acusados que dicen no conocerse y un móvil sin resolver

Exterior del estadio Coliseum de Getafe: el crimen de Adil ocurrió en las inmediaciones del recinto deportivo madrileño. Europa Press
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La Audiencia Provincial de Madrid acoge desde el pasado 16 de junio el juicio por la muerte de Adil, un hombre de 42 años que recibió un disparo en la cabeza el 23 de noviembre de 2021 cuando se encontraba en el interior de un vehículo estacionado junto al estadio Coliseum Alfonso Pérez de Getafe.

Durante los últimos días se han celebrado diversas sesiones en las que han declarado tanto testigos como agentes que atendieron el caso de la víctima, indican fuentes como 'Europa Press'. En el banquillo de los acusados se sientan dos hombres -uno de ellos identificado como Tony-, para quienes Fiscalía pide 22 años de prisión. Ambos han negado esta jornada su participación en el crimen. Uno de ellos afirma además que no conoce de nada al otro procesado.

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No obstante, la Policía Científica y el Grupo de Homicidios afirma que se han hallado muestras de ADN de ambos en el vehículo donde se encontraba la víctima, en otros elementos como unos guantes y en un hotel cercano al lugar del crimen donde pudieron estar alojados antes de cometer los hechos. La defensa ha hablado sobre una posible contaminación en las muestras, pero esta hipótesis ha sido rechazada de forma contundente por los especialistas.

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La incógnita del móvil del crimen

Las primeras sesiones del juicio estuvieron centradas en la reconstrucción de los hechos ocurridos el 23 de noviembre de 2021, cuando un vecino encontró a Adil gravemente herido en el interior de un vehículo estacionado junto al Coliseum Alfonso Pérez. Tras ser trasladado al Hospital 12 de Octubre, falleció dos días después como consecuencia del disparo recibido en la cabeza.

Los investigadores explicaron que, desde el inicio, la principal hipótesis fue que el disparo se efectuó desde el interior del coche, lo que llevó al Grupo de Homicidios a orientar las pesquisas hacia un posible ajuste de cuentas. Sin embargo, pese a los años de investigación, el móvil del crimen continúa sin haberse determinado con certeza.

El procedimiento arrancó con la constitución del jurado popular y los alegatos iniciales de las partes, dando paso a varias jornadas de declaraciones de testigos, sanitarios, policías y peritos para esclarecer la responsabilidad de los dos acusados.

Las huellas en el coche, en unos guantes negros y en un hotel

Una de las pruebas más relevantes expuestas durante la vista corresponde a los análisis realizados por la Policía Científica sobre los vestigios recogidos en el escenario del crimen y en un hotel próximo al lugar de los hechos. Los peritos explicaron el 19 de junio que en el vehículo se localizaron cinco huellas dactilares atribuidas a uno de los acusados, mientras que en unos guantes negros encontrados a escasos metros del coche se identificó el ADN del otro procesado.

Además, en esos mismos guantes se detectaron restos de pólvora, un hallazgo que la Fiscalía considera especialmente incriminatorio al situar a uno de los acusados en un elemento directamente relacionado con el homicidio.

Las acusaciones sostienen que el conjunto de los indicios biológicos y dactilares vincula a ambos procesados con la escena del crimen. Las defensas, por el contrario, rechazan la interpretación de estas pruebas y sostienen que existen explicaciones alternativas para la presencia de esas muestras. Además, también cuestionaron la posibilidad de una contaminación durante la recogida de los vestigios.

Testigos y policías del caso

Durante el juicio también ha declarado una enfermera del SUMMA 112 que atendió a la víctima pocos minutos después de ser localizada. La sanitaria relató que Adil aún se encontraba consciente y pedía ayuda, aunque presentaba una abundante hemorragia en la cabeza. Según explicó al jurado, fue ella quien le ayudó a salir del vehículo mientras intentaba tranquilizarle antes de su traslado al hospital.

Otra de las declaraciones más relevantes fue la de un excompañero de piso de uno de los acusados, quien aseguró haber visto a Tony portar una pistola de pequeño tamaño escondida en el tobillo el mismo día del crimen. El testigo también afirmó en la sesión del 23 de junio que el procesado mantenía supuestos vínculos con el tráfico de drogas y que aquel día le dejó esperando durante varias horas en un aparcamiento de Getafe después de reunirse con varias personas, entre ellas, según su versión, la propia víctima.

Mientras, los agentes del Grupo V de Homicidios y de la Policía Científica defendieron la actuación policial durante la inspección ocular. En la sesión del 24 de junio explicaron que todos los efectos intervenidos -entre ellos mascarillas, guantes y diversos objetos recogidos en un hotel relacionado con la investigación- fueron embalados y analizados siguiendo estrictamente la cadena de custodia, rechazando cualquier posibilidad de contaminación de las muestras.

La versión de los procesados: "Me acusa de asesinar a un amigo"

Este 30 de junio, en la recta final del juicio, han declarado los dos procesados, quienes han negado cualquier implicación en el asesinato. Uno de ellos ha reconocido que los guantes negros donde apareció su ADN eran suyos, aunque ha asegurado que los había arrojado tras cometer un robo con fuerza ajeno a este crimen: "Venía de robar y tiré los guantes en una jardinera del aparcamiento". Asimismo, ha negado conocer al otro acusado y afirmado que nunca ha utilizado armas de fuego.

El segundo acusado, a quien señalan como autor material del disparo, ha admitido por primera vez que estuvo con Adil el mismo día de los hechos, aunque ha explicado que ocultó esa circunstancia durante la investigación por miedo a verse implicado, motivo que también le habria llevado a salir de Torrevieja, donde vivía. Según su versión, la víctima le había pedido desplazarse a Madrid para prestarle un servicio de seguridad porque estaba siendo amenazada por varias personas de origen marroquí en un conflicto que podría guardar relación con un supuesto "vuelco" de droga. "Tengo un problema", asegura que le dijo Adil, sin ofrecerle más explicaciones.

Las declaraciones de ambos contrastan con la tesis de la Fiscalía, que mantiene su petición de 22 años de prisión para cada uno al considerar que el conjunto de las pruebas periciales, biológicas y testificales acredita su participación en el crimen. Las defensas, sin embargo, insisten en que ninguno de los indicios practicados durante la vista demuestra de forma concluyente la autoría del disparo mortal. "Me acusa de asesinar a un amigo", ha subrayado un procesado.