Crimen

El crimen de Harold en el bar La Esquina Tropical de Valencia: Hugo pudo matarle para robarle 2.000 euros tras conocer a su madre por trabajo

Las autoridades investigan el interior del bar restaurante La Esquina Tropical de Valencia. EFE
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La familia de Harold Esteban Pulido, el joven de 20 años asesinado a golpes en la madrugada del 5 de agosto en el bar La Esquina Tropical de Valencia, sostiene que llevaba consigo 2.000 euros en efectivo cuando entró en el local de Hugo y consideran que puede ser una de las claves para esclarecer el crimen. Cuando la madre de la víctima recibió sus pertenencias, la cartera conservaba todas las tarjetas bancarias, pero no quedaba ni rastro del dinero.

Así lo recoge 'Levante-EMV', que asegura que la familia ha aportado además nuevas imágenes de Harold junto al propietario del establecimiento horas antes del homicidio. Liliana, la madre de Harold, estuvo con ambos en el restaurante hasta la madrugada y, según lo publicado este martes, llegó a grabarlos juntos en el interior del bar.

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Harold había viajado a España para visitar a su madre y tenía previsto regresar a Colombia el 14 de agosto. Su familia rechaza que fuera un ladrón, como sostuvo inicialmente el detenido, y plantea otra hipótesis. El joven pudo ser víctima de una encerrona para hacerse con el efectivo que llevaba encima. La Policía continúa investigando qué ocurrió durante las horas que transcurrieron hasta que Hugo llamó a los agentes.

El dinero que llevaba Harold desapareció

Harold había llegado a España el 24 de junio, en el que era su primer viaje al país desde que su madre se había trasladado a Valencia. El joven estudiaba Radiología e Imágenes Diagnósticas en Ibagué y su viaje había sido financiado por un tío suyo de Tolima que lo consideraba prácticamente como un hijo. Inicialmente debía regresar el 6 de julio, pero pidió prolongar su estancia y cambió el vuelo al 14 de agosto.

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Durante esas semanas, el joven llevaba 2.000 euros en efectivo, aunque, según su tío, apenas utilizó ese dinero porque disponía de cuatro tarjetas bancarias. Con ellas pagó sus gastos y realizó encargos para su familiar por más de 30.000 euros en prendas y complementos de firmas de lujo, además de un Rolex Daytona. Para él compró un iPhone 17 Pro Max.

La familia asegura que Harold conservaba los 2.000 euros cuando entró en La Esquina Tropical. Sin embargo, tras el crimen, no había rastro del dinero. Ni siquiera las monedas colombianas que tenía en su cartera. Su tío afirma que el joven acostumbraba a llevar siempre ese dinero encima porque no se fiaba de dejarlo en otro sitio.

El efectivo tampoco apareció durante el registro policial del establecimiento. Los agentes encontraron estupefacientes y otros vestigios relacionados con el homicidio, pero no localizaron los 2.000 euros. La familia del detenido recibió posteriormente autorización judicial para entrar en el bar y retirar objetos, aunque el dinero tampoco apareció. La investigación trata ahora de determinar si el efectivo estaba oculto en algún punto del local o si pudo llevárselo otra persona.

Una noche juntos antes del crimen

La familia de Harold también aporta nuevos detalles sobre la relación entre los protagonistas. Liliana y Hugo A. M. no eran pareja y, según explica el entorno del fallecido, se habían conocido apenas dos días antes del crimen. El propietario buscaba una nueva cocinera para su establecimiento y había quedado con ella el 4 de agosto para hablar del trabajo. La mujer acudió acompañada de su hijo y de sus hijas.

Después de comer, el dueño del bar abrió una botella de whisky y comenzaron a beber, según el relato que Liliana trasladó a la familia. La sobremesa se prolongó hasta la noche y, alrededor de la medianoche, la madre se marchó con las niñas para acostarlas. No obstante, Harold decidió quedarse en el establecimiento con el propietario. Horas antes del crimen, Liliana había grabado un vídeo en el que se ve a su hijo de pie y a Hugo sentado dentro del local.

La siguiente noticia que recibió la familia llegó pasadas las 09:00 horas de la mañana. Harold llevaba ya varias horas muerto cuando Hugo llamó primero a una de sus hijas para que avisara a la Policía porque, según su versión, había matado accidentalmente a un ladrón. Después telefoneó a Liliana para decirle que había matado a su hijo y finalmente llamó al 091 para comunicar lo ocurrido manteniendo inicialmente el relato del supuesto robo.

Con el avance de la investigación, esa explicación fue cambiando. Hugo habría contado posteriormente a su abogada que ambos habían consumido grandes cantidades de alcohol y drogas, entre ellas cocaína, y que él se había quedado dormido antes de despertarse al ser atacado por Harold. La familia cuestiona esa versión y destaca, al igual que hicieron algunos vecinos en este medio, que el detenido tiene 62 años, supera los 1,80 metros y duplica ampliamente el peso del joven, que medía alrededor de 1,65. Su tío sostiene: "Harold no era un ladrón. Ni lo era ni lo necesitaba, no necesitaba robar".

La hipótesis que maneja la familia es que el joven pudo haber sido emborrachado para facilitar el robo de los 2.000 euros. Creen que Harold pudo quedarse dormido y despertarse cuando Hugo trataba de cogerle la cartera, momento en el que se habría iniciado una pelea que terminó con los golpes mortales. Los investigadores tendrán que determinar si esa hipótesis tiene algún respaldo en las pruebas y qué ocurrió durante las más de tres horas que transcurrieron entre la muerte y las llamadas a la Policía. El acusado permanece en prisión provisional.