Los cuidados paliativos pediátricos, un apoyo esencial para familias como la de Diana: "No hay final feliz, pero al menos evitar el sufrimiento"

Los cuidados paliativos pediátricos, un apoyo esencial para familias como la de Diana. Informativos Telecinco
  • Diana tiene 21 años y necesita cuidados continuos: sufre una enfermedad rara denominada citrulinemia

  • Su historia pone rostro a la realidad de quienes necesitan cuidados paliativos pediátricos

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Diana tenía solo seis días de vida cuando le diagnosticaron citrulinemia, una enfermedad metabólica muy poco frecuente que ha condicionado su día a día desde entonces. Ahora tiene 21 años y necesita cuidados continuos, una atención que también alcanza a su familia y que les permite afrontar una rutina marcada por la medicación y las necesidades médicas.

Su historia pone rostro a la realidad de quienes necesitan cuidados paliativos pediátricos, una atención que no se limita a los últimos momentos de vida, sino que busca mejorar el bienestar de los pacientes y acompañar a quienes los cuidan.

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Un equipo de apoyo especializado

La jornada en casa empieza temprano. "A las siete y media te tienes que levantar para desconectarla, ponerle su medicación", explica uno de sus padres. Las tareas se suceden a lo largo del día y requieren estar pendientes de cualquier necesidad. Para la familia, contar con un equipo especializado ha supuesto un cambio fundamental. "A mí, desde luego, me ha salvado la vida", reconoce al hablar de estos cuidados, que ofrecen apoyo médico y acompañamiento sin que todo tenga que pasar por el hospital.

La atención incluye la posibilidad de contactar con los profesionales a cualquier hora para resolver dudas o consultar situaciones concretas. "Las 24 horas del día, los siete días de la semana, tú puedes llamarles, preguntarles, enviarles un vídeo", explica. Una disponibilidad que aporta seguridad a los cuidadores y facilita que Diana reciba una atención adaptada a sus necesidades. Su familia destaca, además, que los cuidados paliativos pediátricos pueden ofrecer un nivel de acompañamiento que no siempre encuentran en la atención destinada a adultos.

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Pero cuidar también tiene un coste emocional y social. La dedicación constante puede reducir el tiempo para uno mismo y dificultar el mantenimiento de las relaciones personales. "Poco a poco te vas aislando de ese tejido familiar y social que tenías antes", cuenta uno de sus progenitores. Por eso, los programas de respiro permiten que las familias dispongan de momentos para descansar y recuperar parte de su vida cotidiana. Al principio, incluso actividades tan sencillas como tomar un café por la tarde pueden resultar extrañas después de tanto tiempo centrados en los cuidados.

La familia de Diana sabe que estos recursos no eliminan la enfermedad ni cambian necesariamente su evolución. "No hay final feliz, pero al menos evitar el sufrimiento en todo lo posible", resume uno de sus padres. El objetivo es que Diana tenga la mejor calidad de vida posible y que sus cuidadores no tengan que afrontar solos una situación que exige atención permanente.

Sin embargo, el acceso a estos programas sigue siendo limitado. Solo el 15% de las familias que necesitan cuidados paliativos pediátricos puede acceder a un programa de este tipo.

El testimonio de los padres de Diana recuerda que los cuidados paliativos pediátricos no solo acompañan al paciente: también sostienen a quienes están a su lado cada día.