Nieves Pueyos logró vencer a la anorexia hablando de ella: "El primer paso para curarse es enfrentarse a la enfermedad"
'La niña que dejó de comer (querer)' es un libro de poemas sobre la experiencia de Nieves Pueyos, una joven de Granada a la que casi le cuesta la vida su trastorno
Cada vez más niños sufren TCA: "Un factor de riesgo es restringir algún alimento o empezar dieta"
Los trastornos de la conducta alimentaria acompañan de por vida a los que los sufren, pero eso no significa que no haya esperanza y que, una vez hayan entrado en tu vida, no puedan salir de ella. En España, se tiende a pensar que son trastornos de difícil curación, y aunque -sobre todo en personas adultas- requieren un gran apoyo y trabajo conjunto con los especialistas, también hay buenas tasas de recuperación. Es decir, que sí, que hay esperanza. Mucho más si hablamos de personas jóvenes y de que estos se detecten a tiempo, es decir, en los primeros seis meses desde que aparecen los síntomas. Lo han demostrado estudios como el que realizó la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario de Bellvitge o el programa pionero puesto en marcha en 2024 por el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.
Según sus resultados, un 54,3% de los pacientes con TCA tratados en la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Universitario de Bellvitge presentan una recuperación completa o sustancial de los síntomas. Considerando los subtipos diagnósticos, el trastorno por atracón y la anorexia nerviosa como los trastornos de la conducta alimentaria que registran un mayor porcentaje de remisión total después de un tratamiento especializado, con un 72% y un 65%, respectivamente. Por el contrario, la bulimia nerviosa (35 %%) y otros TCA atípicos (41.5%) presentan menos probabilidad de restablecimiento completo, aunque un porcentaje significativo de estos pacientes muestran una recuperación sustancial (40% y 33%, respectivamente). Mientras que el programa Minerva del Sant Joan de Déu, venía a confirmar que había varios factores que hacen que la enfermedad pueda curarse: cogerlos a tiempo, un apoyo familiar y el trabajo conjunto de los especialistas, un buen seguimiento de los profesionales y evitar la cronificación del TCA. En España, unas 400.000 personas, sobre todo jóvenes y adolescentes, sufren actualmente algún tipo de TCA, siendo un 20% casos graves. La edad media de aparición es a los 14 años.
La historia de Nieves, un hilo de esperanza para muchas jóvenes con TCA
El caso de Nieves Pueyos Iglesias, una joven granadina, responde a lo que hablamos al principio de este artículo. Su caso invita a la esperanza para muchas jóvenes y también para muchas familias. Ella se ha hecho conocida a raíz de publicar un poemario sobre su enfermedad. 'La niña que dejó de comer (querer)' (Talón de Aquiles, 2025) ha aparecido en varios medios de comunicación muy conocidos portando un mensaje claro: de la anorexia se puede salir.
"Empecé a escribir como parte de la terapia. A través de uno de mis terapeutas, Javi, conocí la poesía terapéutica. Al principio pensé que era una mierda, cuando tienes una enfermedad como esta todo lo que haces es sufrir, por eso, empecé a escribir por obligación. Pero luego se convirtió en una forma de desahogarme, sin ningún fin estético, ni publicarlo, simplemente echaba todo lo que se me pasaba por la cabeza. Cuando me dieron el alta, lo dejé de lado, pero vi que lo echaba de menos. Y cuando ya hacía un año de mi alta, le enseñé mis poemas a un amigo que me animó a publicar un libro. Lo envié a una editorial y aceptaron la idea", explica a la web de Informativos Telecinco, Nieves.
¿Por qué Nieves acabó escribiendo un libro sobre su enfermedad? En el verano en el que tenía 14 años, empezó a vivir los síntomas de una ansiedad depresiva y un TCA, manifestado como anorexia nerviosa restrictiva, llevándola a ingresar en una unidad de día. Fue una enfermedad que se coló en su vida (y en la de sus padres y hermanos) de una forma rápida y fulminante porque en pocos meses tuvo que ser ingresada. Su vida pendía de un hilo. "Es verdad que hay mucha gente que se puede tirar con esta enfermedad años, manteniendo un peso y unos síntomas regulares en el tiempo, pero en mi caso no fue así. Yo fui muy precipitada. Entré muy rápido a la enfermedad. Por lo tanto, mi entorno se dio cuenta antes porque los cambios físicos fueron más notables". Cuando habla, ahora con 19 años y estudiando su carrera de Psicología, lo hace desde el pasado, con firmeza y mucha seguridad, pero lo cierto es que tras ese primer ingreso empieza un largo camino para recuperarse.
Las razones que la llevaron a esa situación se pueden explicar -no por una desestructuración familiar, que es habitual en muchos casos de TCA-, sino por motivos escolares y personales. "Soy una persona muy perfeccionista, supongo que esa exigencia y esa perfección me hizo hacer los síntomas con mucha más recurrencia. Mi vida en aquel momento era tan horrible, y encontraba una satisfacción en los síntomas que no encontraba en otra parte. la satisfacción que me daban los síntomas no la encontraba en ningún lado. Tenía un ámbito social muy deteriorado", afirma. Las enfermedades como la suya son multifactoriales, pero tuvo mucho peso que en el instituto no se encontrara bien. "Tenía gustos y aficiones diferentes al de mis amigas, y por eso se me "castigaba". A mí se me decía que yo no le podía gustar a nadie por mi físico. Entonces, yo dije, como mi persona no la puedo cambiar, tengo que cambiar mi físico para poder agradar a la gente".
El primer plato que nunca olvidará: unos cereales
Cuando la enfermedad de Nieves se agravó, dejó de asistir al instituto y su vida empezó a ir de mal en peor, con desnutrición, mucho ruido mental, cansancio, depresión, insomnio... El tratamiento con sus terapeutas fue crucial para conseguir salir de esa oscuridad. "Aunque la gente no lo crea, para mí ahora comerme una hamburguesa o ir a comer sushi a un bufet -que para una persona con un TCA es algo terrorífico- implica mucha satisfacción. A día de hoy no me siento culpable por la comida, lo llevo con la mayor normalidad posible; como porque me gusta, sin tener pensamientos de culpabilidad". Pero asegura que nunca se lo puso fácil a sus terapeutas, porque les engañaba y no quería comer. Por eso nunca olvidará el primer plato que se comió: el primer paso hacia su curación fue un plato de cereales para desayunar. "Era horrible intentar comer, pero un día empiezas a hacerlo y poco a poco, lo superas".
Ya hace un año que dejó de estar ingresada y que recibió el alta médica. Tiene la supervisión de un psicólogo y una nutricionista cada cierto tiempo, porque, en los casos de TCA hay que evitar las recaídas. Como explica, es muy joven y le quedan muchas cosas por vivir que la pueden desestabilizar emocionalmente, por eso siempre debe estar más alerta, más preparada. Para ello se ha aferrado a los estudios, su gran satisfacción y motor, a su familia -a la que agradece infinitamente su apoyo- y a sus nuevas amistades, mucho más sanas y libres que las anteriores.
"El primer paso para curarse es enfrentarse a la enfermedad, confiar en los terapeutas, no pesarte, hacer lo que ellos te pauten, evitar espejos, evitar comprobaciones. Cuando ves que no pasa absolutamente nada y empiezas a ver que lo que te dice la enfermedad es un solo mentira, entonces es cuando se te empieza a quitar el miedo".