Las secuelas de perder a un ser querido abruptamente: "Desarrollé agorafobia. Estuve dos meses sin poder salir de casa, pero se sale del pozo"
En apenas tres días perdió a su padre Pepe, lo que le sumió en una profunda ansiedad y depresión: ahora ha publicado un libro para poder ayudar a otras personas a ver la luz
Silvia Vidal, psicóloga: "Las personas con depresión funcional aparentemente están bien, pero por dentro no pueden más"
Carolina Torrejón Barragán (de aquí en adelante Carol) perdió a su padre de forma repentina durante la pandemia. Era enero de 2021, ya llevábamos un año conviviendo con el covid-19, cuando su padre, Pepe, "un hombre con mucha vitalidad, alegre, con un gran sentido del humor y sano", perdió la vida en apenas unos tres días a los 79 años.
Carol acabó sumergida en la ansiedad y estuvo dos meses sin poder salir de casa. La ayuda del psicólogo y la escritura le ayudaron a ver la luz, a pesar de que creía que eso nunca llegaría.
Ahora su vivencia se ha transformado en el libro 'El abrazo que rompió la pandemia' para honrar a Pepe y ser un refugio para "todos los que sufren el miedo y el dolor de las 'enfermedades del alma'".
Los últimos días de Pepe
Carol y Pepe eran uña y carne, siempre estaban juntos. Vivían cerca y ella se encargaba de que no le faltara de nada. Acababan de pasar las navidades con un grupo reducido de familiares para evitar lo que acabó pasando: se contagió del covid-19.
Murió solo en el hospital y Carol nunca pudo darle su último abrazo. La última vez que lo vio, él le apuntaba con el pulgar hacia arriba; quería trasmitirle que todo estaba bien y que no se preocupara. "Él no tenía ningún síntoma, ni siquiera quería usar la silla de ruedas cuando llegamos al hospital", recuerda Carol durante una entrevista con la web de Informativos Telecinco. Fue la última vez que se vieron.
Como no se podían realizar visitas las llamadas eran la manera de saber qué tal estaba. Carol telefoneaba su número varias veces al día y Pepe le contaba "súper animado" qué había comido, como el día que le pusieron paella, "que le encantaba". También le decía a su hija que no le habían puesto vía, solo "su medicación para el estómago".
La última noche que Carol habló con él, Pepe "estaba muy contento porque había visto una película con su compañero de habitación" y se despidió con un "mañana te llamo, hija, no te preocupes".
La próxima vez que sonó el teléfono de Carol eran las ocho de la mañana del día siguiente, lo que le extrañó mucho por la hora que era. Su padre "estaba fuera de sí, desesperado" y "comenzó a delirar, tenía un ataque de pánico". Ella en casa, sin poder ir a tranquilizarlo y sin saber qué le ocurría, llamó rápidamente al hospital.
"No podemos darle información y tampoco puedes acudir aquí", es la respuesta que recibió Carol. Mientras Pepe le seguía llamando, ella también lo hacía al hospital. "Al final consiguieron pasarme con la planta y me dijeron que se había puesto nervioso, pero que ya estaba más relajado, que no me preocupara".
"Sentía tal nivel de ansiedad que no podía andar. Ir al baño era un reto. Necesitaba muleta. Pasé dos meses sin poder salir de casa. Tampoco podía siquiera ver la tele, menos todavía si salía alguien en la calle"
"Volví otra vez a llamarle y ya me daba apagado o fuera de cobertura. No conseguí hablar nunca más con él". Al mediodía la contactó el médico y le dijo que "estaba muy mal, que se moría". Carol no entendía nada, hasta ese momento nadie le había dicho que su padre estuviera grave, y mucho menos que estuviera entre la vida y la muerte. Sin embargo, a las pocas horas, Pepe falleció.
Cuando la mente colapsa
Carol que se había considerado siempre "muy fuerte y luchadora", que había superado la muerte de su madre por cáncer y siempre había sido el pilar de su familia, colapsó.
"Yo que no creía en las enfermedades mentales... no te imaginas lo que es hasta que no te pasa. Sentía tal nivel de ansiedad que no podía andar, necesitaba muletas para poder moverme por casa. Ir al baño era un reto. Pasé dos meses sin poder salir de casa porque desarrollé agorafobia. Tampoco podía siquiera ver la tele, menos todavía si salía alguien en la calle", cuenta. "Tengo dos hijos y me sentía fatal por no poder atenderlos. Por aquella época el pequeño iba al colegio y era una amiga la que lo llevaba. También me tenían que traer la comida a casa".
El médico le recetó ansiolíticos y nada más, "porque estaban desbordados". "Había muchas más personas en mi situación, que habían perdido a sus seres queridos de un día para otro y se los habían entregado en una cajita".
Carol no solo no creía —hasta ese momento — en los problemas de salud mental, sino que tampoco creía en la psicología. Su hermana le recomendó a un profesional, pero "desconfiaba de que eso me fuera a ayudar". "Pensaba que terminaría ingresada en un psiquiátrico porque no era capaz de hablar ni de mantenerme en pie. Veía que este era mi final".
"Fue un proceso lento. Primero empecé a andar por casa sin muletas. El primer día que salí a la calle tenía mucho miedo, pero poco a poco lo conseguí y pude volver a ir a recoger a mi hijo al colegio"
Pero finalmente lo llamó y agendó una cita. Las consultas eran por videollamadas y tras un tiempo acudiendo —durante los primeros cinco meses se conectaba cada dos días — comenzó a recuperarse. "Recuerdo una frase de Alberto, mi psicólogo, que me cambió la vida: 'Permítete estar mal'".
"Cuando veía que iba mejorando, era una sensación increíble. Fue un proceso lento. Primero empecé a andar por casa. Ir al baño sin muletas. El primer día que salí a la calle tenía mucho miedo, pero poco a poco lo conseguí y pude volver a ir a recoger a mi hijo al colegio", rememora con orgullo. "Ahora mismo soy más fuerte incluso de lo que era antes".
El segundo reto fue conseguir dejar el tratamiento farmacológico. Durante el proceso de recuperación fue necesario que le subieran la dosis para conseguir el mismo efecto (lo que se conoce como tolerancia) y un abuso prolongado de su ingesta le generó dependencia. "Lo pasé mal porque tuve abstinencia, pero lo conseguí".
'El abrazo que rompió la pandemia'
Cuando Carol comenzó a ir al psicólogo, uno de los síntomas que reinaba en ella era el enfado por la manera en la que su padre había fallecido. "El día que fui a recoger sus cosas al hospital, me dieron a entender que habían tenido que decidir a quién dejaban morir y a quién salvaban porque no tenían medios para todos, y la edad era uno de los condicionantes. Y lo entiendo, pero para mí no era consuelo. Hasta ese momento era un hombre sano...fue muy duro".
Fue entonces cuando Carol comenzó a escribir por recomendación de su terapeuta, y aquello que parecía una forma de reconectar con sus sentimientos más profundos, se convirtió en el libro 'El abrazo que rompió la pandemia', que ella ha autopublicado. "En él me desnudo totalmente. Quien lo ha leído me ha dado las gracias porque le ha ayudado a saber que se puede salir del pozo. Cualquiera con ayuda puede conseguirlo", relata.
"Pide ayuda. No tengas miedo"
Escribirlo y honrar a Pepe también ha tenido un papel clave en su recuperación emocional. "Cuesta mucho hablar de las 'enfermedades del alma' a pesar de que muchas personas hemos pasado por ello. Pienso que sigue siendo un tema tabú. Cuando tienes una enfermedad que afecta a tu salud mental, lo que recibes son frases como 'está en tu cabeza' o 'tira para adelante que tú puedes con todo'. Yo antes también decía eso, era una ignorante".
Carol termina mandando un mensaje de esperanza para los que, como a ella le ocurrió, no ven luz al final del túnel. "Es necesario buscar un profesional que te aporte las herramientas que uno mismo no tiene. Busca ayuda como cuando lo haces por algún motivo físico. Y haz saber a tu entorno íntimo cómo te encuentras, que lo que te pasa no es simplemente tristeza o que estás agobiada. Se puede salir", concluye.