Samuel Santamaría, exmilitar e instructor en supervivencia: "En escenarios de emergencia o situaciones reales, tomar decisiones acertadas es vital"

¿Cómo nos podemos preparar para situaciones de emergencia sin perder la calma? El exmilitar e instructor en supervivencia, Samuel Santamaría nos enseña a hacerlo
El 55,4 % de los españoles respalda el kit de supervivencia de la UE y la mayoría dice tenerlo total o parcialmente
Cuando en marzo la Unión Europea, tras el episodio del apagón y las guerras en Europa, manifestó que todos en casa debíamos hacernos con un kit de supervivencia, muchos entramos en pánico. También ocurrió cuando el apagón nos dejó sin la posibilidad de comunicarnos con nuestros seres queridos o acceder a la información para saber qué estaba ocurriendo. La cabeza y la imaginación se pusieron en marcha y, a muchos, nos jugó una mala pasada creando un imaginario de situaciones catastróficas. En este contexto de incertidumbre que vivimos, toda la ayuda la recibimos con los brazos abiertos, aunque es verdad que la ansiedad y el miedo van de la mano.
¿Necesitamos seguridad y preparación para lo que viene? Samuel Santamaría, exmilitar de unidades de élite e instructor de supervivencia lo cree firmemente. De ahí que haya publicado para GeoPlaneta 'Manual de supervivencia urbana', una guía práctica para sobrevivir en entornos urbanos en emergencias y crisis. Santamaría ha participado en misiones internacionales como Libertad Duradera, tras los atentados del 11-S, y en la misión de Naciones Unidas MINUSTAH en Haití. Asimismo, formó parte del dispositivo de intervención durante los atentados del 11-M en Madrid y ha trabajado en la formación de civiles en contextos de riesgo y ha impartido cursos para Cruz Roja, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, profesionales de la seguridad privada y escoltas. Por lo tanto, nadie como él para mostrarnos cómo movernos -desde la calma- en situaciones de emergencia. Charlamos con él para aprender a prepararnos y preparar nuestro hogar en el caso de que ocurra algo que no podemos controlar.
Pregunta: Dices que el manual busca preparar a los ciudadanos. ¿A qué debemos estar preparados?
Respuesta: La sociedad en la que vivimos es muy cómoda y muy tecnológica. Todo parece muy sencillo, pero también es muy vulnerable. Dependemos completamente de la electricidad, de internet, del transporte, del teléfono móvil, de los supermercados… y basta una avería grande, un apagón, una emergencia meteorológica o una situación de tensión social para que muchas personas no sepan qué hacer durante las primeras horas. El objetivo del libro no es meter miedo, sino todo lo contrario: dar herramientas. Porque tenemos que entender que la preparación reduce la ansiedad. Cuando sabes cómo actuar, aunque sea en cosas básicas, reaccionas mucho mejor y tomas decisiones más racionales. Y en escenarios de emergencia, tomar decisiones acertadas es vital.
P: ¿Cómo podemos hacerlo sin caer en la histeria o en el miedo, como dices?
R: No hablo de prepararse para un escenario apocalíptico, sino para situaciones perfectamente reales: quedarse incomunicado, sufrir un accidente, un incendio, un corte de suministros, una evacuación o simplemente encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado. Y, además, hay que tener en cuenta algo muy importante: la supervivencia no es solo técnica. También es, en gran medida, mental. La capacidad de mantener la calma, observar, priorizar y adaptarse suele marcar más la diferencia que la fuerza física o el equipamiento caro que te hayas comprado.
Creo que se puede hablar de todo esto sin histeria si se hace desde la utilidad y el sentido común. Igual que llevamos un cinturón de seguridad en nuestro coche, tener unas nociones básicas de preparación debería verse como algo normal, no como paranoia.
P: Tienes un currículum de vida y profesional de élite, conoces bien lo peor y lo mejor del ser humano. ¿Por qué decides embarcarte en este libro? ¿Qué querías contar?
R: He vivido situaciones muy exigentes, tanto a nivel profesional como personal, y eso te cambia la forma de ver la vida. Cuando trabajas cerca del riesgo, de la incertidumbre o de situaciones límite, entiendes que la diferencia muchas veces no está en ser el más fuerte o el más valiente, sino en estar preparado y saber mantener la calma en ese tipo de situaciones.
Reflexioné y me di cuenta de lo que te comentaba antes, que vivimos en una sociedad extremadamente cómoda y eficiente, pero también muy dependiente y vulnerable. Hemos crecido dando por hecho que todo funcionará siempre: la electricidad, internet, el transporte, el acceso al dinero, la seguridad, el suministro de alimentos… hasta que un día algo falla y mucha gente descubre que no sabe cómo reaccionar. Con este manual quería hacer algo muy concreto: acercar la preparación a la gente normal. No quería escribir un libro pensado solo para especialistas, ni un manual militarizado, ni algo basado en el miedo o la paranoia. Quería crear una herramienta útil, práctica y accesible para cualquier persona, incluso aunque no tenga experiencia previa.
Y también quería desmontar ciertos mitos sobre la supervivencia. La supervivencia real no consiste en convertirse en un “Rambo” ni en acumular material caro. Tiene mucho más que ver con la mentalidad, con la capacidad de adaptación, con el autocontrol y el sentido común.
P: ¿Qué has aprendido en todos estos años en tu carrera como militar?
R: Después de años lidiando con situaciones complicadas, he entendido que dos personas pueden enfrentarse exactamente al mismo problema y reaccionar de forma totalmente diferente. He visto personas bloquearse por completo ante situaciones relativamente sencillas, y también he visto gestos increíbles de solidaridad, liderazgo y sangre fría en momentos muy difíciles. Muchas veces, la diferencia no radica tanto en la situación en sí, sino en la mentalidad, en la preparación y en la capacidad que tiene cada persona para gestionar el miedo, pensar con claridad y adaptarse bajo presión.
Por eso el libro no habla solo de técnicas o equipamiento. Habla también de esa mentalidad. De recuperar cierta autonomía personal. De aprender a pensar con calma bajo presión. Y de entender que prepararse no es meterse en una burbuja y aislarse del mundo, sino estar en mejores condiciones para ayudarte a ti mismo y también ayudar a los demás.
"Estamos acostumbrados a la inmediatez: todo rápido, todo cómodo, todo bajo control. Y cuando algo rompe esa normalidad aparece el miedo, la ansiedad, el bloqueo…"
P: ¿Qué es aquello en lo que sientes que los ciudadanos necesitan más experiencia?
R: Pues yo creo que lo primero que tenemos que entrenar es la mentalidad. La mentalidad lo es todo. Porque de nada sirve tener herramientas, equipo o conocimientos si cuando llega una situación complicada no sabes gestionarla emocionalmente. La mentalidad es la base de todo lo demás. Estamos acostumbrados a la inmediatez: todo rápido, todo cómodo, todo bajo control. Y cuando algo rompe esa normalidad aparece el miedo, la ansiedad, el bloqueo… y ahí es donde muchas personas toman malas decisiones o directamente se paralizan.
Igual que entrenamos el cuerpo, hay que entrenar la mente. Por eso incluyo simulacros, ejercicios y situaciones prácticas. Porque cuando una persona ya ha trabajado esa tensión antes, aunque sea en entrenamiento, cuando llega una emergencia real reacciona mucho mejor. No se bloquea tan fácilmente, controla mejor el estrés y puede tomar decisiones más acertadas.

P: Sobre la supervivencia activa, la Unión Europea ya nos advirtió del kit que debíamos tener en casa. ¿Cuál es el que tú recomendarías tener?
R: Más que hablar de un kit “apocalíptico”, yo prefiero hablar de preparación básica e inteligente. La mayoría de emergencias reales que puede vivir una familia no tienen que ver con escenarios extremos, sino con situaciones como apagones, inundaciones, incendios, temporales o interrupciones en los suministros.
Lo vimos durante la pandemia, donde mucha gente se dio cuenta de hasta qué punto dependemos del sistema para cosas muy básicas. Y también con Filomena en Madrid, donde el temporal colapsó carreteras, dificultó seriamente durante días el abastecimiento y dejó a muchísimas personas prácticamente aisladas en sus casas. Incluso vimos supermercados con estanterías totalmente vacías y problemas logísticos muy graves para hacer llegar productos esenciales. Más recientemente, la DANA nos ha vuelto a demostrar que una emergencia puede cambiar completamente la normalidad de una zona en cuestión de horas. La preparación no debería verse como algo alarmista, sino como sentido común.
Ese kit básico debe incluir agua potable, alimentos no perecederos, linternas, pilas, botiquín, medicación importante, radio, cargadores externos, copias de documentación importante y algo de dinero en efectivo. Pero hay algo importante: no existe un kit universal. Debe ser altamente personalizable.
No necesita lo mismo una persona que vive aislada en la montaña que alguien que vive en pleno centro de una ciudad. Tampoco es igual un kit preparado para invierno que para verano. La preparación tiene que adaptarse al entorno, al clima, a la familia y a las necesidades concretas de cada persona. Y aquí también entra en juego algo que considero fundamental: el plan familiar de emergencia hídrica.
P: ¿Qué es un ‘Plan familiar de emergencia hídrica’?
R: Mucha gente almacena agua, pero pocas familias han pensado realmente qué harían si el suministro se corta durante varios días. Ese plan consiste en calcular necesidades reales de agua, saber almacenarla, aprender a potabilizarla y gestionar su consumo de forma eficiente. Recordemos que sin comida podemos aguantar, pero el agua es vital, sin agua la situación se vuelve crítica muy rápido. Además, el kit al que hacía referencia la Unión Europea está principalmente orientado a una mochila de autosuficiencia de 72 horas, la conocida mochila de emergencia. Pero en el manual explico que no existe un único kit capaz de cubrir todas las situaciones.
La preparación real funciona como un sistema compuesto por diferentes elementos complementarios: kits domésticos, mochilas de evacuación, equipos para el vehículo, reservas hídricas o material específico según el tipo de emergencia y el entorno de cada persona. Y, precisamente, la suma de todos esos kits, junto con la interoperabilidad entre ellos, es lo que termina formando un sistema integral de preparación. Porque una mochila por sí sola no resuelve todas las necesidades.
P: ¿Cuáles son los alimentos que deberíamos contemplar también en este sentido?
R: En este sentido, lo ideal es pensar en alimentos que no dependan de refrigeración, que tengan larga duración y que aporten un alto valor energético. Hablo de conservas de todo tipo (legumbres, pescado, verduras), arroz, pasta, latas de carne, frutos secos, barritas energéticas, alimentos deshidratados, leche en polvo... También es importante incluir algo de chocolate, miel, azúcar y café o té, porque en una situación de estrés esos pequeños elementos también juegan un papel importante a nivel psicológico.
La idea no es tener un “búnker de comida”, sino una reserva razonable que permita a una familia mantener su autonomía durante varios días si hay un corte de suministros o una situación de emergencia.
P: ¿Cuánto nos puede llevar prepararnos para esto?
R: En cuanto al tiempo de preparación, no debería llevarnos mucho si se hace de forma ordenada. En pocas horas puedes tener un kit básico bien montado. Lo importante no es hacerlo todo de una vez, sino ir creándolo poco a poco, revisándolo y rotando los alimentos para que no caduquen. De hecho, lo que te recomendaría es integrarlo en la vida cotidiana: cuando haces la compra, vas incorporando algunos de estos productos hasta que, sin darte cuenta, ya tienes una reserva funcional y lista para usar si algún día te hace falta.
P: Hablas del miedo: en situaciones como las del apagón es muy fácil dejarse llevar por él. ¿Qué básicos podemos tener en cuenta? ¿Qué ayuda realmente?
R: Lo primero que tenemos que entender es que el miedo es una reacción completamente normal. Lo raro sería no sentir ese miedo. El problema no es sentirlo, sino cómo lo gestionas. En un apagón o en cualquier emergencia, lo básico es tener claro un pequeño protocolo mental: parar, observar y priorizar. Parar para no actuar en piloto automático, observar qué está pasando realmente a tu alrededor y priorizar necesidades reales frente a impulsos.
Siempre digo lo mismo: céntrate en lo que sí puedes controlar. Tener una fuente de luz a mano, saber dónde está tu kit básico, disponer de medios de comunicación alternativos como una radio o un walkie talkie, y haber hablado previamente con tu familia sobre qué hacer en ese tipo de situaciones. Esa preparación previa reduce muchísimo la ansiedad, porque elimina la improvisación. Y cuando eliminas la improvisación, el miedo pierde mucha fuerza, ya que tienes claro qué pasos dar y no te enfrentas a la situación desde cero.
Y, sobre todo, recordar algo importante: la mayoría de las decisiones malas en una emergencia no se toman por falta de recursos, sino por exceso de miedo. Por eso insisto en que hay que entrenar la mentalidad para ganar calma en este tipo de escenarios.
P: ¿Cómo hay que preparar un hogar para una emergencia? Hay muchas cosas que son totalmente inesperadas…
R: Lo primero es identificar los pilares fundamentales: luz, agua, comunicación, energía y también seguridad. A partir de ahí, asegurar soluciones sencillas para cada uno: iluminación accesible, reserva de agua, comunicación alternativa entre los miembros de la familia, sistemas alternativos de carga, y medios de información que no dependan exclusivamente de la red eléctrica o de internet. En el caso de la seguridad, tener el hogar preparado para situaciones de tensión o incertidumbre: que las puertas y accesos estén correctamente asegurados, que la vivienda esté bien organizada, que la familia sepa cómo actuar si hay que permanecer en casa durante horas o días, y que exista un plan claro de actuación.
Insisto en que es clave la organización interna: que cada miembro de la familia sepa dónde está el material básico y qué hacer en cada situación. En una emergencia, la improvisación es uno de los mayores factores de riesgo y estrés. Y al final, se trata de algo muy sencillo: no podemos evitar que ocurran situaciones inesperadas, pero sí podemos reducir su impacto si hemos pensado antes cómo vamos a responder a ellas.
P: Si vivimos en una ciudad y no podemos estar en nuestra casa (por lo que sea), ¿cómo podemos encontrar un refugio urbano? ¿A dónde recomiendas ir?
R: Recordemos que la improvisación en estos casos es lo que más problemas genera. Por eso es importante tenerlo pensado antes: saber cuáles son tus puntos seguros en función de cada situación. No puedo esperar a que “llegue el lobo”. Yo, por ejemplo, sé a dónde tengo que dirigirme si tengo que evacuar mi casa, y también tengo varias rutas de evacuación en función de cómo esté el escenario. Y si la emergencia me coge fuera y es inviable volver a mi domicilio, también sé previamente a qué lugares puedo acudir.
Pero por responderte directamente: si no tienes nada de eso preparado, lo más recomendable es acudir a lugares oficiales o estructuralmente preparados: centros habilitados por el propio ayuntamiento, instalaciones municipales, polideportivos o espacios públicos que en situaciones de emergencia se utilizan como puntos de acogida. Son espacios donde normalmente si hay coordinación y acceso a recursos básicos. Otra opción es acudir a la vivienda de familiares o personas de confianza si están en una zona más segura o si la situación lo permite.
Lo que no recomiendo es deambular sin rumbo o esperar a ver qué pasa, porque eso aumenta el riesgo y la sensación de descontrol. Al final, un refugio urbano no se improvisa en mitad de la emergencia, se decide antes, se acuerda en familia y se revisa de forma periódica.
"La radio sigue siendo una herramienta infravalorada. En muchas emergencias ha sido uno de los pocos medios que seguían funcionando"
P: ¿Cómo se prepara una evacuación de emergencia si necesitamos huir?
R: Una evacuación se tiene que preparar previamente. No el mismo día. Lo primero es tener pensadas varias rutas de salida. Mucha gente solo piensa en un camino para salir, pero una carretera puede estar cortada, haber tráfico intenso, humo o incluso zonas bloqueadas. Tener alternativas reduce exponencialmente el tiempo de reacción. También es importante definir “puntos seguros”. Saber adónde vamos a ir dependiendo del escenario: si puedes regresar a casa, si tienes que alejarte de la zona o si la emergencia te coge fuera. Cuanto más decidido tengas eso antes, menos improvisación habrá después.
Otro aspecto fundamental es la comunicación. Muchas familias nunca hablan de qué es lo que harían si no hubiese cobertura o si se separan durante una evacuación. Tener un plan evita la confusión. Y después está la parte práctica: todo lo que hablábamos antes sobre los diferentes kits de emergencia.
P: Acostumbrados a poder comunicarnos, ¿qué podemos hacer cuando no haya internet? ¿Qué es para ti importante en este sentido?
R: Para mí hay algo muy importante: volver a pensar en sistemas simples y previsiones básicas. Tener anotados teléfonos importantes en papel, acordar previamente puntos de encuentro con familiares o amigos y establecer pequeños protocolos: “si pasa algo y no hay cobertura, iremos a este sitio” o “intentaremos contactar a esta hora”.
También existen otros medios de comunicación que mucha gente ya casi ni contempla y que pueden ser útiles en determinados escenarios. Por ejemplo, los walkie-talkies, que aunque tienen un alcance limitado, pueden servir perfectamente para coordinarse a corta distancia durante una evacuación, en un entorno rural o entre miembros de una misma familia. Y después está la banda ciudadana o el mundo de los radioaficionados, que históricamente han demostrado ser muy útiles en situaciones de emergencia cuando otras comunicaciones fallan. De hecho, en muchos desastres reales las redes de radioaficionados han ayudado a mantener comunicaciones básicas mientras las infraestructuras convencionales estaban totalmente caídas.
También creo que la radio sigue siendo una herramienta infravalorada. En muchas emergencias ha sido uno de los pocos medios que seguían funcionando para recibir información fiable cuando internet había desaparecido.
