Animales

Jone, la joven de 32 años que lo dejó todo para irse a vivir al campo con 12 gatos y 3 perros: "Era mi sueño desde pequeña"

Jone se dedica a rescatar gatitos bebé para luego darlos en adopción. Cedida
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Desde que era pequeña, Jone soñaba con vivir fuera de la ciudad, rodeada de gatos y perros. Probablemente, su inmenso amor por los animales le venga de su abuela, aunque nadie en su familia ha dedicado tanto tiempo, esfuerzo y dinero para ayudarles como ella.

Armada de valor, dejó un piso y un trabajo estable como auxiliar de veterinaria para irse a vivir a una vieja casa de campo en Burgos, donde, actualmente, convive con 12 gatos y tres perros propios, más todos los que rescata de forma temporal.

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Como auxiliar de veterinaria, esta joven tiene los conocimientos suficientes para rescatar gatos bebés (de 0 a 2 meses), abandonados en su zona, alimentarles con biberón y proporcionarles una incubadora si así lo necesitan: "Yo me dedicó a los bebés y les cuido hasta que están preparados para que los dé en adopción. Les alimento con biberón cada dos horas, para mí son como mis hijos y, a veces, me cuesta mucho que se vayan de mi lado, por eso tengo 12 gatos míos", explica en una entrevista exclusiva con esta web.

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"Con los gatos rescatados me gasto uno 300 euros al mes"

Shira, Kiñu, Arima, Turbo, Nala, Begi, Muxu, Manchas, Susto, Melocotón, Gau y Fletxa son sus 12 felinos y compañeros de vida, así como Kali- Punkirri y Pogo, los tres perros a los que rescató cuando apenas tenían cinco días.

Cada uno de ellos llegó a su casa con una triste, injusta y dura historia de abandono animal detrás pero, afortunadamente, hoy tienen una vida idílica y feliz junto a ella en medio de la naturaleza. Cada cierto tiempo, llegan a su hogar nuevos gatitos que han sido avistados por los vecinos de Jone y a los que ella recoge para pagar, de su bolsillo, los cuidados que necesitan para salir adelante.

"También quiero dar cursos de formación sobre gatos"

"Todos necesitan alimento, sobre todo leche. Un bote de leche a la semana me cuesta unos 26 euros, más los gastos de luz, la incubadora y los cuidados médicos que puedan requerir, pues muchos vienen con parásitos, lombrices o los ojos malos. De media, para cuidar cuatro o cinco gatitos, sin que tengan ninguna urgencia médica, me gastaré unos 300 euros al mes", ha declarado. Y eso, con el sueldo que gana en un comedor de niños actualmente, es un gasto muy difícil de mantener.

Su objetivo final es montar, en el anexo de su casa, un hotel para gatos, que son su especialidad como profesional. "Quiero construir un hotel de madera donde quepan unos diez gatos para que los dueños que, por obras o por lo que sea, necesiten tenerlos fuera de su casa, los puedan traer aquí. También para que funcione como una especie de enfermería para los gatitos lactantes rescatados y para ofrecer espacio a las protectoras desbordadas y que dejen aquí a los gatos, por un módico precio, hasta que estos tengan un lugar a donde ir", ha añadido.

Para financiarse, Jone ha montado un crowfunding en el que cualquiera puede participar con una donación y también busca cuatro voluntarios que la ayuden con la lactancia de los cachorros, pues deben tomar biberón las 24 horas del día.

Jone está buscando a cuatro voluntarios

Igualmente, Jone quiere poder dar cursos online sobre la educación de los gatos, para solucionar dudas o circunstancias que sus tutores pudieran tener, Y, como testigo del maltrato animal, remover también la conciencia social, contando historias como la de Susto y Melocotón, dos de sus gatitos a los que de inicio, encontró una familia, pero que fueron devueltos tras haber sufrido maltrato por parte de sus nuevos dueños.

Para que esto no ocurra, ella hace una minuciosa selección entre las personas que quieren adoptar a un gato (y que deben rellenar un cuestionario) para estar lo más segura posible de que tendrán una buena vida.

En cuanto al aspecto personal - el poca que le queda después de cuidar a tantos gatos y perros - a Jone no le afecta el estigma social de vivir sola en una casa rodeada de gatos. Ella siempre supo cómo quería vivir, a pesar de que sus padres casi consiguen quitarle la idea de la cabeza al "trasladarse sus propios miedos" sobre no encontrar trabajo o "acabar helándose en la montaña". En este momento, no tiene pareja, pero sabe que, si llega a tenerla, tendrá que ser una persona que comparta este modo de sentir la vida con ella.