Kibara, una de las exploradoras de lugares abandonados más famosas: "He vivido situaciones que, a día de hoy, todavía no sé explicar"
Kibara es una de las exploradoras de lugares más famosa de Youtube. Ahora cuenta muchas de sus experiencias Urbex en el libro 'Cuando todos se van'
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¿A ti también te encanta explorar lugares abandonados? ¿Sientes curiosidad por conocer el pasado de muchos edificios en ruinas? Kibara lleva haciéndolo a nivel mundial desde hace muchos años. Esta Youtuber es conocida y seguida por más de 2,24 millones de personas. Sus videos en internados, mansiones o parques de atracciones abandonados cuentan con miles de visualizaciones. Esta joven española se ha hecho un hueco en el mundo 'urbex' que, para quienes no lo sepan, es la afición por visitar, documentar y fotografiar lugares construidos por el ser humano que han sido abandonados. Ahora, además, publica 'Cuando todos se van' (geoplaneta, 2026), un libro donde explica desde los búnkeres que marcaron su infancia hasta la zona de exclusión de Fukushima que visitó hace poco, pasando por antiguas instalaciones militares, pueblos evacuados, hoteles intactos y mansiones engullidas por la vegetación. Aunque el libro no va solo de edificios abandonados, sino también de las vidas que un día los habitaron, de los objetos que permanecen cuando sus propietarios desaparecen y de las historias que merecen ser rescatadas del olvido.
Por primera vez, Kibara comparte vivencias que decidió mantener fuera de sus vídeos durante años: experiencias inexplicables, intuiciones sorprendentes, coincidencias desconcertantes y encuentros humanos que terminaron cambiando su manera de entender la vida. Hablamos con ella para que nos cuenta algunas de las que más la han marcado.
Pregunta: ¿Estás de acuerdo en pensar que muchos lugares siguen teniendo alma después de que los abandonen? ¿Hay alguno de los que has visitado que te resuene especialmente con esta idea?
Respuesta: Totalmente. De hecho, creo que esa es una de las cosas que más me fascinan de los lugares abandonados. Para mí, entrar en uno de ellos es como entrar en una cápsula del tiempo. Son espacios donde la vida parece haberse detenido, pero donde todavía permanecen las huellas de quienes estuvieron allí... A veces encuentras una mesa puesta, fotografías familiares, ropa tendida o un calendario detenido en una fecha concreta. Y no puedes evitar preguntarte quién vivió allí, cómo era su día a día y qué ocurrió para que todo terminara de aquella manera.
Recuerdo especialmente algunas viviendas en las que he encontrado objetos tan personales y cotidianos que parecía que sus habitantes acababan de marcharse. Como una casa en la que todavía permanecía un vaso con agua, ya bastante turbia, para guardar la dentadura postiza, con sus antiguas pastillas de limpieza justo al lado. En esos momentos siento que, aunque las personas ya no estén, una parte de ellas sigue presente. Como si aquellos espacios conservaran algo de quienes un día les dieron vida.
Y creo que esa idea resume perfectamente lo que he querido transmitir con mi libro. De hecho, si tuviera que completar su título, lo haría con una frase que para mí lo dice todo: "Cuando todos se van… las historias permanecen".
P: ¿Cómo haces para preservar tu paz mental después de estar en lugares tan escabrosos y descubrir lo peor del ser humano?
R: No siempre es fácil. Hay exploraciones que terminan en el momento en que apago la cámara y me monto en el coche, pero hay otras que se quedan conmigo durante muchísimo tiempo. Y, aunque en ocasiones consiga dejarlas atrás, vuelven a removerme por dentro cuando llega el momento en el que comienzo a editar el reportaje, investigo a fondo lo que ocurrió en aquel lugar y reconstruyo las historias de quienes estuvieron allí. Es entonces cuando muchas veces descubro detalles que desconocía durante la exploración y que hacen que vea todo lo que grabé con otros ojos. He visitado lugares donde el abandono es simplemente consecuencia del paso del tiempo, pero también otros en los que descubres historias de sufrimiento, crueldad o injusticia. Y evidentemente eso me afecta.
Soy una persona muy sensible, y creo que precisamente esa sensibilidad es la que me permite contar determinadas historias desde la empatía y no desde el morbo. Intento no quedarme únicamente con la parte más oscura. Para mí también es importante comprender qué ocurrió y conseguir que esas historias no caigan en el olvido. Quizá mi manera de gestionar todo lo que veo sea precisamente esa: transformarlo en algo que merezca ser recordado.
P: Internados y orfanatos olvidados, ¿qué has encontrado en ellos? Da realmente mucho miedo y pena pensar que hubo vida allí…
R: Los lugares relacionados con la infancia me producen una sensación especialmente difícil de explicar. Quizás, tremendamente nostálgica. Porque hay algo profundamente triste en encontrarte habitaciones vacías donde antes dormían niños, sus juguetes, sus dibujos ya desgastados colgados en la pared...
Recuerdo un antiguo internado en Francia donde encontré un mural lleno de pequeñas huellas infantiles que habían quedado plasmadas allí hacía, por lo menos, 50 años. Me impresionó muchísimo pensar que aquellas manos pertenecían a niños que hoy podrían tener más de 60 años. Niños que crecieron, que siguieron con sus vidas y que, probablemente, ni siquiera imaginan que sus pequeñas huellas siguen allí, resistiendo al paso del tiempo. Aquello me hizo reflexionar sobre cómo algo tan sencillo puede convertirse en un recuerdo que perdure durante décadas. Y fue precisamente esa experiencia la que me inspiró a dejar también mi propia huella en una de las páginas de 'Cuando todos se van'. No voy a revelar cuál, porque me hace especial ilusión que sean los lectores quienes la descubran...
También el año pasado me acerqué a Kent School, en Alemania. Es un lugar con un pasado histórico especialmente duro, porque antes de convertirse en internado británico, el complejo estuvo vinculado al programa de eutanasia infantil del régimen nazi. Cuando conoces ese pasado, resulta imposible mirar el lugar de la misma manera. Siempre intento distinguir lo que está documentado de las historias o leyendas que rodean estos edificios. No necesito exagerar nada. Muchas veces, la realidad resulta muchísimo más estremecedora que cualquier historia de terror.
P: También en tu libro hablas de lugares donde los animales han vivido o viven abandonados. ¿Cómo consigues encontrar estos lugares y qué es lo que peor llevas cuando los descubres?
R: Es probablemente una de las partes más difíciles de mi trabajo, porque tengo una sensibilidad enorme hacia los animales y hay historias que, por mucho tiempo que pase, siguen doliéndome. Algunos lugares los descubro investigando su historia, consultando fotografías antiguas o siguiendo pistas, y otros aparecen de manera completamente inesperada durante una exploración.
Lo que peor llevo es imaginar la vida que tuvieron aquellos animales, especialmente cuando descubres que pasaron años encerrados en espacios diminutos o en condiciones que hoy nos parecen inconcebibles... A lo largo de los años he investigado antiguos zoológicos, acuarios y otras instalaciones relacionadas con animales. Pero, sin duda, uno de los casos que más me impactó fue el de un acuario en Japón que cerró sus puertas dejando animales en su interior, entre ellos pingüinos, numerosos peces y dos delfines. La historia de Honey, la última delfín que permaneció con vida, me rompió el corazón. Pasó aproximadamente dos años en aquellas instalaciones abandonadas, sobreviviendo en condiciones lamentables y dependiendo de la comida que, de manera esporádica, le llevaban antiguos trabajadores y voluntarios. Su historia tuvo un desenlace trágico que cuento tanto en mi libro como en el reportaje que publiqué en mi canal. Aquel vídeo se viralizó, y sinceramente, no me extraña. Lo ocurrido resulta tan surrealista que cuesta creer que algo así pudiera suceder. Pero lo que más me duele de esta historia es pensar que aquellos animales, jamás tuvieron la oportunidad de elegir vivir en cautividad... Una cosa es abandonar un edificio y otra muy distinta es abandonar las vidas que dependen de ti.
Me resulta especialmente duro pensar que muchos de ellos nunca tuvieron la oportunidad de conocer una vida diferente.
"Si tuviera que elegir un lugar abandonado para pasar la noche, probablemente sería un antiguo sanatorio"
P: ¿Has vivido alguna situación paranormal alguna vez?
R: He vivido situaciones que, a día de hoy, todavía no sé explicar. Y eso es algo que siempre intento dejar claro: que no sepa explicar lo que ocurrió no significa necesariamente que fuera paranormal. En mi canal suelo evitar hablar demasiado de estos temas porque soy consciente de que pueden generar cierto escepticismo. No quiero que la gente piense que intento llamar la atención, conseguir visualizaciones o exagerar determinadas situaciones. Para mí, la credibilidad es fundamental y no quiero que estas experiencias resten importancia al trabajo documental que llevo tantos años haciendo. Pero lo cierto es que vivir situaciones extrañas, las he vivido… ¡y unas cuantas!
Precisamente por eso he decidido dedicar un capítulo entero de mi libro a esos fenómenos y a algunas experiencias que, a día de hoy, todavía no he conseguido explicar. Y sin querer hacer demasiados spoilers, puedo contar que en varias exploraciones, especialmente en viviendas abandonadas, hemos registrado sonidos que parecen voces o incluso frases, y que interpretamos como posibles psicofonías. También he presenciado situaciones difíciles de explicar, como el movimiento de un florero en una casa abandonada, que de hecho quedó registrado en un vídeo publicado. Pero os aseguro que estos ejemplos son solo una pequeña muestra de lo que cuento en el libro. Hay experiencias que todavía hoy, cuando las recuerdo, me siguen poniendo los pelos de punta. Son experiencias que te dejan pensando, especialmente cuando te encuentras completamente sola o rodeada de silencio.
Pero curiosamente, las situaciones en las que más miedo he pasado no han tenido nada que ver con fantasmas. He llegado a encontrarme con una persona armada, he tenido que esconderme debajo de una cama y he vivido momentos realmente peligrosos por el estado de algunos edificios. Como dice mi abuelo, hay que tener más miedo de los vivos que de los muertos. ¡Y qué gran verdad!
P: ¿A qué lugares sin duda irías en la 'Noche de los muertos'?
R: Pues fíjate que hay algo que me encantaría vivir al menos una vez en la vida: ¡el Día de Muertos en México! Me fascina la manera en la que celebran y recuerdan a sus seres queridos que ya no están. Me gustaría visitar uno de esos grandes cementerios, llenos de flores, velas, música y familias que se reúnen para honrar a sus difuntos. Por una vez, dejaría a un lado los abandonos para vivir una experiencia tan especial y conocer de cerca esa forma tan bonita de mantener viva la memoria de quienes se fueron.
Pero si tuviera que elegir un lugar abandonado para pasar la noche, probablemente sería un antiguo sanatorio. Aunque, ahora que lo pienso, ¡ya tengo experiencia en algo parecido! Hace más de nueve años pasé una noche en una antigua leprosería y todavía la recuerdo como si fuera ayer. Para colmo, aquella noche se escuchaba la berrea de los ciervos de fondo. Imaginaos estar completamente a oscuras, en un edificio abandonado, rodeada de silencio y escuchando aquellos bramidos resonando en la distancia… ¡Pfff, se me ponen los pelos de punta solo de recordarlo! ¡Pero fue muy guay!
P: ¿Cuál fue el primer lugar olvidado que visitaste en tu infancia? ¿Te inspiró para dedicarte profesionalmente a esto?
R: Mi fascinación por los lugares abandonados comenzó cuando era muy pequeña. Mis padres tuvieron mucho que ver, porque desde niña compartía con ellos esa curiosidad por descubrir lugares diferentes y conocer sus historias. Recuerdo especialmente una experiencia relacionada con un antiguo búnker cuando tenía unos siete años. Aquella sensación de descubrir algo oculto, de adentrarte en un lugar lleno de preguntas, despertó una curiosidad que nunca desapareció. Pero lo curioso es que yo no decidí dedicarme profesionalmente a la exploración urbana. Al menos, no al principio.
Estudié Comunicación Audiovisual porque desde siempre me ha apasionado contar historias a través de una cámara. Mi trayectoria profesional más estable comenzó en televisión, trabajando en el departamento de continuidad de diferentes canales de Mediaset, como Telecinco, Cuatro, FDF, La Siete y La Nueve (¡cuando estos dos últimos todavía existían!). Posteriormente, continué mi carrera durante seis años en la televisión de Andorra, compaginando mi trabajo con una pasión que, por aquel entonces, todavía era un simple hobby: explorar lugares abandonados y compartir sus historias. Cuando empecé a subir mis exploraciones a YouTube, hace casi una década, lo hacía por pura pasión. Tenía mi trabajo y no necesitaba vivir de aquello. Poco a poco mis vídeos comenzaron a llegar a más personas y, casi sin darme cuenta, aquella afición de mi infancia terminó convirtiéndose en mi profesión.
Hoy llevo más de 300 reportajes realizados y sigo sintiendo la misma curiosidad que aquella niña que quería descubrir qué había detrás de la puerta de un lugar abandonado.
P: ¿Por qué crees que nos atrae tanto visitar contigo lugares abandonados? ¿Qué es lo que crees que llama más la atención de la gente?
Creo que todos sentimos cierta curiosidad por lo desconocido. Cuando vemos una casa abandonada, inevitablemente nos preguntamos qué habrá dentro, quién vivió allí o por qué terminó deshabitada quedando todo en su interior. Pero también creo que hay algo más profundo. Los lugares abandonados nos recuerdan lo frágil que es todo aquello que damos por sentado. Una casa, un negocio, un hospital o incluso una ciudad entera pueden estar llenos de vida durante décadas y, un día, quedarse completamente vacíos.
A mí me gusta pensar que mis espectadores no vienen únicamente a descubrir edificios abandonados, sino a conocer las historias de las personas que estuvieron allí. Intento que sientan que están explorando conmigo, que descubran los lugares al mismo tiempo que yo y que se hagan las mismas preguntas. No me interesa mostrar una habitación llena de polvo sin más. Me interesa entender el por qué del abandono.
Y creo que esa mezcla de curiosidad, nostalgia, misterio y empatía es lo que hace que tantas personas conecten con mis exploraciones.
P: ¿Qué lugares en España querríamos borrar del mapa pero siguen en pie?
R: Creo que España está llena de lugares que nos recuerdan capítulos muy oscuros de nuestra historia. Antiguos sanatorios, instituciones donde se cometieron abusos o instalaciones que quedaron marcadas por acontecimientos terribles. Pero no utilizaría la expresión "borrar del mapa". De hecho, creo que muchos de ellos deberían conservarse precisamente para que no olvidemos lo que ocurrió en ellos. Hay una diferencia enorme entre glorificar un pasado terrible y preservar su memoria.
También me impresionan especialmente los pueblos que fueron abandonados por decisiones políticas, grandes proyectos hidráulicos o circunstancias económicas que obligaron a familias enteras a marcharse y dejar atrás todo lo que conocían. Creo que lo verdaderamente triste no es que esos edificios sigan en pie, sino que algún día desaparezcan sin que nadie recuerde las historias de quienes vivieron allí. Y eso es precisamente lo que intento hacer con mis reportajes y ahora también con mi libro: recuperar pequeñas historias antes de que el tiempo las borre para siempre.