Las maxipamelas artesanales que triunfan en Hollywood y Capri desde Gata de Gorgos, Alicante
La actriz Blake Lively compró una de las pamelas en una tienda de Capri para utilizarla en la película de Hollywood que está rodando
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La llegada de productos de China, mucho más baratos que los locales, obligó a cerrar la empresa de sombreros y bolsos Zaragosí, fabricados en paja de trigo. Un golpe que afectó a toda la industria artesanal típica de la localidad alicantina de Gata de Gorgos.
Francisco Zaragosí Vila puso en marcha el taller en 1890, especializado en la fabricación de bolsos y sombreros de palma, un material natural propio de la zona. Tres décadas después su hijo dio un giro al negocio familiar, introdujo la paja de trigo y adquirió la maquinaria para trabajar este nuevo producto.
Durante 70 años el negocio siguió funcionando hasta que se vio obligado a bajar la persiana. Desde entonces, las máquinas estuvieron paradas hasta que en 2015, las hijas del último propietario, nieto de Francisco Zaragosí reabrieron para comenzar a producir para otras marcas. "Se puso de moda el uso de sombreros en las bodas y tras interesarse varias empresas retomaron el negocio familiar", explica Sandra Mira, tataranieta de Zaragosí.
Arquitecta de formación, tras varios años ejerciendo, decidió cambiar de vida. "Estaba cansada de mi trabajo y comencé a preguntarme por qué la gente no utilizaba los sombreros todo el año y no solo en las bodas", explica.
Fue entonces, cuando les propuso a sus tías reabrir el taller artesanal y fabricar sombreros de uso diario. A pesar de las reticencias iniciales comenzaron a trabajar en el proyecto durante la pandemia y en verano de 2020 lanzaron Zahati, utilizando la maquinaria que compró hace un siglo su bisabuelo.
A partir de ese momento, el negocio comenzó a despegar. "El hecho de que se fabricara en España y a mano comenzó a hacer el producto atractivo para el público, además del diseño que tienen las piezas", asegura Sandra, que explica que "todo lo que producimos es artesanal y exclusivo, porque ninguna pieza sale una igual que la otro porque las manos llevan todo el proceso de producción, no hay una máquina que fabrique estos sombreros de forma industrializada".
Zahati, además introdujo el color a este producto artesanal y diferentes formas de trenzado artesanal. "Preguntamos a mujeres que habían trabajado toda su vida con este producto cómo podíamos hacer diferentes piezas y estas señoras mayores no enseñaron a hacer otros acabados de sombrero o nuevos cierres para bolsos", explica.
De Gata a Capri y Hollywood
El salto al mercado internacional de Zahati llegó en 2022. "Contactó con nosotros una tienda de Capri que quería 70 maxipamelas que tienen un metro de diámetro". Unas piezas que tienen un precio que ronda los 600 euros y que requieren un trabajo de 4 días para alcanzar esas espectaculares medidas.
Pero el impulso definitivo se produjo dos años después. "Me llamó Valeria, la propietaria de la tienda de Capri para contarme que había entrado la actriz Blake Lively y se había comprado una maxi pamela modelo Cebra y que quería ponérsela en la película que estaba rodando en ese momento, "Un pequeño favor", aunque desde vestuario parecía que no estaban convencidos", cuenta Sandra.
Al final la actriz se la salió con la suya y su imagen con la pamela se utilizó para el cartel promocional del film.
Ahora venden no solo en Estados Unidos, también en Japón, Francia, Alemania o el Reino Unido. "Seguimos creciendo poco a poco, ahora también estamos exportando a Chile, donde nos han colocado como una de las mejores 20 empresas, un ranking para el que era necesario producir en España y de forma artesanal", explica.
Lo artesanal está de moda
El diseño y la elaboración artesanal están detrás del éxito de este producto exclusivo, pero también está el peso de la historia. "Los más de 100 años que tenemos tras nosotros también son un plus para los clientes".
Su éxito ha provocado el interés de numerosas marcas top. "Quieren que fabriquemos para ellos, pero no se puede producir tanto porque no hay máquinas para ello".
Cada pieza, ya sean sombreros, bolsos o productos de decoración, tienen que pasar por las manos de las costureras, un trabajo artesanal que para el que no encuentran relevo. "Todas las mujeres que trabajan con nosotros tienen más de 50 años y no encontramos personal para asegurarnos el relevo profesional. Ofrecemos cursos de formación, pero la gente joven viene y desiste", asegura Sandra.