Cultura

Alejandro, el ucraniano que custodia la tradición de la cerámica valenciana: "He hecho trabajos en Portugal para unos amigos de Cristiano Ronaldo"

Alejandro trabaja a diario en su taller. @alsenvalencia
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En su pequeño taller de la calle Roteros, en el corazón del Barrio del Carmen, Alejandro lleva un cuarto de siglo elaborando con sus manos piezas únicas de cerámica valenciana tradicional, una de las señas locales fundamentales de identidad cultural y artística.

Un legado artesanal con más de siete siglos de historia que cuida y protege con mimo este ucraniano licenciado en química y biología. "Es una maravilla. Me encanta lo que hago y no creo que me vaya a jubilar nunca", asegura Alejandro Senchak, inmerso en el último encargo que le ha llegado.

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Tras unos años en Francia, después de dejar su país, Alejandro llegó a Valencia en el año 2000 para trabajar como albañil en la construcción, pero una casualidad cambió su vida. "Conocí a una chica que iba a un taller de cerámica, yo he pintado toda mi vida al óleo, acrílico y pastel, mi padre era profesor de pintura, y me gustó la idea de aprender a pintar en cerámica", recuerda.

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Dicho y hecho, a los pocos días entró en el taller gracias a la intermediación de su nueva amiga y tres veces a la semana acudía a la escuela después de su larga jornada laboral en la obra. Durante dos años y medio, aprendió las bases de la cerámica valenciana tradicional y llego a Manises, una de las cunas de esta expresión artística. "Fue entonces cuando conocí a una ceramista, era una mujer mayor que me propuso trabajar con ella en su casa y hacer piezas juntos", explica.

Tras realizar dos exitosas exposiciones con sus propias creaciones, Alejandro comenzó a recibir los primeros encargos y desde entonces ya no ha parado. "Junto al diseño de los dibujos, yo mismo hacía las piezas de barro, las barnizaba, las esmaltaba y las pintaba. Es muy laborioso, ahora ya no tengo tanto tiempo y compro los azulejos ya cocidos, pero el resto del proceso sigue siendo totalmente artesanal", explica.

De los pequeños trabajos, pronto empezó a recibir encargos de piezas más grandes para ayuntamientos o empresas y diseños de cocinas y baños. "He hecho trabajos en toda España, en Portugal para unos amigos de Cristiano Ronaldo, murales de cerámica valenciana para una cadena de restaurantes en Toronto o para la fábrica de Moët Chandon".

Auge de la cerámica valenciana

Tras unos años de decadencia, el interés por la cerámica tradicional valenciana no ha dejado de crecer en los últimos años. Junto a la visita de clientes, a su taller llegan continuamente jóvenes interesados en aprender las técnicas emplea Alejandro. "El director de una universidad me ha ofrecido hacer un taller para alumnos de Erasmus. Ahora no tengo tiempo, pero en un futuro tengo pensado abrir una escuela, si lo hago tengo cola desde aquí hasta la playa de la Malvarrosa de personas interesadas", asegura.

Mientras llega ese momento, este artista sigue trabajando a diario y aprendiendo. "Aquí nunca dejas de aprender cosas nuevas, cada cerámica es única. Necesito por lo menos dos o tres vidas para hacer todos los diseños que guardo en carpetas".