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GH DÚO

Carmen Borrego: historia de un abandono anunciado

Carmen Borrego vuelve a hacer lo que mejor domina en los realities: anunciar repetidamente su marcha hasta hacerlo realidad y reabrir el debate sobre su compromiso, privilegios y el hastío de una audiencia ya curtida.

Carmen Borrego queriendo marcharse, da igual cuando leas esto
Carmen Borrego queriendo marcharse, da igual cuando leas esto. telecinco.es

Analizar ‘realities’ es para el gato tan satisfactorio como formar parte de ellos para sus concursantes. El placer de ver frente al de ser visto.

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Era previsible que Carmen Borrego abandonaría la casa y parece que ha llegado ese momento. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Ayer lo anunció en numerosas ocasiones, recogiendo cable otras tantas. Primero aplazó su abandono hasta el jueves, supongo que para ver si era expulsada y así evitarse el numerito. Pero al final de la gala, justo después de su salvación, volvió a entrar a la sala de confesiones convencida de irse. A nadie podía sorprender que fuera a hacer algo así en GH Dúo cuando llevando solo 48 horas en Supervivientes decía: “Yo mañana me voy de aquí”. Luego aseguró que no se sentía fracasada, justo lo mismo que decía anoche.

El argumento de la falta de profesionalidad, el escaso compromiso o la repetición del mismo guion está ya muy trillado y, si me lo permite el lector, me lo voy a ahorrar esta vez. Me interesa más reflexionar sobre las razones que aduce Carmen para justificar su deseo de marcharse, algo que advirtió por primera vez antes de cumplirse la primera semana de concurso. Dice que no aguanta convivir con la mayoría de sus compañeros, cosa que no hace realmente. El tiempo que no está en la cama lo pasa junto a Belén Rodríguez, y últimamente también con Sonia Madoc. Poco convive con nadie más, en realidad. No soy yo nadie para asegurar cómo se debe sentir una persona y si Carmen afirma que lo pasa mal así será. Ahora bien, me parece poco justificado. Y los antecedentes demuestran su poca predisposición a realizar un trabajo como este sin dejarlo a medias.

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Carmen Borrego quejándose porque no la ceden el sitio en la cola de la ducha

Si en algo estoy de acuerdo con Carmen es en que no es fracaso suyo el abandono. Lo será más bien de quien confió en ella una vez más, sin tener en cuenta lo sucedido con anterioridad. Las percepciones de cada uno son intransferibles y, como afirmaba el torero Rafael Guerra ‘Guerrita’, “Ca’ uno es ca’ uno”. Y sus circunstancias, que diría Ortega y Gasset. Ya recordé ayer la mítica frase sobre que en esa casa todo se magnifica. Pues bien, anoche vimos magnificadas (y llorando) a Carmen, Belén y Sonia. El ‘trío la, la la’, como les llamó Sandra Barrios. En mi humilde opinión, muy fina tienen la piel para considerar irrespirable el ambiente. En peores plazas hemos toreado muchos y lo hemos superado. Igual no nos hemos llevado ningún trofeo, pero al menos salimos indemnes. Y, por supuesto, sin abandonar dejando a todos en la estacada. En ese “todos” incluyo al equipo que hace el programa, por supuesto, pero muy especialmente a la sufrida audiencia que aguanta estoicamente los privilegios de una concursante que apenas participa en el juego y no hace sino amenazar con irse.

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Cualquier excusa es buena para decir que se quiere marchar

Carmen utiliza cualquier excusa para decir que se quiere marchar. Si algunos compañeros se meten con Belén se quiere marchar, si se quiere colar en la fila de la ducha en el periodo (medida de tiempo indeterminada) que dura el agua caliente y no la dejan se quiere marchar, si hacen una cacerolada a las tres de la madrugada se quiere marchar, si el día despierta nublado y llueve se quiere marchar. Da igual lo que pase porque para ella será razón suficiente para querer abandonar. Asegura que está cansada y nadie sabe de qué. Se me ocurren miles de trabajos mucho más duros que vivir a cuerpo de rey en un resort con todo incluido. Eso es para Carmen Borrego la casa de Gran Hermano. ¡Encima es gratis! ¿Qué digo gratis? Le pagan un caché que ya querrían muchos otros para ellos mismos.

No voy a negar que la decisión de Carmen sirvió para hacer pasar a un segundo plano los reproches de la mayoría a Belén. Visto así fue una manera inteligente de desviar la atención de lo importante, aunque hubiera agradecido que se hubieran defendido contestando las acusaciones. A saber, cuando dicen que dan los buenos días a Belén y esta no contesta, ¿es cierto o no? Tienen fundamento las acusaciones de clasismo a Belén, ¿o acaso es un invento? Dedica buena parte de su tiempo a malmeter para concentrar el voto en otros en las nominaciones y salvarse ella, ¿o es solamente una falsa impresión? Sobre estas y otras cosas me hubiera gustado escuchar a Belén, pero no quiso hablar delante de sus rivales durante la emisión, justo donde debería hacerlo.

Cristina Piaget y Carlos Lozano en uno de los buenos momentos del dúo

Carlos aplica la cuestionable técnica de John

Dejo dicho John Guts que para domar a un perro hay que ponerle comida para quitársela cuando está confiado y luego volvérsela a poner. Parece que Carlos Lozano hubiera copiado esa discutible técnica y por eso hace las paces con Cristina Piaget por la tarde, invitándola a acompañarlo en la cabaña del jardín donde hace sus monólogos para luego volver a dejarla vendida. Esos monólogos son como ensayos para el streaming que está pensando hacer cuando salga. Para él, en ese momento Cristina se había portado bien durante todo el día y quería verla llegar a la final. Sin embargo, ya por la noche decía estar seguro de que será la expulsada de mañana. Entre medias había sucedido lo de la malograda cena, donde Carlos cometió dos errores sucesivos importantes.

Propusieron a Carlos elegir alguien para ser su compañía en la cena que habían montado en la suite tras comunicarle su salvación. Lo previsible es que dijese Belén, pero prefirió cenar con Cristina para evitar así seguir hablando de lo mismo de siempre. Es lo que dijo, pero mucho me temo que la realidad es otra. Carlos está algo confuso desde que vio volver de la sala de expulsión a Cristina el pasado jueves. Posiblemente sospeche que su compañera de dúo tiene un apoyo importante en la audiencia. Pero había que ofrecerle el caramelito de una reconciliación para luego quitárselo casi de la boca. Como si a Cristina le importase una higa estar reconciliada o no con Carlos. Más importante que eso era vender ante el resto de los compañeros y de la audiencia lo mala que es Cristina o lo desequilibrada que está. Al tiempo que emerge él como un tipo generoso que tiende la mano a su compañera y esta le defrauda.

Para esto que digo emplea Carlos la peor de las formas: hablar sin llegar a concretar para así lanzar una sombra de duda sobre Cristina. Por fortuna, cada vez compran menos su argumento dentro de la casa, aunque fuera sigue dando resultado. Así lo pudimos comprobar anoche al ver que era el primer salvado, con un porcentaje muy bajo. “Lo que ha ocurrido ahí dentro es increíble, no hay forma de confiar en esta chica”, decía Carlos refiriéndose al episodio de la cena en el que primero decepcionó a Belén y luego se burló de Cristina. El Carlos Lozano que hemos conocido en otro Gran Hermano anterior hubiera parado aquello poniendo el grito en el cielo cuando hicieron salir de la suite a Cristina y Manuel.

Belén Ro se rompe al servir a Carlos Lozano y Cristina Piaget en una íntima velada que ella misma pidió: "No tienes ningún detalle conmigo"
Belén Ro se rompe al servir a Carlos Lozano y Cristina Piaget en una íntima velada que ella misma pidió: "No tienes ningún detalle conmigo"

La decisión de Carlos había sido cenar con Cristina, lo cual provocó el disgusto poco disimulado de Belén. Para esta reservaban el papel de camarera en la cena junto a Manuel. De acuerdo que puede parecer algo humillante, pero no deja de ser parte del juego. Al entrar en la suite con el delantal puesto, Belén se venía abajo echándose a llorar. Cristina se levantaba de inmediato, adelantándose incluso a Carlos, para consolar a su compañera, dejando así de lado el enfrentamiento entre ambas. A continuación, Jorge Javier Vázquez pedía a Cristina y Manuel que salieran fuera, se supone que para dejar hablar a Carlos y Belén. Esta se sentó a la mesa y de inmediato tenía la copa de vino de Cristina en la mano. No sé si llegó a comer algo, pero constato que sí bebió. Una vez fuera, viendo que había sido suplantada en la cena en contra de la propia decisión de Carlos y ante su pasividad, llamó a este “rata de dos patas”, recuperando la maravillosa canción de Paquita la del Barrio. Hacer uso de los clásicos es bien, pero mucho mejor si es de manera tan oportuna como esta.

He narrado de forma sintética lo sucedido en la cena malograda de Carlos y Cristina. Nada que ver con lo que luego contaba Carlos, echando las culpas a Cristina de lo que yo interpreto como una humillación a su persona. Entiendo el giro de acontecimientos a favor del espectáculo, pero no que Carlos lo aceptase de buen grado y encima cargase luego contra quien debería haber defendido. El concursante que conocimos lo hubiera hecho. Tristemente, ya no es el mismo. Su alineación ciega con Belén y Carmen lo dice todo. En aquella ocasión llamaba “viejas del visillo” a Rosa Benito y Raquel Bollo, pero ahora prefiere ser el tercero del grupo.

Lo divertido es que en el enfrentamiento entre los dos grupos que describí ayer no hay manera de posicionarse en un lado ni en otro. Manuel y su hermana Gloria tienen un comportamiento bastante impresentable, especialmente cuando cantan y ríen mientras otros intentan expresarse. Sandra no hace mucho más que gritar a Andrea Sabatini como si estuviera intentando entrar en el libro Guiness de los récords como la persona capaz de elevar más la voz. Anita Williams protesta cuando alguien coge algo de comida porque se van a quedar sin nada en la despensa, pero ella no para de zampar (ayer desayunaba pan, café con galletas o similar y zumo de naranja y la noche anterior había recenado copiosamente). Por su parte, Raquel Salazar y Antonio Canales son unos veletas que están bastante perdidos. Con todo, es espectacular lo que están sirviendo casi todos. Una pena que se haya ido Carmen y mañana tengamos doble expulsión, porque ahora mismo no me sobra nadie en la casa. Bueno, Anita sí, pero igual es algo personal.

Los ‘tocahuevos justicieros’ en plena cacerolada

Moleskine del gato

Los porcentajes ciegos estaban así anoche, después de salvarse Carlos y antes de que lo hiciera Carmen: 37,2 %, 37,5 % y 25,3 %. De manera que se queda un duelo muy reñido en el que hay casi empate técnico. Los porcentajes son muy parecidos a los que había al comienzo de la gala del pasado jueves. En cuanto a la evolución desde el domingo se ha producido un sorpasso de la segunda más votada por encima de la primera.

Como suele pasar, dejo fuera un montón de cosas que pasaron ayer y merecerían mi atención de no haber sido por la movidita noche de gala. Por suerte, mañana habrá ocasión de recuperar algunas de ellas. Solo un apunte más: ¿es posible que no se enterasen de que en un vídeo que vieron los de dentro se descubría el doble juego de Anita? Lo llamo doble juego por no tildarla de chivata. “Me lo ha contado Anita, pero no quiero descubrirla”, le decía Carmen a Belén sobre la comida escondida por los tríos de las tentaciones, algo de lo que se beneficia la propia Anita. Sería una pena que no lo hubieran escuchado porque la pone en evidencia y podría ser un nuevo fuego difícil de apagar en esa casa.

[Todas las imágenes de este texto han sido capturadas por el autor]