La enigmática y atípica vida de Irene de Grecia: sin hijos ni marido, su labor como ufóloga y su fortuna
La tía del rey Felipe ha fallecido este jueves 15 de enero a los 83 años en el Palacio de la Zarzuela
Muere la princesa Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía y tía del rey Felipe, a los 83 años
"He estado enamorada, naturalmente, pero no quiero contar ninguna historia de amor que he vivido por discreción (...). Nuestros padres nos inculcaron la idea de que hay que vivir para los demás. Esto significa nacer en una familia real, y sacrificar a menudo las cosas que te agradan o tu tiempo libre para ser una persona que ayuda a los demás", llegó a asegurar Irene de Grecia. Frases que describían a la perfección la vida que cosechó la hermana menor de la reina emérita Sofía, que ha fallecido este 15 de enero a los 83 años.
Tal y como ha comunicado la Casa Real, la princesa ha muerto en el Palacio de la Zarzuela, tras un progresivo deterioro de su salud, poniendo fin a una vida marcada por el exilio, la discreción, la familia y una profunda vocación cultural.
La princesa, encasillada como el fiel apoyo de la reina Sofía, llegó al mundo en pleno exilio, el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Sus padres, los reyes Pablo I de Grecia y Federica de Hannover, se encontraban fuera de su país como consecuencia de la inestabilidad provocada por la Segunda Guerra Mundial y los vaivenes políticos del siglo XX.
La música
Hija menor de la familia real, hermana de Constantino II, último rey de los helenos, y de Sofía, por aquel entonces futura reina de España, creció entre distintas ciudades, entre otras, Madrid, Atenas, Madrás (India) o Londres. No tardó en encontrar su verdadera vocación: la música.
Se formó como pianista, estudiando con la célebre Gina Bachauer y llegando a actuar en escenarios internacionales. Su debut en 1969 en el Royal Festival Hall de Londres confirmó un talento que, aunque prometedor, nunca persiguió el foco mediático.
Sus pretendientes y sin descendencia
A diferencia de otros miembros de la realeza europea, Irene de Grecia eligió una vida alejada del matrimonio y de las obligaciones dinásticas: nunca se casó ni tuvo hijos.
Eva Celada, biógrafa autorizada por la hermana de la reina Sofía y quien la apodó como 'La princesa rebelde', desveló en su libro qué tres hombres intentaron, sin éxito, mantener una relación sólida con la princesa: Mauricio de Hesse, primo de Irene; el príncipe Miguel de Orleans, casado con Beatriz de Orleans; y el rey Harald de Noruega. Ninguno de estos pretendientes consiguió llegar al corazón de Irene de Grecia.
Pese a todo, eso le permitió desarrollar una trayectoria centrada en la cultura y la cooperación internacional. Durante años participó en proyectos vinculados a la educación y el diálogo intercultural, especialmente a través de iniciativas promovidas por su madre.
Su labor como filantrópica y ufóloga
La faceta filantrópica y ufóloga de Irene de Grecia fue, precisamente, una de las menos conocidas y, al mismo tiempo, una de las más definitorias de su personalidad.
Desde joven mostró una gran sensibilidad hacia los problemas sociales, una inclinación heredada en parte de su madre, muy activa en proyectos sociales tras la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, Irene optó por un modelo de filantropía no institucional, sin grandes fundaciones a su nombre ni protagonismo mediático. Participó en iniciativas especialmente vinculadas a la infancia en riesgo, la educación intercultural, el diálogo entre religiones y culturas, y la ayuda a refugiados y colectivos vulnerables.
A partir de los años 70, Irene de Grecia estudió textos de hinduismo, budismo y misticismo cristiano, y mantuvo contacto con pensadores, científicos y filósofos interesados en los límites del conocimiento humano.
Dentro de esa inquietud intelectual se encuadraba su interés por la ufología y por los fenómenos paranormales, una faceta que durante años fue tratada con cierta caricatura mediática, pero que en realidad formaba parte de una reflexión más amplia sobre el universo, la vida y la conciencia.
Era una entusiasta del avistamiento de objetos voladores no identificados y compartía este interés con su hermana Sofía. Se decía que ambas solían buscar luces extrañas en el cielo desde la Zarzuela.
También dedicó parte de su tiempo al estudio de temas esotéricos, la cultura hindú y el fenómeno OVNI, siendo considerada una experta autodidacta en la materia.
Asimismo, participó en seminarios, congresos y encuentros internacionales sobre vida extraterrestre, conciencia cósmica y ciencia avanzada, especialmente en los años 80 y 90. Sus sobrinos, en concreto las infantas Cristina y Elena y el rey Felipe, la llamaban 'Tía Pecu' por lo peculiar que era su vida.
Su fortuna
En 2002, recibió una compensación del gobierno griego, aproximadamente unos 900.000 euros, tras una batalla legal con el Tribunal de Estrasburgo por la confiscación de los bienes de la familia real griega.
Irene decidió no quedarse con nada y destinó la suma íntegra a proyectos solidarios, principalmente a través de su fundación, Mundo en Armonía, la ONG que presidía.
Fundada por ella en 1986, esta ONG fue el vehículo principal de su fortuna. A través de ella, financió desde el envío de vacas a la India hasta proyectos de ayuda en catástrofes naturales. En enero de 2024, tras 37 años de actividad, Irene decidió cerrar la fundación debido a su delicado estado de salud.
Al igual que su hermana la reina Sofía, Irene mantuvo una postura de austeridad, llegando a renunciar a derechos sucesorios en favor de causas benéficas o de la estabilidad familiar.
La discreción y su relación con la reina Sofía
Tras la abolición de la monarquía griega y la muerte de sus padres, Irene encontró en España un lugar de estabilidad. En 1981 se instaló definitivamente en Madrid, donde pasó a formar parte del núcleo más cercano de la entonces reina Sofía. No fue hasta 2018 cuando renunció a la nacionalidad griega y adoptó la nacionalidad española.
Desde ese momento, su vida quedó íntimamente ligada a la de su hermana, conformando una relación inquebrantable.
Siempre en segundo plano, evitó protagonismos y declaraciones públicas, convirtiéndose en una figura respetada por su sobriedad y su elegancia silenciosa.
Para la reina Sofía, Irene fue apoyo, confidente y compañía diaria, especialmente en los años más complejos de la monarquía y en las etapas más difíciles.
El progresivo deterioro de su salud
En los últimos años, la salud de Irene de Grecia fue motivo de preocupación. En 2023 se conoció que la princesa sufría un deterioro cognitivo progresivo, acompañado de problemas de movilidad que limitaron cada vez más su autonomía. Además, en 2002 le fue diagnosticado un cáncer de mama, que superó tras recibir quimioterapia. Su estado la fue alejando de la vida pública hasta desaparecer por completo de los actos oficiales.
Su última aparición se produjo en febrero de 2025, durante la boda de su sobrino el príncipe Nicolás de Grecia, donde se la vio en silla de ruedas, visiblemente frágil. A partir de ese momento, permaneció prácticamente recluida en su residencia de la Zarzuela, bajo cuidados constantes.
La gravedad de su situación quedó patente cuando la reina Sofía canceló su agenda este pasado martes para permanecer junto a su hermana en sus últimos momentos con vida.