El expríncipe Andrés todavía opta a ser rey de Reino Unido: el motivo por el que continúa en la línea de sucesión pese a sus polémicas
El escándalo que rodea a Andrés Mountbatten-Windsor, conocido hasta hace poco como el príncipe Andrés, ha sacudido como nunca antes a Buckingham tras su detención como sospechoso de mala conducta durante su cargo público como enviado comercial de Reino Unido.
Su arresto y posterior liberación tras casi 12 horas bajo custodia este pasado 19 de febrero ha llegado cuatro meses después de que, tras años de polémicas vinculadas a su relación con el delincuente sexual Jeffrey Epstein, el rey Carlos III decidiera retirarle todos sus títulos, honores y dignidades reales. Esta era la mayor sanción interna que el monarca imponía a su propio hermano en décadas.
Sin embargo, y aunque todo apuntaba a que no habría un castigo mayor que ese para el hermano de soberano británico en cuanto a su papel en la Corona, resulta que no es así, ya que el exduque de York todavía puede optar a ser rey de Reino Unido.
El expríncipe Andrés ya no ostenta oficialmente el tratamiento de 'Alteza Real', fue despojado del ducado de York y de otros títulos nobiliarios, fue obligado a abandonar su mansión y apartado de la vida pública, pero, pese a todo eso, sigue ocupando un lugar en la línea de sucesión al trono británico.
Actualmente figura como octavo en el orden de sucesión, por detrás del príncipe Guillermo, los tres hijos que comparte con Kate Middleton, el príncipe Harry y sus respectivos dos hijos junto a Meghan Markle.
Cómo puede alguien sin títulos seguir siendo heredero al trono
El motivo reside en la rigidez del sistema constitucional británico y en la distinción entre títulos nobiliarios y derechos de sucesión.
En Reino Unido, así como en todos los reinos de la Commonwealth que comparten a Carlos III como jefe de Estado, la sucesión al trono está regulada por leyes parlamentarias históricas, como el 'Act of Settlement' de 1701 y el 'Succession to the Crown Act' de 2013.
Estas normas determinan quién tiene derecho a heredar el trono por nacimiento en función de la genealogía y no de títulos otorgados o retirados por la Corona.
Los títulos como príncipe o duque de York son conferidos por la reina o el rey, pero no son un requisito legal para estar en la línea de sucesión. Al ser hijo de la difunta reina Isabel II y hermano menor del rey, Andrés tiene ese derecho de nacimiento, que no puede eliminar un monarca por decreto propio.
Para excluirle formalmente de la sucesión, solo una ley aprobada por el Parlamento del Reino Unido podría hacerlo, y además requeriría la aprobación de todos los demás reinos de la Commonwealth donde la sucesión es reconocida constitucionalmente.
Es decir, que el rey no puede por sí solo quitarle la posibilidad teórica de llegar a ser rey, incluso si en la práctica es extraordinariamente remota teniendo en cuenta que hay siete personas por delante de él.
Más del 80% de los británicos quieren su exclusión
Si bien la ley determina la sucesión, la opinión pública británica pesa en el debate sobre el papel de la monarquía. Tras su arresto y en medio de las investigaciones relacionadas con Epstein, se ha realizado una nueva encuesta que ha evidenciado el rechazo ciudadano sobre su continuidad en la línea de sucesión.
Según una encuesta de YouGov, el 82% de los británicos considera que el hermano del monarca británico no debería permanecer en la línea de sucesión, argumentando que su presencia daña la reputación de la Corona. En otras encuestas relacionadas con sus títulos, dos tercios de la población apoyaron la retirada de sus honores reales.
El hecho de que una mayoría tan amplia considere inapropiado que una persona vinculada a los escándalos de abuso y tráfico sexual siga cerca de la Corona pone en evidencia la crisis de legitimidad y confianza que enfrenta la institución.
De hecho, numerosos líderes políticos de diferentes partidos han pedido al gobierno que abra un debate parlamentario para estudiar los cambios legales que podrían permitir la exclusión de Andrés de la línea de sucesión, una medida extraordinaria que no se ha tomado desde la abdicación de Eduardo VIII en 1936.
Las posibilidades de que Andrés llegue a ser rey son prácticamente inexistentes. Estando tan lejos en la línea de sucesión, tendrían que ocurrir una serie de tragedias sin precedentes para que ascendiera al trono. Aun así, la mera posibilidad legal de que pueda suceder, por más remota que sea, ha alimentado la frustración pública y política.