La hermana mayor del emérito falleció en 2020. No fue hasta cuatro años después cuando la familia consiguió vender su residencia, pero a día de hoy, sigue deshabitada
Los Gómez-Acebo: quién es quién en el clan que ha conseguido reunir a la familia real española
La casa que durante décadas fue uno de los enclaves predilectos de la familia Borbón en Madrid ahora permanece cerrada, deteriorada y deshabitada. Se trata de la histórica residencia de la infanta Pilar, hermana mayor del rey emérito Juan Carlos, un inmueble que, pese a haber sido vendido hace más de un año por cerca de tres millones de euros, sigue sin estar habitado y muestra evidentes signos de abandono.

Seis años después del fallecimiento de la infanta Pilar, en enero de 2020, la vivienda situada en la exclusiva urbanización madrileña de Puerta de Hierro continúa cerrada y sin actividad visible.
Las imágenes publicadas por 'El Español' a finales de marzo y por el programa 'Fiesta' hace unos días muestran una fachada envejecida, grietas en el muro exterior y la sensación de una propiedad que, pese a su valor, no ha recuperado la vida que tuvo durante décadas.

La casa fue durante años un lugar clave en la vida de los Borbón y parte de la familia real española. Allí crecieron los cinco hijos de la infanta, Simoneta, Juan, Bruno, Beltrán y Fernando Gómez-Acebo, y también fue escenario de celebraciones familiares, reuniones privadas e incluso despedidas, como la instalación de la capilla ardiente tras su fallecimiento.
No era una vivienda cualquiera: funcionó como punto de encuentro de la familia real, especialmente en épocas en las que las reuniones en el Palacio de la Zarzuela resultaban más complicadas. De hecho, solían celebrar allí el día de Navidad.

La venta por tres millones y el misterio de por qué sigue vacía
Tras años en el mercado inmobiliario, la casa fue finalmente vendida en 2024 por una cifra cercana a los tres millones de euros. Antes de la venta, la casa permaneció cerrada durante años tras la muerte de la infanta.
Nadie residía en ella desde 2020, mientras los herederos intentaban encontrar comprador. El comprador fue el empresario Ricardo Fuster, vinculado al entorno personal del rey Felipe, y su mujer, Mónica Sánchez-Navarro.
Sin embargo, pese a haberse cerrado la operación, la realidad actual resulta llamativa: la vivienda continúa desocupada y sin reformas aparentes. No hay indicios de obras ni de que los nuevos propietarios se hayan instalado todavía, lo que ha alimentado el misterio sobre su futuro y su uso.
De acuerdo a 'Vanitatis', Fuster y su esposa se habrían enfrentado a varios problemas burocráticos relacionados con el Ayuntamiento de Madrid, paralizando así el proyecto. De hecho, y según recoge el citado medio, no consta en los registros ninguna solicitud activa de licencia de obra para reformar el inmueble.

No sería este el único motivo de su abandono. Además, el empresario estaría en medio de una reclamación administrativa.
Mientras se decide qué ocurrirá finalmente con la propiedad, el chalet sigue sin ocupar, recordado como el verdadero epicentro de la vida privada de los Borbón y, en concreto, de la infanta, una de las figuras más estables y discretas de la familia real durante más de medio siglo.

