La actriz revela en su autobiografía 'The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness' el peso de la interpretación y cómo terminó en una secta
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'Juego de Tronos' fue (y sigue siendo) la serie favorita de miles de personas. Muchos de sus actores alcanzaron una enorme popularidad, aunque no de todos se ha seguido de cerca su trayectoria profesional.
Es el caso de Hannah Murray (Inglaterra, 1989), que debutó en la serie en su segunda temporada interpretando a Gilly, una de las hijas-esposas de Craster más allá del Muro y pareja de Samwell Tarly (John Bradley). Antes de formar parte de la serie, ya había destacado como Cassie en 'Skins'.
En 2017, Murray era una actriz consolidada: su carrera la había llevado a Hollywood y le había permitido trabajar con estrellas de primer nivel y directores galardonados con el Óscar. Sin embargo, desde entonces su presencia pública se redujo notablemente.

De Hollywood a una secta
Ahora ha sido la propia intérprete quien ha explicado los motivos en su autobiografía, 'The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness', publicada por Random House y que verá la luz a finales de mayo.
En el libro, Murray relata cómo acabó involucrada en una secta, su ingreso involuntario en un centro psiquiátrico y su proceso para abandonarla. También aborda el impacto que la fama y la presión de la interpretación tuvieron en su salud mental, llevándola a buscar alternativas que le hicieran sentirse mejor.
Según la sinopsis, todo comenzó cuando una sanadora de reiki le ofreció un supuesto tratamiento novedoso, "una especie de magia", que marcó un punto de inflexión en su vida. A partir de ahí, fue implicándose cada vez más en lo que describe como una "secta del bienestar", liderada por una figura "carismática" de la que llegó a enamorarse.
Ya dentro de la organización, se encontró con "un control estricto y una gran exigencia económica". Su búsqueda por sentirse mejor derivó en una crisis nerviosa, una estancia en un centro psiquiátrico y un diagnóstico de trastorno bipolar. La propia sinopsis apunta que esta situación supuso una llamada de atención para comprender que había "cedido por completo el control de su vida".
En una entrevista concedida a la revista 'PEOPLE', Murray aseguró a principios de año que se siente "muy orgullosa de este libro", en el que ha trabajado durante siete años. "Durante todo este proceso, me he sentido empoderada para contar mi propia historia y recuperar mi narrativa. Me entusiasma compartirla con los lectores, para que puedan adentrarse en un capítulo de mi vida que fue a veces mágico, a veces caótico, a veces doloroso y oscuro", explicó.

