El itinerario político que recorrió antes de llegar al socialismo explica tanto sus convicciones como sus habilidades de negociación
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Hay una trayectoria ideológica que va del catolicismo social hasta el comunismo, y desde ahí hasta el socialismo parlamentario. No es el itinerario de un personaje de novela del siglo XX, sino la de María Jesús Montero Cuadrado, nacida el 4 de febrero de 1966 en el barrio sevillano de Triana, hija de profesores, exministra de Hacienda y candidata del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía en las elecciones del 17 de mayo de 2026. El itinerario político que recorrió antes de llegar al socialismo explica, en buena medida, tanto sus convicciones como sus habilidades de negociación.
Primeros pasos en movimientos cristianos
Su primer marco político de Montero no fue un partido, sino la Iglesia. En un primer momento, Montero se afilió al Movimiento Juvenil de Acción Católica y, posteriormente, dio el salto a la Hermandad Obrera de Acción Católica, más centrada en la defensa de los derechos de los trabajadores y vinculada, por tanto, al ámbito de los sindicatos.
Después, todavía siendo estudiante de Medicina, Montero estuvo vinculada a la Juventud Obrera Cristiana, inspiradora de la central sindical Unión Sindical Obrera en la clandestinidad. Su figura de referencia fue el cura Manolo, uno de aquellos curas que fueron compañeros de viaje de la izquierda en Andalucía.
Esta combinación de catolicismo social, obrerismo y clerecia progresista, era en los años ochenta en Andalucía un terreno fértil para la politización de toda una generación. La JOC y la HOAC nacieron en el catolicismo europeo de posguerra como alternativa al sindicalismo marxista, sin embargo, en la España de la Transición funcionó a menudo como antesala ideológica de la izquierda.
El giro hacia las Juventudes Comunistas
La transición hacia el comunismo se produjo a través de una relación personal. Montero militó durante su carrera universitaria en los movimientos cristianos de base, y junto a su pareja cambió hacia las Juventudes Comunistas. Esa pareja era Rafael Ibáñez Reche, con quien terminaría casándose. La pareja se conoció en la década de 1980, mientras estudiaban y participaban en la política en las filas juveniles del Partido Comunista.
El perfil de Rafael Ibáñez es el de un militante de la izquierda radical andaluza, siendo un histórico sindicalista de CCOO y miembro de Izquierda Unida en Andalucía. La unión de ambos resumía la paradoja de toda una época: él, ateo confeso y comunista; ella, cristiana militante que aceptó el comunismo sin abandonar del todo la fe. Se casaron por la Iglesia, detalle que en los círculos de la izquierda sevillana no pasó desapercibido.

El puente hacia el PSOE
La institución que fue bisagra entre la militancia comunista y el socialismo fue el Consejo de la Juventud de Andalucía, un órgano consultivo de representación juvenil vinculado a la Junta. Fue presidenta de la Comisión de Marginación del Consejo de la Juventud de Andalucía entre 1986 y 1988, y, posteriormente, secretaria general del mismo hasta 1990. El cargo de secretaria general de un organismo de esas características, con tan solo veinte años recién cumplidos, exigía ya de una habilidad negociadora capaz de navegar entre corrientes distintas. Esto fue lo que haría de María Jesús Montero una de las políticas con mayor capacidad de acuerdo del socialismo español.
Fue en esa época cuando comenzó a tener vinculación con el PSOE. Las relaciones y las redes que construyó entre 1986 y 1990 en el Consejo de la Juventud fueron el capital político que le abrió las puertas de la administración andaluza. La transición al socialismo se completó después de casi diez años de experiencia en hospitales, organizaciones juveniles y el paso de las comunidades cristianas al partido socialista.
Una trayectoria que no es excepcional en su generación
Aunque puede sorprender a primera vista que una médica de familia de profesores que pasó por el catolicismo social, las Juventudes Comunistas y el PSOE antes de los treinta años, era en los años ochenta andaluces, una trayectoria relativamente común entre quienes crecieron políticamente bajo la Transición. Las organizaciones católicas de base habían sido, durante el franquismo, uno de los pocos espacios legales de sociabilidad política disidente. La JOC, la HOAC y los movimientos de curas obreros funcionaron como incubadoras de izquierdistas que luego derivaron hacia el comunismo, el socialismo o el sindicalismo de clase.
En el caso de Montero, el recorrido se produjo en un espacio muy reducido de tiempo, de apenas diez años, en los que pasó de la Acción Católica al comunismo, del comunismo al Consejo de la Juventud, y del Consejo de la Juventud a la administración sanitaria andaluza, donde en 1994 obtuvo su primera plaza pública. En 2002 llegó el cargo político. En 2018, el Ministerio. El itinerario es largo, pero la coherencia de fondo es reconocible: desde el principio, la preocupación por la marginación, los derechos laborales y la gestión de lo público.

