Japón

La princesa Aiko sigue sin poder ser emperatriz: la reforma de Japón para intentar salvar a la Casa Imperial sin que una mujer llegue al trono

La princesa Aiko de Japón el pasado mes de abril
La princesa Aiko de Japón el pasado mes de abril. Cordon Press
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La Casa Imperial de Japón continúa inmersa en uno de los momentos más delicados de su historia. O eso era hasta ahora. La institución monárquica más antigua del mundo lleva años enfrentándose a un problema que amenaza su propia continuidad y que podría llevar a su extinción: la falta de herederos varones. Ante esta situación, en vez de abrir la puerta a que una mujer pueda convertirse en emperatriz, el Gobierno japonés ha optado por una solución que mantiene intacta la tradición sin que una mujer no llegue al trono.

Japón ha aprobado una histórica reforma de la Ley de la Casa Imperial, respaldada por la Cámara Baja del Parlamento, que busca garantizar la supervivencia de la dinastía sin modificar el principio fundamental de la sucesión, exclusivamente masculina.

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La Familia Imperial de Japón en una imagen de 2020, en la que aparecen los únicos cuatro varones.

Los detalles de la histórica reforma

La medida introduce dos cambios. Por un lado, permitirá que las princesas imperiales conserven su condición de miembros de la familia imperial incluso después de casarse con ciudadanos que no pertenecen a la realeza, algo que hasta ahora suponía automáticamente su salida de la institución. Por otro, abre la puerta a reincorporar a la Casa Imperial a hombres descendientes por línea paterna de las antiguas ramas colaterales de la familia imperial, eliminadas tras la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de ampliar el reducido número de miembros de la dinastía.

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Sin embargo, la reforma mantiene una de las normas más polémicas de la legislación japonesa: únicamente los hombres podrán acceder al Trono del Crisantemo, dejando, una vez más, a la princesa Aiko, única hija del emperador Naruhito, sin poder ser emperatriz en un futuro.

La paradoja resulta evidente. El país asiático pretende garantizar el futuro de su monarquía, pero sigue rechazando que una mujer pueda ocupar el trono pese a que históricamente el país llegó a tener varias emperatrices reinantes. La legislación vigente desde 1947 establece que solo los varones nacidos por línea masculina pueden convertirse en emperadores.

El emperador Naruhito, la princesa Aiko y la emperatriz Masako

Con la nueva reforma, ni siquiera las princesas que mantengan su estatus tras contraer matrimonio obtendrán derechos sucesorios. Tampoco sus futuros hijos podrán heredar automáticamente la Corona. En cambio, sí podrán hacerlo los descendientes varones de las antiguas ramas imperiales que vuelvan a integrarse en la familia mediante el nuevo sistema previsto por la ley.

La decisión ha vuelto a dividir a la opinión pública japonesa. Diversas encuestas muestran desde hace años que una amplia mayoría de ciudadanos vería con buenos ojos que una mujer pudiera convertirse en emperatriz. Aun así, los sectores más conservadores continúan defendiendo que la línea masculina debe preservarse a toda costa.

Aiko de Japón, la heredera que nunca podrá heredar

La principal perjudicada por esta decisión vuelve a ser la princesa Aiko. La joven de 24 años es la única hija del emperador Naruhito y de la emperatriz Masako. De haber existido una legislación similar a la de muchas monarquías europeas, como es el caso de España, sería la heredera directa al trono por ser la primogénita del actual emperador.

Sin embargo, la ley japonesa la sitúa completamente fuera de la línea sucesoria.

La princesa Aiko de Japón en una imagen de archivo

Por delante de ella figuran su tío, el príncipe heredero Fumihito, de 60 años, y el hijo de este, el príncipe Hisahito, de 19 años y convertido desde su nacimiento en la gran esperanza de continuidad de la dinastía al ser el único miembro joven de sexo masculino con derechos sucesorios. Precisamente su nacimiento paralizó hace dos décadas un intento de reforma que habría permitido que Aiko pudiera llegar a ser emperatriz.

A pesar de no poder aspirar al trono, la popularidad de Aiko no ha dejado de crecer. Su imagen pública ha evolucionado desde que alcanzó la mayoría de edad. Poco a poco ha ido incrementando su presencia en actos oficiales y se ha convertido en uno de los rostros más famosos y modernos de la Casa Imperial.

Su naturalidad, su cercanía y la discreción con la que desempeña sus funciones institucionales han contribuido a convertirla en una figura muy respetada dentro y fuera de Japón. Muchos ciudadanos consideran que representa una nueva generación capaz de modernizar la institución sin romper con la tradición.

Su vida lejos del foco mediático

Tras finalizar sus estudios en Literatura Japonesa en la Universidad Gakushuin, Aiko comenzó una etapa muy diferente a la de otros miembros de la realeza.

La princesa Aiko de Japón

Actualmente trabaja en la Sociedad de la Cruz Roja Japonesa, donde desarrolla labores relacionadas con la gestión y el apoyo administrativo, compatibilizando ese empleo con sus compromisos como miembro de la familia imperial. Esta decisión fue aplaudida en Japón al considerarse un ejemplo de vocación de servicio público y de cercanía con la sociedad.

Al mismo tiempo continúa representando a la Casa Imperial en ceremonias oficiales, recepciones de Estado, actos culturales y eventos conmemorativos junto a sus padres, aumentando su protagonismo institucional.

Por el momento, permanece soltera y no tiene hijos. Su vida sentimental apenas ha trascendido públicamente, ya que la Agencia de la Casa Imperial mantiene un férreo control sobre la privacidad de todos sus miembros. Hasta la fecha nunca se ha confirmado oficialmente ninguna relación sentimental.