Aulas hospitalarias en Andalucía, la educación que acompaña y cura: "Para mi hija es una medicina más"

Leire junto a su profesor, José, en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. CODAPA
  • Las aulas hospitalarias de Andalucía permiten que los niños ingresados continúen su educación mientras reciben tratamiento, manteniendo el vínculo con su colegio y ofreciendo un espacio de normalidad dentro del hospital

  • Docentes, sanitarios y familias coinciden en destacar su valor educativo, emocional y humano, como ha podido comprobar la Confederación Andaluza de Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado tras visitar los hospitales Virgen de la Macarena y Reina Sofía

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CórdobaCuando un niño ingresa en un hospital, su mundo cambia de golpe. Deja atrás su escuela, sus amigos, su rutina y, a veces, incluso su independencia. En Andalucía, la educación no se detiene ante la enfermedad gracias a las aulas hospitalarias, espacios creados por la Consejería de Desarrollo Educativo en colaboración con la de Salud, donde el alumnado hospitalizado puede continuar con sus estudios, mantener el contacto con sus compañeros y, sobre todo, recuperar un poco de normalidad.

La Confederación Andaluza de Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado (CODAPA) ha visitado recientemente los Hospitales Universitarios Virgen de la Macarena, en Sevilla, y Reina Sofía, en Córdoba, para conocer de cerca el trabajo que se desarrolla en estas aulas. Según Marina Jiménez, presidenta de CODAPA, "las aulas hospitalarias son fundamentales para que el derecho a la educación esté garantizado. Queremos difundir su labor para que todas las familias sepan que este recurso existe y funciona a la perfección. Si algún niño debe ingresar en un hospital, su educación no tiene por qué detenerse".

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Leire, siete años y tres cursos en la escuela perdidos

El testimonio de Leire, una niña de siete años con aplasia medular, ilustra la importancia de estas aulas. Desde que le diagnosticaron la enfermedad, la pequeña ha pasado meses ingresada en el Hospital Reina Sofía de Córdoba, primero para evaluar si su médula podía recuperarse y luego para recibir un trasplante y superar las complicaciones posteriores. Para sus padres, Inma y Daniel, el aula hospitalaria se convirtió en un espacio fundamental.

"Ella deja de ser paciente por un rato y vuelve a ser alumna. Puede hacer tareas, leer un libro o jugar. Es como si viniese aquí a evadirse un poco de dónde está. Para nosotros es una medicación más, nos ayuda psicológicamente tanto a ella como a nosotros’", dice Inma, la madre. Daniel añade: "Los docentes son encantadores, son piezas fundamentales del tratamiento. Incluso cuando los niños no pueden salir de la habitación, ellos suben y encuentran formas de entretenerlos, les traen plastilinas, juegos o actividades que les hacen mover las manos e interactuar. Es una parte muy importante de la recuperación".

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En estas aulas, la educación va mucho más allá de los contenidos académicos, porque ofrece un espacio donde los niños vuelven a ser niños. "Aquí no solo seguimos el currículo, sino que también intentamos crear un ambiente de normalidad y humanización", explica José, docente en el aula hospitalaria del Reina Sofía. "El niño mantiene su rutina escolar y eso le ayuda a pasar mejor el tiempo ingresado. Para muchos, el aula se convierte en un pilar fundamental dentro del hospital”.

Proyectos adaptados a cada niño y en constante comunicación con los colegios

Los profesores se adaptan a cada situación, edad y necesidad. Laura, docente en Sevilla, detalla cómo funcionan: "Tenemos proyectos educativos adaptados a cada niño, relacionados en muchos casos con la salud. Para los que están en aislamiento o no pueden subir al aula, llevamos el aula hasta ellos. Les proporcionamos materiales, trabajamos con ellos en la habitación y tratamos de mantener su conexión con la escuela y con sus compañeros. Incluso los padres se convierten en alumnos más, colaborando con los proyectos y las actividades”.

Porque el acompañamiento a las familias también es clave. Loli, docente en el Hospital Virgen Macarena, asegura que "trabajamos codo con codo con las familias, que están en una situación vulnerable por la hospitalización de sus hijos. Es un trabajo muy gratificante, porque además de enseñar, acompañamos y ayudamos a que los padres se sientan apoyados".

Para las familias, la existencia de estas aulas ofrece un respiro y un apoyo psicológico imprescindible. !Aquí los niños se distraen, juegan y aprenden, y nosotros podemos respirar un poco", asegura Inma, madre de Leire.

Hugo, un mes en el hospital

Eugenia, madre de Hugo, un niño al que le han detectado cáncer, también destaca la importancia del haber dado con el aula hospitalaria: "Es un espacio fundamental, un apoyo único e imprescindible. Hugo puede salir un poco de la rutina de la habitación y motivarse hacia otras actividades. Le da fuerza y le permite interactuar con otros niños, incluso cuando su estado no le permite seguir el ritmo normal del colegio".

Y es que esta zona de aprendizaje no solo mantiene la actividad académica, sino que también permite a los niños mantener la relación con sus compañeros y el centro educativo habitual. Marian, docente del Reina Sofía, explica que "cuando un niño va a estar una media o larga estancia, nos ponemos en contacto con su escuela, tutores y equipo directivo. Adaptamos el currículo según sus necesidades, priorizando contenidos básicos y asegurándonos de que no se descuelguen de su curso. La educación aquí no es solo académica, también es emocional y social".

Ana Fernández Teijeiro, jefa de la sección de Onco-hematología del Hospital Reina Sofía, destaca que estas aulas son una parte fundamental de la atención pediátrica. "Garantizan que los niños mantengan actividad académica adaptada a su curso, pero también que no se sientan aislados ni desconectados de su entorno escolar. Mantener esta normalidad es un factor que contribuye a su bienestar general".

Educación, cuidado y acompañamiento

Para los docentes, el trabajo en estas aulas es un reto en el que se puede combinar educación, cuidado y acompañamiento. José señala que "aquí confluyen emociones muy diversas. Algunos niños llegan asustados, y nuestra labor es tranquilizarlos, enseñarles y ofrecerles un espacio seguro. La familia también participa activamente, especialmente las madres y padres que renuncian a su trabajo para estar con sus hijos, colaborando con nosotros y con el equipo sanitario”.

Las aulas hospitalarias, en definitiva, son espacios de humanidad, educación y esperanza. Para Leire, Hugo y tantos otros niños, estas aulas no solo permiten continuar con su aprendizaje, sino que les ofrecen un refugio donde pueden jugar, aprender y sentir que la vida continúa más allá de la enfermedad. Son lugares donde la educación y el cuidado se entrelazan, donde los docentes no solo enseñan sino que escuchan, acompañan y sostienen, y donde las familias encuentran un apoyo imprescindible.

CODAPA como nexo de unión

CODAPA destaca la labor de estos centros como ejemplo de la educación pública andaluza en su máxima expresión, es decir, accesible, inclusiva y adaptada a cada circunstancia. "Difundir su trabajo entre las familias es esencial", afirma Marina Jiménez. "Queremos que todas las familias sepan que este recurso existe y que sus hijos no están solos, aunque estén ingresados en un hospital".

En un aula hospitalaria, un niño deja de ser paciente por unas horas y vuelve a ser alumno. Juega, aprende, interactúa con otros niños y recupera algo que la enfermedad le arrebató, su rutina, y su vida escolar.