La 'culpa' de Alejandro Alcolea, superviviente del accidente en Adamuz: "Me avergüenzo casi de haber salido ileso"

Alejandro Alcolea, superviviente del accidente en Adamuz. EFE
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Uno de los supervivientes del accidente de dos trenes el domingo en Adamuz (Córdoba), Alejandro Alcolea, un profesor de educación física de Móstoles, ha explicado este miércoles a EFE que siente una especie de "culpa" sin ser culpable: "Me avergüenzo casi de haber salido ileso".

Ha indicado que es un "sentimiento muy desagradable" parecido a la culpa, el cual define como la necesidad de pedir perdón a todos "los compañeros con los que has compartido tragedia" que se han "quedado en las vías del tren", mientras él podía ya "al día siguiente hacer cosas de la vida normal".

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Como sobreviviente, dice a las víctimas: "Lo siento, siento mucho que otros pasajeros como yo podamos seguir viendo el cielo, o riendo o cenando con nuestras familias; de verdad que lo siento, lo siento mucho". Ese extraño sentimiento ahora comprende que "es cierto que existe", y añade que es "muy difícil de gestionar" y que está "intentando trabajar día tras día" en ello, ayudado por una cuñada suya, que es psiquiatra.

Alejandro ha relatado a EFE-TV que regresaba a Móstoles desde Estepona, adonde va muchos fines de semana porque es donde reside su pareja y donde criarán a su hijo. Suele viajar con billete sencillo en los coches del cuatro al ocho, pero esa vez iba en el 3 porque compró una tarifa denominada infinita, para ir en los coches del uno al tres. Dudó un rato, porque, confiesa, es "muy indeciso", hasta que le dijo a su pareja al comprarlo en la taquilla que esa vez sí porque había "poca diferencia de precio". "Quizás si hubiera ido en el coche cinco o en el seis también hubiera resultado ileso", especula, aunque agrega: "Doy gracias que pendiendo de un hilo me diera por coger ese tipo de billete".

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Notó una sensación extraña a sus pies

Para rememorar el siniestro, Alejandro dice que primero notó algo debajo de los pies, "como piedrecillas debajo", una "sensación como de atropellar algo", hasta que fueron "zarandeándose cada vez más". Entonces, levantó la tapa, sobre la que iba editando vídeos, y se agarró, aunque sin pensar en un descarrilamiento, solo porque no le dio buena espina, en un instante en el que no sabía si estaban frenando y que se le "hizo eterno".

"Era un rugido muy fuerte, y paralelamente iba viendo cómo pasaba el Alvia por nuestra derecha", ha descrito. E incluso apunta que llegó a pensar si el zarandeo provenía del otro tren, el cual cree que pasó menos de veinte segundos antes. Cuando pararon, telefoneó a su familia y su pareja para decirles que estaba bien y que no sabía qué había pasado, pero que sería grave y que lo vieran por la tele, porque tenía poca batería y no podía contarles más.

"Yo pensaba que era un descarrilamiento, un susto, fíjate, otra vez un problema", y ni se le ocurría un accidente tan grave, ni siquiera cuando los azafatos solicitaban a quien fuera sanitario que fuera a los siguientes vagones. Dejaron sus asientos a los heridos que iban llegando y él se ocupó en poner una de las escaleras exteriores para que pudieran desalojar el tren.

Ayudaron en cadena a desalojar el tren

Al salir, miró a un lado y descubrió la que se había montado, en referencia a los vagones descarrilados de su tren, sin sospechar aún que había otro tren también implicado. Ayudaron a bajar a un hombre que estaba encima del vagón 8, apartaron obstáculos, repartieron agua y comida, movieron maletas, hasta que, mucho tiempo después, no sabe cuánto, oyó a un bombero decir que "el otro tren" estaba peor.

"Yo miraba a la oscuridad y decía, pero qué otro tren", aunque se le vino a la mente que se habían cruzado con otro. En su zona, aunque "era un auténtico caos, parecía una guerra, muy feo", había algo de luz de una farola, pero más allá estaba completamente oscuro. De pronto, desde la oscuridad, empezó a llegar un "río de personas", caminando ayudadas, unas más lesionadas que otras. Poco después comprobó la solidaridad de los vecinos de Adamuz, que les dieron bocadillos, y esa misma noche le llevaron en bus a Madrid, por lo que a las seis de la mañana llegó a su casa de Móstoles.

A corto plazo preferirá viajar por carretera, porque no se imagina despidiéndose en una estación ferroviaria de su pareja; más adelante espera quitarse el temor y viajar de nuevo en tren, y, de Málaga a Madrid, recordar la tragedia al pasar por ese tramo de Adamuz, "muy reconocible".