El derecho de Manuel, un niño con autismo, a no sentirse solo en clase: la lucha de una madre de Sevilla por un "monitor sombra"

Manuel lee un libro junto a su madre, María Salas. Redacción Andalucía
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SevillaManuel es un niño que, en palabras de quienes le rodean, se hace querer por todos. A sus 11 años, este sevillano convive con el síndrome de Dravet, una epilepsia severa que condiciona su día a día, y un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA). Pero, a pesar de las barreras, Manuel es feliz.

Lo es en su colegio, donde está plenamente integrado afectivamente. Sin embargo, a medida que avanza la etapa de Primaria, el abismo curricular se hace más profundo. Este menor está en quinto, pero su nivel de aprendizaje arrastra un desfase de casi cuatro años. Por eso, para que ese abismo no lo aísle académicamente, su madre ha iniciado la cruzada personal de conseguir la figura de un "monitor sombra".

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Este asistente, dice, "no es un lujo", sino una necesidad terapéutica y educativa. De poder contar con él, el monitor sombra actuaría como un intérprete del entorno para Manuel, ayudándole a organizar las tareas, a mantener la atención y a mediar en su comunicación con el resto de la clase. "Mi hijo no puede seguir el ritmo de la clase solo. Está en una clase ordinaria con sus apoyos, pero necesita a alguien que esté ahí con él, que sea su guía para que no se pierda", relata su madre.

Porque para la familia, ver a Manuel integrado y feliz es la única prioridad, pero, a veces, todo se ve empañado por el estrés de saber que el niño no cuenta con todos los recursos que por ley se supone que le corresponden.

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Un laberinto de plazos y silencios

La madre de Manuel lleva meses moviéndose entre informes médicos y solicitudes administrativas. Conoce bien la normativa y sabe que la ley educativa actual obliga a las administraciones a dotar de recursos suficientes al alumnado con necesidades especiales. Sin embargo, su petición se ha topado con un muro de silencio. "Presentamos toda la documentación en tiempo y forma, cumpliendo con los plazos de las asociaciones, pero no hemos obtenido respuesta. El silencio administrativo no puede ser la solución cuando hablamos del futuro de un niño", explica.

La incertidumbre es lo que más pesa en el hogar de Manuel. La familia sabe que existe un convenio que regula estos apoyos hasta el año 2027, pero el tiempo de Manuel es ahora. Cada día que pasa sin ese refuerzo en el aula es, para ellos, una oportunidad perdida de progreso. "El estrés que vivimos actualmente desaparecería si esta figura entrara en clase. Lo que queremos es que el niño avance a su ritmo, que no se sienta frustrado al ver que no llega donde llegan los demás", confiesa su madre, quien ya ha solicitado formalmente el certificado de silencio administrativo para intentar desbloquear la situación.

La felicidad por encima del currículo

A pesar de las dificultades, la familia de Manuel no se plantea un cambio de centro. El colegio actual es su entorno seguro, el lugar donde le cuidan y le comprenden. "Él está perfectamente adaptado, todo el mundo le quiere. Manuel ha repetido cursos y para nosotros eso no es un problema; lo que importa es que avance, sea cual sea su velocidad", señala.

El monitor sombra representaría para este alumno de quinto de Primaria, según su madre, la posibilidad de participar plenamente en las dinámicas de sus compañeros, evitando que su discapacidad se convierta en una exclusión silenciosa dentro del aula: "Solo pido que se nos escuche. Mi hijo está ejerciendo su derecho a aprender y a ser parte de su clase con el apoyo que necesita", concluye.

La postura de la Delegación de Educación

Desde la Delegación de Educación han querido matizar la situación técnica del caso de Manuel. Según explican fuentes de la administración, el menor ya cuenta actualmente con recursos de apoyo a través del aula de integración del propio centro, gracias al concierto que el colegio mantiene con la Consejería.

Respecto a la reclamación del "monitor sombra", la administración aclara que esta figura no forma parte de los recursos estructurales del sistema educativo andaluz, sino que se ha venido gestionando mediante convenios específicos con diversas asociaciones. En este sentido, confirman que a finales del año pasado se firmó un nuevo acuerdo que establece la extinción de esta figura para el año 2027.

A partir de esa fecha, el modelo de voluntariado será sustituido íntegramente por recursos públicos, al entender la Junta que la atención al alumnado con necesidades especiales debe ser garantizada directamente por la administración y no a través de programas externos. Por este motivo, el convenio actual ya no permite la incorporación de nuevos monitores en el sistema