La lucha de una familia para que su hija de acogida de siete años vuelva a casa: "No nos dejan verla, que sepa que no la hemos abandonado"

Pepe y Loli, los padres de acogida de Gójar, Granada
Pepe y Loli, los padres de Granada que luchan por recuperar a su hija de acogida. Redacción Andalucía
  • Una pareja de Gójar reclama el regreso de la niña de siete años que actualmente se encuentra en un centro de menores

  • Vecinos, compañeros de colegio y amigos se han movilizado para pedir que la pequeña recupere el hogar donde encontró estabilidad por primera vez

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En la casa de Pepe Ferrer y Loli Gómez el tiempo parece haberse detenido. La habitación de la pequeña sigue prácticamente igual que el día en que se la llevaron. Sus cuentos permanecen ordenados en una estantería, los juguetes continúan en su sitio y parte de su ropa aún espera en los armarios. 

Han pasado varias semanas desde que dejaron de verla, pero la familia se resiste a asumir que la niña ya no forma parte de su día a día. "Estamos peleando todo lo que podemos", asegura Pepe Ferrer, convencido de que la menor debería regresar a la vivienda de Gójar donde residió durante 17 meses y donde, según quienes la conocen, logró recuperar la confianza y la estabilidad que necesitaba. 

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Con apenas siete años, la pequeña acumula una historia marcada por situaciones difíciles que pocos niños deberían vivir. Sin embargo, quienes compartieron su vida durante el último año y medio prefieren recordar su sonrisa, sus avances en el colegio, sus ganas de aprender y la ilusión con la que comenzó a construir nuevas amistades. 

Una segunda oportunidad 

Pepe y Loli obtuvieron en mayo de 2023 el certificado de idoneidad concedido por la Junta de Andalucía para convertirse en familia de acogida. Poco después llegó a su casa la menor, la segunda niña a la que abrían las puertas de su hogar

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Su adaptación no fue sencilla. Según relata la familia, la pequeña arrastraba importantes secuelas emocionales derivadas de experiencias anteriores. "La niña llegó con cinco años en un estado deleznable. Apenas hablaba, no estaba bien cuidada y tenía muchísimos miedos", recuerda Pepe Ferrer. 

Las noches eran especialmente complicadas. Los terrores nocturnos eran frecuentes y necesitaba sentirse acompañada para poder descansar. Poco a poco, con paciencia y apoyo constante, comenzó a confiar en quienes la rodeaban. 

"Llegó con muchas dificultades, pero enseguida conectó con nuestras hijas y con nuestros nietos. Empezó a sentirse parte de la familia", explica. 

Una infancia reconstruida 

Con el paso de los meses, la evolución de la niña fue evidente. La familia asegura que comenzó a desarrollar una rutina estable, a relacionarse con otros niños de su edad y a disfrutar de actividades que antes le resultaban ajenas. 

Aprendió a leer con mayor soltura, descubrió su interés por el teatro y construyó amistades que hoy siguen preguntando por ella. "En el colegio era una líder. Tenía muchos amigos y estaba sacando muy buenas notas", destaca Ferrer. 

La familia insiste en que nunca intentó sustituir a sus familiares biológicos y que siempre respetó los vínculos de la menor con sus hermanas y con el resto de su entorno familiar. "Nosotros no queríamos reemplazar a nadie. Solo queríamos darle estabilidad, cariño y un lugar seguro donde crecer", explica. 

Aun así, recuerdan que seguía necesitando apoyo emocional. "Tiene terrores nocturnos y duerme con un peluche al que está muy unida. Todavía tenemos muchas de sus cosas aquí porque salió de casa sin ellas". 

Del acogimiento a una adopción fallida 

La situación cambió cuando la madre biológica perdió definitivamente la tutela de la menor. A partir de ese momento se abrió un procedimiento de adopción que modificó el futuro que la niña había comenzado a construir en Gójar. 

Los Ferrer-Gómez defendieron entonces una alternativa distinta, transformar el acogimiento temporal en un acogimiento permanente. Una figura que habría permitido que la pequeña continuara viviendo con ellos sin necesidad de ser adoptada y conservando los lazos afectivos que ya había construido durante ese tiempo. 

"Somos familia de acogida, tenemos experiencia y queríamos postularnos para un acogimiento permanente", explica Ferrer. Sin embargo, asegura que esa posibilidad fue descartada. 

Finalmente, la administración seleccionó para la menor una adopción con una persona residente en Málaga. 

Un proceso que no funcionó 

La familia sostiene que mostró desde el principio sus reservas respecto a la idoneidad de esa opción para la niña. 

Según explican, la menor presentaba dificultades para establecer vínculos afectivos con figuras masculinas debido a experiencias traumáticas anteriores. Aun así, afirman que colaboraron para intentar que el proceso funcionara. "Nosotros intentamos ayudar para que todo saliera bien porque lo importante era ella", aseguran. 

Sin embargo, la adopción terminó fracasando y la pequeña no regresó a Gójar. Su destino fue un centro de protección de menores, donde permanece actualmente. 

La decisión ha generado una profunda incomprensión en la familia de acogida, que considera que la menor debería haber vuelto al entorno en el que había conseguido estabilidad emocional. 

La separación que nadie esperaba 

El momento en el que dejaron de verla sigue siendo uno de los recuerdos más dolorosos para Pepe y Loli. "Se llevaron a la niña del colegio sin avisarnos y sin notificarnos nada previamente", denuncia Ferrer. 

Según su relato, la retirada se produjo con la intervención de agentes y personal técnico vinculado a los servicios de protección de menores. 

"No pudimos despedirnos de ella ni explicarle qué estaba pasando. De un día para otro desapareció de nuestras vidas", lamenta. Desde entonces no han vuelto a verla. 

Tampoco han podido entregarle algunas de sus pertenencias más personales ni explicarle que continúan luchando para recuperar el contacto. "No nos dejan verla. Lo único que queremos es que sepa que seguimos aquí y que no la hemos abandonado", afirma. 

La versión de la Junta 

Por su parte, la Junta de Andalucía mantiene que todas las decisiones relacionadas con menores tutelados se adoptan atendiendo al interés superior del niño y recuerda que no puede ofrecer información específica sobre casos concretos para preservar la intimidad de los menores implicados. 

Mientras tanto, los Ferrer-Gómez han acudido a los tribunales y han solicitado medidas cautelares con el objetivo de recuperar el contacto con la pequeña. 

Además, cuestionan algunos aspectos del procedimiento. "Hemos pedido explicaciones porque entendemos que determinadas decisiones no se nos notificaron en tiempo y forma. Creemos que hay cuestiones que deben aclararse", sostiene Ferrer. 

Un pueblo movilizado por la niña

La historia ha trascendido el ámbito familiar y ha encontrado eco en toda la localidad de Gójar. Vecinos, profesores, padres y compañeros de colegio se han sumado a una movilización que busca llamar la atención sobre la situación de la menor. 

Las cartas de apoyo a la familia se acumulan y numerosos vecinos han querido trasladar públicamente su respaldo a Pepe y Loli. "Todos los padres de sus compañeros nos escriben cartas. El pueblo se ha volcado con nosotros", asegura Ferrer. 

Más que una casa 

Para quienes impulsan esta movilización, el debate va mucho más allá de una cuestión administrativa. 

Consideran que la pequeña había conseguido sentirse parte de una familia, construir amistades y encontrar un lugar al que llamar hogar. 

Por eso reclaman que pueda regresar al entorno donde pasó los últimos 17 meses de su vida, rodeada de personas que la conocen, la quieren y siguen esperándola. 

"Nosotros lo estamos pasando muy mal", reconoce Pepe Ferrer. "Pero lo que realmente nos preocupa es ella. Es una niña de siete años. Lo único que queremos es que esté bien y que pueda volver al lugar donde era feliz".