Málaga

"Si no lo leo, no lo veo": la cerámica inclusiva de dos docentes malagueñas que reivindican el braille

Esther y Amalia con una de sus creaciones. Redacción Andalucía
  • Esther y Amalia incorporan el sistema Braille a sus piezas hechas a mano para acercar el arte y la información a las personas con discapacidad visual

  • Su taller, nacido en Málaga, ha encontrado eco dentro y fuera de España gracias a una propuesta que une artesanía, accesibilidad y conciencia social

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En un pequeño taller de Málaga, el barro no solo se transforma en tazas, platos o piezas decorativas. Aquí también se convierte en palabras. Palabras que no se leen con la vista, sino con las yemas de los dedos. Detrás de este singular proyecto están Esther y Amalia, dos maestras con más de 25 años de experiencia trabajando con alumnado con discapacidad visual que han encontrado una forma de unir sus dos grandes pasiones: la educación y la artesanía. 

La iniciativa surgió poco después de la pandemia como una actividad completamente altruista. Lo que comenzó como un hobby compartido acabó convirtiéndose en una herramienta para visibilizar la realidad de las personas ciegas y reivindicar el acceso universal a la información. "Queríamos unir nuestras dos pasiones, la educación y la cerámica", explican. 

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Del aula al barro 

Su conocimiento sobre la discapacidad visual no es casual. Ambas trabajan con alumnos de Primaria y Secundaria con necesidades educativas especiales y conocen de primera mano las barreras a las que se enfrentan muchas personas ciegas en su día a día. 

Esa experiencia les llevó a plantearse cómo podían trasladar el sistema Braille a la cerámica. No fue sencillo. "Encontrar la manera de incorporar el Braille fue una tarea motivadora, aunque nada fácil", recuerdan. El reto consistía en conseguir que cada punto tuviera el relieve, la distancia y la precisión necesarias para que pudiera ser leído correctamente por una persona ciega. 

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Porque en Braille, un pequeño error puede cambiarlo todo. "En el horno pasan muchas cosas. Un punto de más o un punto desplazado puede convertirse en una falta de ortografía", explican. Por eso cada pieza requiere un proceso extremadamente cuidadoso y artesanal. 

Cerámica que también se puede leer 

El resultado son tazas, platos, corazones decorativos y otros objetos cotidianos que incorporan mensajes en Braille perfectamente legibles. Algunas piezas combinan texto convencional y escritura táctil, mientras que otras están escritas exclusivamente en Braille. 

Lejos de ser una simple propuesta estética, cada creación busca transmitir un mensaje. Muchas de ellas juegan con frases que invitan a reflexionar sobre los estereotipos asociados a la discapacidad visual. Es el caso de expresiones como "Ojos que no ven, corazón que siente", una reinterpretación de un conocido refrán, o mensajes como "Tócame y verás" y "Si no lo leo, no lo veo". 

"Queremos reivindicar esas expresiones que muchas veces afianzan el desconocimiento sobre las personas ciegas", señalan. A través de sus piezas buscan generar empatía y hacer reflexionar sobre cómo percibimos la discapacidad. 

Un vacío que descubrieron por casualidad 

Durante mucho tiempo, Esther y Amalia regalaron sus creaciones a familiares, amigos y personas cercanas. Fue precisamente para conservar un recuerdo de aquellos trabajos por lo que decidieron abrir una cuenta en Instagram donde compartir fotografías de las piezas. 

Lo que ocurrió después las sorprendió. Comenzaron a recibir mensajes de personas interesadas en adquirir sus creaciones y descubrieron una realidad que desconocían: la escasa oferta de productos personalizados en Braille. 

"Muchas familias nos preguntan porque quieren hacer un regalo especial y en el mercado hay muy poco accesible para las personas con ceguera", explican. Esa necesidad latente hizo que su proyecto empezara a ganar visibilidad dentro y fuera de España. 

Hoy reciben encargos personalizados en los que participan estrechamente con cada cliente. "Cuando alguien nos hace un pedido es algo muy íntimo. El proceso lo viven con nosotras y los mensajes de agradecimiento nos emocionan muchísimo", reconocen. 

Más que una taza 

Entre las piezas más demandadas destacan las tazas personalizadas. Algunas son encargadas por personas con discapacidad visual, pero muchas otras son solicitadas por familiares o amigos que quieren compartir el mismo diseño. 

"Una taza que te identifica mola mucho", comentan entre risas. En muchas ocasiones, toda la familia decide tener la misma pieza, independientemente de que alguno de sus miembros tenga o no discapacidad visual. 

Esa normalización es precisamente uno de los objetivos que persiguen. Que el Braille deje de verse como algo exclusivo de un colectivo y pase a formar parte de la vida cotidiana de toda la sociedad. 

Un derecho aún pendiente 

Más allá de la artesanía, Esther y Amalia insisten en que su proyecto tiene una clara vocación reivindicativa. Consideran que el Braille sigue siendo un gran desconocido para buena parte de la población y recuerdan que todavía existen numerosos espacios donde las personas ciegas encuentran dificultades para acceder a la información. 

"No hay Braille en muchos supermercados, ni en multitud de productos de uso diario, ni siquiera en muchos ámbitos sanitarios. Queda mucho por hacer", aseguran. 

Por eso defienden que el Braille no debe entenderse únicamente como un sistema de lectura, sino como un derecho fundamental. "Queremos visibilizar que el Braille es un derecho universal. Permite acceder a la información, fomenta la autonomía personal y ayuda a sensibilizar a la sociedad". 

De Málaga al mundo 

Aunque continúan desarrollando esta actividad de forma esporádica porque compatibilizan el proyecto con su trabajo como docentes, sus creaciones han logrado cruzar fronteras gracias a las redes sociales. 

Han enviado piezas a Francia, Italia y varios países latinoamericanos. Uno de los momentos que recuerdan con más ilusión fue cuando un pequeño corazón de cerámica con la palabra "gracias" escrita en Braille llegó a manos de una de las personas que promueve que este sistema de lectoescritura sea reconocido como Patrimonio de la Humanidad. 

Coincidiendo además con el 200 aniversario de la creación del Braille, Esther y Amalia continúan ampliando un proyecto que también ha dado lugar a la creación de la Asociación Rúa, desde la que siguen impulsando iniciativas de sensibilización. 

Desde su pequeño taller malagueño, estas dos maestras han demostrado que una pieza de barro puede convertirse en mucho más que un objeto decorativo. Puede ser una herramienta de inclusión, una forma de aprendizaje y un puente entre personas que perciben el mundo de maneras diferentes.