Salvador Piosa deja de actuar en las calles tras recibir un ultimátum policial
El músico reclama una regulación para los artistas urbanos
"Con estas sencillas y sinceras palabras me despido de una ciudad, que aunque no es mi Moguer natal, la siento como mía". Así comienza la carta con la que Salvador Piosa Cruzado ha anunciado su retirada como músico callejero de Huelva después de más de un año compartiendo su saxofón, su voz y su flauta dulce en plazas y calles de la capital.
Más que una despedida, la carta es en realidad una declaración de amor a la música y a una ciudad que, según reconoce, le ha cambiado profundamente. "Me ha dado tanto esta experiencia, me ha hecho crecer tanto interiormente que no quiero despedirme de esta actividad y ciudad sin dedicarle unas palabras de agradecimiento", escribe.
Una experiencia que le transformó
Salvador, maestro de Música jubilado, asegura que tocar en la calle le ha aportado mucho más que unas monedas en el maletín de su saxofón. Habla de crecimiento personal, de confianza y de una nueva manera de relacionarse con las personas.
"Me siento afortunado, satisfecho, empoderado y afianzado en mi propia personalidad", afirma. Y añade que la experiencia le ha dejado "cientos de experiencias y anécdotas gratificantes" que le han ayudado a crecer "como persona y como ser más humano".
Según relata, la música en la calle le permitió desarrollar habilidades que no tenía potenciadas. "Me ha ayudado a desarrollar habilidades sociales, a empatizar con la gente y ha desarrollado en mí mi crecimiento como persona". Pero también ha supuesto una evolución artística. "Me ha hecho mejorar como músico, como intérprete, mejorando la forma en que expreso la música ya sea interpretada con instrumento o cantada".
El miedo escénico, reconoce, desapareció por completo. "Me ha dado muchas tablas. Ya no me da miedo actuar delante de cualquier público, por muy numeroso que sea. Me ha dado serenidad, paz, aplomo, confianza y aceptación de mis errores".
El cariño de los onubenses
Entre los recuerdos que atesora menciona encuentros que jamás imaginó vivir cuando decidió comenzar esta aventura. Recuerda con especial cariño el día en que el exalcalde de Huelva, Pedro Rodríguez, lo escuchó tocar en la Plaza de las Monjas y posteriormente le dedicó un artículo que acabaría formando parte de su libro "Huelva al Amanecer".
Pero si hay algo que destaca por encima de todo es el cariño recibido por parte de la ciudadanía. "Es por ello que siento un profundo agradecimiento a Huelva capital. Me ha hecho ser conocido. La gente me saluda con afecto y agradecimiento por el bien que la música que interpreto les ha hecho".
También dedica unas palabras a quienes considera sus seguidores más especiales. "Como no mencionar también a mis dos fans más jóvenes: Gonzalo y Alfonso, de poco más de un año de edad. Solo ver sus caras de satisfacción cuando me veían y escuchaban ya era mi mejor paga y goce".
La música una asignatura menor
En su reflexión, Salvador aprovecha para reivindicar el valor de la educación musical, una disciplina a la que ha dedicado buena parte de su vida profesional. "Soy maestro de música jubilado y la Música ha sido siempre considerada una 'María'", lamenta. Considera que históricamente ha sido una de esas materias "infravaloradas" dentro del sistema educativo.
Sin embargo, defiende con pasión su importancia. "La música tiene el poder de amansar a las fieras, de apaciguar y mejorar el estado de ánimo de quien la práctica y de quien la escucha". Para él, el efecto es evidente: "Tú estás en un determinado estado de ánimo y después de la experiencia musical, tu estado de ánimo ha mejorado".
Por eso asegura sentirse "un ser privilegiado" por haber podido dedicar parte de su tiempo a hacer precisamente lo que más le apasiona: "Música en la calle".
El ultimátum que puso fin a la aventura
Pero la carta también contiene la razón que le ha llevado a abandonar esta actividad. Según explica, el pasado 16 de junio fue su último día actuando en Huelva. Aquella mañana había disfrutado especialmente cantando junto a su vecina Rocío, de Moguer, en La Placeta.
"Me divertí de lo lindo", recuerda. Sin embargo, poco después recibió la visita de un agente de la Policía Local que ya le había advertido en ocasiones anteriores. "Me dio un ultimátum", relata. El policía, al que define como alguien que actuó "con total cortesía y educación", le comunicó que si continuaba tocando podría enfrentarse a sanciones por desobediencia, por actuar en la vía pública sin autorización y por el uso de megafonía.
Además, le informó de que podrían requisarle el saxofón, el bafle, la flauta, el atril y el carrito de transporte. "En una palabra, perdería todo el material", lamenta.
Una licencia que nunca llegó
El músico explica que intentó regularizar su situación. Tras la primera advertencia acudió al Ayuntamiento para solicitar una licencia que le permitiera actuar de forma reglada.
La respuesta, asegura, nunca llegó. "El silencio administrativo fue la respuesta recibida por el Ayuntamiento". Por ello considera que el verdadero problema es la inexistencia de una ordenanza municipal específica para regular la actividad de los músicos callejeros.
"Estoy abierto a cambiar de ubicación si en un lugar concreto molesto a alguien para trabajar, estudiar o porque esté enfermo", señala. Lo que no entiende es que se impida una actividad que considera beneficiosa para la ciudadanía.
"No hace daño a nadie y es una actividad cultural que además tiene el poder de mejorar el estado emocional de la ciudadanía".
Una despedida con esperanza
A pesar de la tristeza que reflejan algunas líneas de la carta, Salvador evita cualquier tono de confrontación. De hecho, insiste en que no guarda rencor hacia el agente que le trasladó las advertencias.
Su objetivo, asegura, es simplemente abrir una reflexión que permita avanzar hacia una regulación clara de esta actividad. "Solo puedo expresar mi contrariedad para que se pueda reflexionar y sacar la ordenanza municipal que regule la actividad con las normas pertinentes: horarios, tiempo máximo en el mismo sitio, lugares o tasas por ocupación de vía pública".
Por eso, más que una despedida definitiva, sus palabras suenan a un hasta luego. "No he querido desaparecer de las calles de Huelva, donde tantos amigos he hecho y tanto me ha aportado, sin dar una explicación".
Y concluye con un deseo que resume el espíritu de toda su carta: "Espero que en el futuro se regule la ordenanza municipal que regula la intervención en la calle de los músicos callejeros y pueda volver a hacer la actividad que tanto bien me ha hecho".
Mientras llega ese día, Salvador Piosa se despide de Huelva como llegó: con música, gratitud y una sonrisa. "Gracias, gracias, gracias".

