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La "tozudez" de Oriol, el ingeniero catalán que corre más de 100 horas seguidas: "Lo primero que me dice la gente es que estoy loco"

Oriol, el ingeniero catalán que corre más de 100 horas seguidas. Cedida
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BarcelonaCorrer más de 100 horas seguidas ha llevado a un ingeniero electrónico catalán a cruzar sus propios límites, situando a España en el mapa de la Backyard Ultra, una carrera de ultradistancia sin línea de meta ni tiempo final predefinido con un trazado en un bucle de 6,7 kilómetros, a realizar en una hora. Gana el que más resiste, no el más rápido. Una auténtica prueba que pone a prueba la resistencia tanto mental como física de Oriol Antolí.

"Me ha sorprendido la capacidad de ponerme a correr como un autómata sin pensar en nada más. La clave es ser meticuloso y, sobre todo, tozudo", explica a Informativos Telecinco el corredor, quien descubrió tras aficionarse por el 'running' en 2006 que su habilidad no residía en la velocidad: "Ir rápido me costaba mucho. En cambio, largas distancias aguantaba".

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Este autoconocimiento le permitió ir haciendo cada vez distancias más largas: "Pasé de los 100 kilómetros a ganar una carrera de 1.000 kilómetros en 2018, que serían 290 horas. Después de la pandemia ya apareció la modalidad de Backyard Ultra, que inicialmente no me llamaba la atención".

"Lo primero que me dice la gente es que estoy loco"

Tras probarlo, empezó a aficionarse por una modalidad en la que ha llevado el límite humano al extremo en la particular Big Dog Backyard Ultra, realizada a finales de octubre en Estados Unidos, donde logró consagrarse como el séptimo del mundo y hacer el récord de España con un total de 103 horas y 690 kilómetros.

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"Lo primero que me dice la gente es que estoy loco. Luego tienen mucha curiosidad y me preguntan por cómo duermo, como y la capacidad de aguantar el entrenamiento. El típico comentario es el de Forrest Gump", afirma Oriol, quien considera la gestión del tiempo lo más difícil de su disciplina: "Estas 100 horas, que son cuatro días y medio casi, que vas sin dormir, o duermes en tandas de 3, 4 o 5 minutos a la hora. La gestión es muy importante para maximizar el tiempo de sueño".

Si el corredor termina cada vuelta antes de los 60 minutos, aprovecha para descansar. Una batalla contra sí mismo donde las primeras 50 horas son vitales. Después aparece una fatiga mental que "empieza a afectar mucho más" que el cansancio físico: "Cuanto más cansado estás es a partir de la segunda noche o la tercera. Para comer intentas que sean cosas rápidas. Lo tenemos todo súper organizado para que sea lo más rápido posible para maximizar el sueño".

La gestión del lavabo y las alucinaciones

Lo mismo ocurre con la gestión del lavabo: "Normalmente en medio del recorrido hay unos lavabos y de hecho una de las normas es que solo puedes salir del recorrido para ir al lavabo, no puedes salir por nada más. Depende de cómo te lo montes, puedes aprovechar. En tiempo de carrera, si estás un minuto más en el lavabo no pasa nada, pero si tienes cinco minutos de estar al descanso y vas un minuto, quizás no llegas a la línea de salida".

Un proceso en el que puede parecer que las horas pasan lentas, aunque para Oriol es todo lo contrario: "En la primera fase hay mucha gente y puedes ir charlando con los corredores. Cuando van quedando menos el reto es mayor, pero es mucho más motivador. Tiras de motivación y no pasa lento. Al final quieres estar corriendo más que descansando porque cuando lo haces es estresante. El tiempo es limitado y corriendo tienes margen para ir más tranquilo".

Este reto le ha llevado a combatir en plena carrera con las alucinaciones: "Estás tres, cuatro o cinco noches que no duermes. Con los años he ido haciendo cada vez más kilómetros, pues te das cuenta de que las cosas más o menos se pueden llevar. Sano no es seguramente", admite Oriol, quien sufrió precisamente de esta percepción en la carrera donde estuvo más de 100 horas corriendo.

"Mentalmente no sabes lo que viene"

"Iba con un belga, que me estaba ayudando porque iba muy falto de sueño. En ese momento pensaba que él me proponía un juego de encontrar un objeto escondido. Yo no quería y estaba enfadado con él. Toda una paranoia y en realidad él lo que estaba haciendo era activarme para ayudarme a llegar", destaca el corredor sobre unas carreras donde la cooperación entre los participantes es crucial.

Cientos de kilómetros donde el sufrimiento también forma parte de la carrera. Cuando el segundo acaba, el primero tiene que hacer una vuelta más: "He hecho 103 horas y nunca diré que puedo hacer 130. Lo puedo intentar, pero mentalmente no sabes lo que te viene. Juega malas pasadas y aunque físicamente puedas estar bien y hayas entrenado mucho, la mente juega mucho en estas carreras".

Este proceso de autoconocimiento físico y mental le ha permitido cruzar sus propios límites: "Pensaba que en esta modalidad haría dos vueltas y no aguantaría más porque sería pesado. Pero he descubierto que soy capaz de adaptarme a las situaciones. Supongo que esto es lo que más premia en las Backyards", sentencia Oriol, expectante por afrontar nuevos retos repletos de kilómetros por recorrer y días sin dormir.