La pareja ha pasado tres meses malviviendo en un parking tras ser desahuciada de un piso de alquiler
Ahora han sido realojados de forma temporal mientras esperan encontrar una vivienda asequible
BarcelonaDurante 92 días, José Antonio Roncales y Nuria Márquez han vivido "la peor pesadilla" de su vida. Es el tiempo que se han refugiado en su coche en un parking subterráneo en el mismo edificio donde estaba el piso del que fueron desahuciados el 3 de febrero en Sabadell.
Ahora respiran algo más tranquilos tras ser realojados en un hostal que pagan junto al Ayuntamiento de Sabadell. Pero la pareja sigue inquieta por "La incertidumbre si se renueva o no. Queremos un hogar para nosotros y nuestro hijo Pol", reclama José Antonio. Fuentes municipales indican que se está haciendo un seguimiento y se les está ayudando con un alojamiento temporal mientras se tramita una vivienda de emergencia.
La vida de José Antonio y Nuria dio un vuelco en 2016 cuando perdieron el piso porque no podían afrontar la hipoteca sólo con el sueldo de 1.400 euros de vigilante de seguridad porque Nuria tuvo que dejar su trabajo de limpiadora por una fibromialgia. Tiene una discapacidad reconocida del 39% y no cobra ninguna ayuda mientras espera la resolución. Tuvieron que hacer una dación en pago de la vivienda y buscar otra alternativa.

La pareja, con su hijo pequeño, escogió un piso de alquiler por 850 euros al mes. José Antonio cuenta que empezaron a ver irregularidades en el pago porque el propietario, un gran tenedor, les pedía que hicieran los ingresos en cuentas diferentes e incluso entregas de dinero en mano. Hasta que un día recibieron una orden de desahucio. La tercera se acabó ejecutando pese el cambio de propiedad a la Sareb. Y José Antonio, Nuria y su hijo Pol se quedaron en la calle tras 16 años. En ocho horas, trasladaron "toda su vida" a dos plazas de parking situadas en los bajos del mismo edificio. "Nunca piensas que te va a pasar algo así", afirma Nuria.
Situación límite
El golpe del desahucio inesperado les provocó una crisis ese mismo día: "Mi mujer se desmayó durante el desahucio y yo, en un momento de incertidumbre, entré en el lavabo de un hospital, cogí una bolsa de basura y me la metí en la cabeza hasta que fui atendido por los sanitarios. Estuve quince días de baja por intento de suicidio.", recuerda José Antonio.
Durante ocho meses vivieron con una hija de Nuria mientras buscaban una alternativa hasta que les pidió que se marcharán. Fue entonces cuando la pareja decidió mudarse al parking y su hijo Pol fue a vivir con unos familiares. Junto a sus muebles y cajas amontonadas, José Antonio y Nuria, cubiertos de capas de ropa, han dormido en su coche, se han alimentado de comida fría y han pasado sin agua corriente hasta que acudieron al Refugi, de la asociación Ningú Sense Sostre, donde podían ducharse, poner lavadoras y comer caliente un par de días a la semana. "Ha sido la peor pesadilla", confiesa José Antonio.

"Sin esperanza"
La pareja ha buscado soluciones a través de los servicios sociales del Ayuntamiento de Sabadell, el Síndic de Greuges y el Defensor del Pueblo, mientras sigue tratando de encontrar un piso que poder pagar con los 1.400 euros de sueldo. "Lo hemos intentado todo. El precio del alquiler es inviable. No podemos afrontar una fianza, no hay pisos por 800 euros y no hay ayudas directas", lamenta José Antonio.
Un callejón sin salida al que no ven, de momento, solución. "Cuando ves que se alarga, te da el bajón. Estoy sin esperanza. No pido que me regalen un piso. Queremos un piso asequible que podamos pagar y volver a vivir con mi marido y mi hijo", reclama Nuria pero añade: "Te cansas de luchar y las fuerzas flaquean pero resistiremos. No pienso descansar hasta que no esté con ellos en un piso".
La entidad Ningú Sense Sostre constata que los casos como el de José Antonio y Nuria cada día van en aumento. Según datos de la Cruz Roja, en Sabadell viven unas 400 personas sin techo. "Hay personas que tienen ingresos para ir tirando pero si su vida da un giro y se viene abajo, pueden acabar en la calle", explica Joan Solé.

