Campaña para sumar un triciclo a 'En Bici sense Edat' para pedalear contra la soledad no deseada: "Ir en bici da felicidad"

La entidad, que cumple 10 años, busca el bienestar de personas mayores y con movilidad reducida
'En Bici sense Edat' impulsa una campaña para recaudar 5.000 euros para un triciclo más en Barcelona
BarcelonaCarmen, Manuela y Antonio viven en unos pisos tutelados para personas mayores autónomas. Se han apuntado a un paseo muy especial por Barcelona. "Si hay algo que vale la pena, me apunto", explica Antonio Casas, de 87 años. Les esperan dos voluntarios de 'En Bici sense Edat' con un triciclo eléctrico adaptado. "Con tal de dar paseos, lo acepto todo", añade risueña Manuela Pino, de 77 años. Han cruzado la ciudad rumbo al mar. "He dicho, vamos a la playa de broma y me ha tomado la palabra", comenta, entre risas, Carmen San Nicolás, de 80 años.
Es la primera vez de Antonio, que cuenta que han cruzado "por calles por donde hacía mucho tiempo no había pasado. Me ha encantado. Nos lo hemos pasado muy bien". Un trayecto en el que "todo el mundo te mira y te saluda. Es pasar el tiempo y ves gente. Muy bien", describe Carmen.
Los "pilotos" son voluntarios como Dídac Sabater, que lleva tres años compartiendo triciclo para crear vínculos. "Paseamos a personas de residencias, centros de día o pisos tutelados. Tienen ganas de salir para dar una vuelta por Barcelona. El viaje es lo de menos. Es la comunicación intergeneracional que hacemos para que se sientan acompañados. Es una lucha activa contra la soledad no deseada".
Unos paseos para reencontrarse, por ejemplo, con lugares como el barrio donde vivieron y que suelen tener como destino favorito la playa, como en esta ocasión. "La primera vez, suben con respeto y timidez. A los cinco minutos, transforman la cara y empieza un vínculo. Reconectan con su vida. Sonríen y saludan. Vuelven a participar de la ciudad. No son invisibles. Provocamos que tengan una actuación activa durante el paseo", describe Dídac. Dos horas en las que se comparten historias y también risas. Esta vez todos juntos en una terraza junto al mar. "Hemos hablado un poco. ¿Qué más queremos? Se lo recomiendo a todos", afirma convencido Antonio. "Volveremos más tarde a casa", adelanta Manuela.

Los tres coinciden en las posibilidades que brindan estos paseos compartidos para "los que no pueden caminar y les pueden dar una vuelta", como señala Antonio y también porque "hay muchas personas mayores que se encierran en casa porque no tienen donde ir ni con quién ir", lamenta Manuela y que "se tendría que hacer más a menudo porque hay gente que está muy solita" como reclama Carmen.
Campaña por el décimo triciclo
Y para seguir tejiendo vínculos, la asociación, que cumple diez años de vida, busca sumar un triciclo más a su flota y llegar al décimo en Barcelona. "Buscamos fondos para adquirir uno más a través de Migranodearena. Supone recaudar 5.000 euros. Tenemos lista de espera tanto de peticiones como de voluntarios", apunta Elisa Ojeda, fundadora y coordinadora general de 'En Bici sense Edat'.
Inspirados en un movimiento nacido en Dinamarca, la entidad arrancó en 2016 para mejorar la calidad de vida de las personas mayores o con movilidad reducida. "Ir en bicicleta te da libertad. Y llega un momento de la vida en el que ya no puedes disfrutar de ese placer o del derecho a sentir el viento en la cara", subraya Ojeda.
Una libertad que da la bicicleta porque "cuando te pones a una velocidad determinada, te permite estar en contacto con el entorno, sentir el movimiento placentero, relajarte y contar historias. Forma parte de nuestros principios. Los paseos se transforman en una herramienta de conexión y de acompañamiento. No es ir a un lugar; sino que el paseo es el destino en sí mismo. La idea es que haya ese intercambio de historias y se generen relaciones intergeneracionales, que se reencuentren con la ciudad y que se vuelvan a sentir parte porque ellos deciden dónde ir".
Y esa conexión durante los paseos se nota. "Hay un cambio de estado de ánimo, de bienestar y de memoria porque recuerdan cosas que habían olvidado", destaca Ojeda. Y también, por parte de los voluntarios como Dídac: "Recibes más de lo que das. Te llevas lecciones de vida, sonrisas y agradecimientos. Lo disfruto más que ellos", reconoce con emoción.
Como él hay 230 voluntarios en Barcelona, que el año pasado llevaron a 2.200 pasajeros de 53 entidades en 1.350 paseos en nueve triciclos. Unas cifras que crecen año tras año para seguir ejerciendo el derecho a sentir el viento sobre la cara.
