El actor catalán Marcos Franz publica 'Cuando dejé de ser yo', un libro en el que habla de una relación tóxica que le llevó a la depresión: "Ya no veo la vida de color gris"

El trabajo en terapia le ha ayudado a recuperarse de la depresión y las drogas y reconectar con su identidad, tal y como explica en su libro
Durante el rodaje de la serie Merlí, vivió una relación de manipulación psicológica durante cuatro años que alteró su percepción de la realidad
Si hay algo que nos atrae como sociedad, son los personajes complejos, con personalidades difíciles y matices, pero que al mismo tiempo nos hagan sentir identificados incluso cuando cuesta admitirlo. Y es que de esta complejidad salen personajes como Gerard en Merlí, un adolescente que realmente, es mucho más simple, real y común de lo que imaginamos. Es un joven estudiante, que vive como todas las personas, una evolución en una etapa vital en la que en muchas ocasiones, nos encontramos con relaciones tóxicas, estrés o ansiedad.
De Gerard, de este joven que marcó tanto a la audiencia, es curioso como su intérprete, el actor catalán Marcos Franz (Mataró, 1993) consiguió acercárnoslo mientras él se alejaba de sí mismo a causa de una relación tóxica. El artista se vio sometido a una manipulación psicológica que le cambió su manera de entender las relaciones, el mundo y la vida. Una década después y con el trabajo de la terapia, el actor plasma en palabras esta depresión y difícil experiencia en su libro: 'Cuando dejé de ser yo'.

Pregunta: En estos últimos años has hablado mucho públicamente de tu depresión. ¿Qué hay detrás de ella y qué te ha movido a ponerlo en palabras?
Marcos: Detrás de ella hay un relato de manipulación psicológica que viví justo durante los ensayos y el rodaje de la serie Merlí. Todo se solapó. Esta persona me explicaba cuestiones sobre la realidad que acabaron alterando mi percepción de todo lo que me rodeaba. Escribir este libro ha sido un proceso muy duro y doloroso, en el que muchas veces tenía que parar, llorar, ducharme o dar un paseo para despejarme. El motor para ponerlo en palabras ha sido la propia terapia, que me ha dado las herramientas para comprender lo que pasó y superar la vergüenza. De hecho, hacia finales de 2019 ya tenía la idea y empecé a escribir, pero lo borré porque me entraba muchísima ansiedad, culpa y, sobre todo, vergüenza de haber caído en algo así. En 2022, lo volví a intentar y en 2025 finalmente lo conseguí escribir.
P: Si echamos la vista atrás, ¿cuándo empezó todo esto y cómo se produjo ese primer contacto?
Marcos: Todo empezó alrededor del año 2014. Yo estaba muy metido en Twitter y en internet. Coincidimos en Barcelona por unas cuestiones y este hombre descubrió que yo había hecho una película llamada “La mosquitera”. Me dijo que estaba acabando la carrera de periodismo y que quería hacerme una entrevista. Como nunca me había entrevistado nadie, acepté. Lo conocí en persona, pero me dio tan mala sensación que pensé: “¡Acaba la entrevista y lárgate de aquí!”, y me fui. Sin embargo, hacia 2015 volvió a contactarme. En ese momento yo estaba a punto de rodar Merlí y tenía en mente proyectos creativos, musicales y de guion. Él se vendió diciendo que había sido alumno de un escritor de guiones que había estado en los Goya, me pidió mi idea para darle forma y empezamos una relación de “amigos creativos”. Así fue como empezó a introducir sus ideas en mi cabeza de forma muy, muy lenta.
P: Cuando miras atrás en el tiempo, ¿cómo recordarías al Marcos de antes de la serie, a aquel chico de antes de Merlí?
Marcos: Recuerdo al Marcos de antes de aquello como una persona mucho más despreocupada, ciertamente inocente, pero profundamente conectada con la vida de forma natural. Era alguien que no juzgaba a las personas, que creía en sí mismo, que tenía una gran autoestima y que sentía que todo estaba bien.
P: ¿Ese cambio de personalidad tuvo lugar en el rodaje?
Marcos: Sí. A raíz de esta relación empecé a sentir que la vida ya no era natural, sino artificial y hostil. Todo lo que escuchaba -música, propaganda, etc.- y el resto de las personas (que según él estaban “adormecidas”) hicieron que me desvinculara de todo. Pasé de ser una persona despreocupada a convertirme en alguien que juzgaba absolutamente todo a su alrededor y a las personas, metiéndome en esa espiral oscura.
P: Escribir este libro habrá sido un ejercicio. ¿Cómo ha sido el proceso de volver a encontrarse y reconciliarse con uno mismo?
Marcos: Ha sido un proceso muy intenso gracias a la terapia. La parte más dura fue comprender y reconocer que yo también fui a buscar a ese hombre por algo; es decir, no fue solo que él me manipuló sin que yo lo supiera, sino que ambos aceptamos esa dinámica porque él me ofrecía lo que yo quería recibir: la posibilidad de ser una persona poderosa y reconocida, ya que me vendía que formaba parte de unas sociedades secretas a las que pertenecían los grandes genios de la humanidad. Comprender por qué buscaba eso y hacerme la gran pregunta ("¿por qué soy así?") ha sido muy duro.
Volver a ser uno mismo no significa volver a ser el de antes, sino conectar con tu esencia
P: En las sesiones de terapia o en casa, ¿has llegado a detectar esa desconexión viendo los capítulos de Merlí?
En terapia no hemos trabajado viendo los capítulos, pero por mi cuenta estuve unos años sin poder verme. De hecho, la segunda temporada casi ni la vi (alguna escena suelta sí, pero la segunda no), porque era en la que peor estaba a nivel personal, no solo como actor. Cuando me veo en pantalla no me reconozco a mí mismo; me veo un tío oscuro, completamente apagado y sin luz en los ojos. Me choca mucho cuando la gente me dice que era súper divertido y que se lo pasaban en grande, porque yo por dentro me veía fuera de mí y apagadísimo.
P: Mirándolo ahora con perspectiva, ¿has podido rescatar algo positivo de la serie para seguir evolucionando como persona y como intérprete?
Marcos: Siento un rechazo muy grande hacia esta serie y me cuesta muchísimo reconciliarme con ella porque no me reconozco actuando ni me veo válido como actor ni bien como persona.
Sin embargo, años después del estreno, la gente por la calle sigue alucinada con la serie y me reconoce (cosa que agradezco), por lo que entiendo que es algo que me perseguirá toda la vida. El único camino es aceptarlo, un proceso en el que la terapia me ayuda a estar cada vez mejor.
P: A nivel personal y artístico, ¿qué puntos de conexión sacas de aquella época y el personaje? ¿Qué hay de Marcos en Gerard y de Gerard en Marcos?
Marcos: Los personajes de Merlí son muy arquetípicos y funcionan muy bien por eso (Gerard el inocente, Marc el gracioso, Pol el rebelde). Todos los actores ponemos una parte nuestra en ellos. En mi caso, hay bastante de Gerard dentro de mí: yo también he sido bastante inocente, un poco friki, inseguro e incomprendido. Si me hubiera tocado hacer de Pol Rubio me habría costado muchísimo, pero defender a Gerard me resultó bastante fácil porque resonaba mucho conmigo y con esa parte de mi personalidad al 100%.

P: En el mundo de la actuación la memoria y las expresiones faciales son básicas para el trabajo. ¿Cómo fue afrontar las grabaciones en ese estado?
Marcos: Fue horrible y me costaba muchísimo. Cuando vives una situación de estrés que roza la paranoia, tu cabeza no está en lo que tiene que estar. No me podía aprender los textos “ni de broma”, por más horas que pasara mirándomelo. Tenía que tirar de intuir lo que significaba la frase y defenderla a mi manera para que quedara orgánica. Además, en medio de esto, este hombre me llamaba exigiéndome que ignorara a los directores y a los compañeros, diciéndome que eran gente adormecida. Yo no era capaz de decirle que estaba estudiando, así que me desvinculé por completo de la serie y me despreocupaba mucho de todo.
P: ¿Cuándo y cómo se rompió definitivamente aquella relación de manipulación psicológica?
Marcos: Estuvimos así cuatro años, desde 2015 hasta 2018. Hacia la tercera temporada de Merlí ya estaba un poco mejor, y de hecho en algunas escenas se me ve un poco más vívido. Pero fue hacia el cuarto año (2018) cuando exploté por completo: me di cuenta de que nada de lo que me había prometido se cumplía, que me había convertido en una persona oscura, vulnerable y sumisa que había perdido su personalidad.
Dije “se acabó” y lo eliminé de todas partes
P: El ámbito de la interpretación suele estar rodeado de una enorme exposición pública, presiones e incluso sustancias. ¿Has podido hablar de esto con otros compañeros de profesión? ¿Detectas casos similares?
Marcos: Los compañeros con los que me relaciono son gente bastante sana y alejada de esto, pero desde fuera sí he podido ver a otros actores -sobre todo en Madrid, donde hay más fama, más dinero, más ego y más fiestas con drogas. Yo mismo estuve un tiempo tomando fármacos y drogas, como explico en el libro, pero lo tuve que dejar porque sentía que estaba en piloto automático: ni triste ni contento, en un punto neutro que tampoco es bueno. Pienso que los antidepresivos son parches que tapan el problema pero no lo solucionan. Lo que hay que hacer es no depender de fármacos, ir a terapia cada semana y enfrentarse a la realidad.

P: Tras el final del rodaje y la ruptura con aquella persona, llegó la pandemia. ¿Cómo fue adaptarte y convivir con esas ideas aún en la cabeza?
Marcos: Fue una parte muy, muy dura. Aunque ya no estaba con este hombre, sus ideas seguían en mi cabeza. La llegada del COVID y la pandemia reforzaron muchísimo sus teorías sobre controles y conspiraciones; al ver que la gente empezaba a “despertar”, entré en unas dinámicas mentales muy “locas” pensando que todo aquello era verdad. Estaba fatal, ni siquiera rodaba como actor y entré en un nihilismo, una apatía y un desenganche tan grande con la vida que me olvidé por completo de presentarme a castings, me sentía completamente desconocido.
P: Hemos hablado de cómo era Marcos antes de esta relación tóxica, ¿cómo lo definirías durante esta y ahora en la actualidad?
Marcos: Durante la relación justo coincidió con el rodaje de Merlí y se nota, era una persona oscura, completamente apagada, vulnerable, sumisa, paranoica y artificial que juzgaba absolutamente todo y a todas las personas por considerarlas “adormecidas". Gracias al trabajo en terapia ahora me considero una persona mucho más consciente, relajada, estructurada, capaz de ponerme horarios, responsable conmigo mismo y con los demás, afectuoso, atento y sin ver ya la vida de color gris, ahora quiero y puedo volver a ver más colores.
P: Aunque el título 'Cuando dejé de ser yo' es bastante ilustrativo, ¿qué crees que puede encontrar el lector en este libro?
Marcos: Pienso que mucha gente se puede sentir muy identificada. No hace falta que te metan ideas sectarias para controlar tu vida; mucha gente ha vivido la típica relación de abuso psicológico entre parejas o amigos. Varias personas me han dicho que, aunque no han vivido exactamente lo mismo, han pasado por situaciones muy similares y han podido conectar mucho con la historia.
P: Para terminar, después de todo lo vivido, ¿cuándo se vuelve a ser uno mismo?
Marcos: Realmente nunca se vuelve a ser el de antes, porque es imposible eliminar los recuerdos y lo vivido. Lo que sí puedes hacer es conectar de nuevo con tu esencia, pero siendo un “tú” más fuerte, más evolucionado, con más conciencia y menos inocencia. Para cortar con los patrones repetitivos y dejar atrás lo que te aleja de tu yo verdadero, la clave fundamental es invertir en terapia.
