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La colección de casi mil sifones de Jaume Castells en Mollerussa, Lleida: "Es gas, vidrio y memoria"

La colección de sifones en el garaje de Jaume Castells en Mollerusa (Lleida)
La colección de sifones en el garaje de Jaume Castells en Mollerussa (Lleida). Cedida
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LleidaUn cartel en la entrada del garaje da una pista: 'Colección de sifones de Jaume Castells'. "No es un museo", aclara. Un espacio donde atesora casi mil joyas de vidrio: "De Cataluña tengo 635, todos de diferentes marcas, y del resto de España, unos 315. Son 950, pero cada día va aumentando". Una exposición única en Cataluña por su cantidad de piezas, que es gratuita y visitable con horas convenidas.

Fue la curiosidad la que le empujó a los 18 años a guardar los sifones uno tras otro. "En 1975, junto con mi madre, llevábamos el Hostal de Pinós, el más antiguo de Cataluña. Y ahí empezó. En los años cincuenta, sesenta y setenta fue el auge. Te pedían un vermut y si no había sifón, no lo querían. Servíamos muchos en el restaurante. Miraba detrás de la rejilla de plástico y veía cada vez una marca diferente. Y los iba separando. Hasta que un día mi madre me dijo: 'Jaume, cada día me faltan más envases. ¿Se los llevan?'. Y se los enseñé. Iba apartando todos los que me hacían gracia. Así nació mi pasión por el sifón", confiesa.

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Para este vecino de Mollerussa (Lleida), este recipiente de grueso vidrio para agua carbonatada es mucho más. "Siempre me ha gustado el vermut con sifón. Aún lo tomo. No solo es gas. Es memoria. Los pueblos tenían sus empresas de sifones con su anagrama. Hubo un tiempo en que había 600 fábricas en Cataluña. Cada una, con dos o tres anagramas. Uno de Valls, con los castellers de Xiquets de Valls; uno con el escudo de Mollerusa; el de Martorell, con el Puente del Diablo; otro de Monistrol, con la montaña de Montserrat. Son muy representativos de cada lugar. Es memoria, lo que he vivido desde joven y revivir la historia. El sifón es gas, vidrio y memoria", destaca.

En Cataluña se llegó a las 600 empresas de sifones
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Su historia se remonta al siglo XVI cuando se intentó reproducir las aguas carbonatadas naturales tan preciadas en el pasado. En 1783 Jean Jacob Schweppe desarrolló el primer sistema industrial para fabricar agua con gas. Las primeras empresas de sifones en España surgieron a mediados del siglo XIX, pero su gran esplendor llegó en la posguerra. "Hay poca documentación sobre su historia. Quiero hacer un catálogo digital y recopilar información. Es para dar memoria al sifón".

Entre sus joyas, las más llamativas son las de vidrio con uranio, muy buscadas por los coleccionistas. "Llevaban unas partículas de uranio, que estaban entre 0,02 y 0,04 miligramos por un kilo de vidrio. Se prohibieron y se encuentran muy pocos porque los destruyeron para hacer joyas como anillos o pendientes porque tienen un brillo especial. El uranio era para darle color y que brillara. Tienen un color azul o amarillo y cuando les pones una luz es como una lámpara", describe Jaume.

Los más llamativos, los de vidrio con uranio

A su variedad se suma también la del tapón, que tiene su propia historia. Los primeros fueron de plomo, anteriores a 1920, hasta que se prohibieron. Después llegó el aluminio hasta el plástico obligatorio a mediados de los años setenta. Sin olvidar la malla que los rodea para garantizar la seguridad, en caso de ruptura.

La meta: 1.000 sifones

"Me cuesta mucho encontrar de Cataluña. Cuando localizo uno, es una joya. Es una alegría: '¡He encontrado uno!'. Hasta los 450 aún los encontraba. Ahora es casi imposible. Del resto de España, lo estoy haciendo con tranquilidad. Tengo un amigo en Logroño, que si me salen muchos repetidos, los intercambiamos. No sé por qué, pero ahora hay muchos coleccionistas. Ya va bien que haya movimiento", asegura.

La colección de Jaume está cerca de las mil piezas

Su colección se acerca cada día más al millar de piezas. ¿Y qué pasará cuando llegue? Esta es su respuesta: "Mi meta es llegar a los mil. Las estanterías están preparadas para llegar a esa cifra. Pararé porque no tengo más sitio, pero si alguien me trae alguno me lo tendré que quedar", reconoce, entre risas. Para añadir: "Si llego, tendré que acabar o cambiar el sistema de exposición. Ya veremos".

Mientras tanto, Jaume lanza este mensaje: "Si alguien tiene un sifón olvidado, ¡Hacia Mollerussa, que estará bien expuesto!".