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Dra. Xaviera Torres, bióloga y divulgadora científica: "Incluso aunque las niñas opten por estudiar ciencias, algo no termina de funcionar después"

Dra. Xaviera Torres, bióloga y divulgadora científica.
Dra. Xaviera Torres, bióloga y divulgadora científica. Montse Mármol
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¿Qué piensan los niños y las niñas de la ciencia? ¿Tienen referentes femeninos las niñas españolas? Una de las últimas encuestas realizada por la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (Aseica) en el marco de 'Conócelas', una iniciativa con motivo del Día Mundial de la Niña y la Mujer en la Ciencia, que se celebra cada 11 de febrero desde hace años, se acerca a darnos alguna respuesta sobre esto. La mayoría de niñas tienen como referentes a hombres: los más mencionados son Albert Einstein (64,1%) e Isaac Newton (42,7%), por detrás de Charles Darwin (11,7%), Nikola Tesla (10,5%) y Severo Ochoa (7,1%). Pero, cuando se les pregunta por mujeres, solo el 3,9% de los alumnos menciona espontáneamente a una que suele ser, en la mayoría de los casos, Marie Curie.

En este sentido, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) ha publicado 'Científicas en Cifras 2025', donde señala que todavía es necesario hacer políticas y poner la atención en una ciencia de mayor calidad que incluya y no discrimine a las mujeres. El objetivo de su campaña es visibilizar el papel de las mujeres en la investigación científica, fomentar la igualdad de género y promover vocaciones científicas y tecnológicas entre niñas y jóvenes. En el apartado de vocaciones científicas del estudio, se refleja que la participación femenina en estudios superiores ha experimentado un incremento significativo, sin embargo, este avance no se refleja de manera equitativa en todas las disciplinas. En áreas tradicionalmente masculinizadas como la Ingeniería y Arquitectura, aunque hay una tendencia positiva, las mujeres siguen siendo minoría (28,1% en Grado, 31,2% en Máster y 31,1% en Doctorado en 2023-2024). Además, cuando se analizan en profundidad los datos dentro de cada rama de enseñanza no todas las letras de STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, y Matemáticas) se comportan igual y también hay infrarrepresentación femenina fuera de estas áreas. "Como dato positivo, desde el curso 2018-19 se aprecia un cambio de tendencia en Ingeniería y Arquitectura, el área más masculinizada, en todos los niveles de estudios", expresan.

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Para que las mujeres lleguen a ser científicas en un futuro, hace falta acercarles la ciencia y hacer que sueñen con ella a las niñas. Se consigue a través de muchas iniciativas, una de ellas -y de las más potentes- es la literatura infantil. Hablamos, por ejemplo, de 'Cuentos con ciencia', publicado recientemente por la editorial Beascoa, que está escrito por la Dra. Xaviera Torres, bióloga y divulgadora científica especializada en público infantil. La autora es doctora y máster en Historia de la Medicina, y desarrolla proyectos de divulgación en libros, artículos y podcasts, como 'Sapiensantes' (RNE Audio), reconocido con el Premio Prismas Casa das Ciencias. Hemos hablado con ella para conocer más sobre este cuento y su visión sobre el acceso a la ciencia de niños y niñas.

Pregunta: El 11 de febrero se celebra el 'Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia'. ¿Qué barreras siguen existiendo que deban reivindicarse?

Respuesta: Cuando te pones a leer las biografías de científicas del pasado, como Lise Meitner y Rosalind Franklin, o cuando te remontas tanto en la historia que te cuesta encontrar trazas de mujeres en la ciencia, te das cuenta de todo lo que hemos avanzado, pero eso no puede llevarnos a creer erróneamente que ya hemos resuelto todos los problemas.

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Por un lado, se siguen escuchando cosas como que las matemáticas o las ingenierías, por ejemplo, no son para chicas. Por suerte, cada vez menos, pero todavía pasa. Pero, incluso aunque las niñas opten por estudiar ciencias, algo no termina de funcionar después. En Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres han obtenido aproximadamente la mitad del total de títulos expedidos en ciencias e ingeniería desde la década de 1990. Sin embargo, menos mujeres que hombres continúan dedicándose a la ciencia con el paso del tiempo. Como sociedad, tenemos que ser conscientes de ello y revisarnos para ver dónde fallamos. En este sentido, a las niñas les diría que se fíen de sí mismas: si a ellas les gusta un tema, no deben dejar que nadie las convenza de que no es para niñas. Mientras tanto, los adultos debemos seguir haciendo los deberes y revisándonos. 

P: ¿Qué papel juega la ciencia en nuestra vida y cómo podemos inculcarles la curiosidad a los más pequeños?

R: La ciencia no es algo separado de la vida, es una manera de ver el mundo, un conjunto de herramientas intelectuales con el que interactuar con lo que nos rodea. Por tanto, no es algo que solo nos sirva en el laboratorio, sino en nuestro día a día: observar las cosas, sacar conclusiones, poner nuestras conclusiones a prueba y vuelta a empezar si es necesario. Es algo importantísimo a nivel individual y como sociedad, sobre todo, teniendo en cuenta los desafíos a los que nos enfrentamos.

Respecto a tu pregunta sobre inculcar la curiosidad a los niños, creo más bien que es al revés. Ellos son mucho más curiosos que nosotros. Leí una vez que niños, poetas y humoristas comparten una mirada limpia sobre las cosas, libre de juicios previos. Esa mirada permite a los humoristas, por ejemplo, hacer esas afirmaciones sobre lo cotidiano que nos arrancan una carcajada: “¿Por qué el cabello nos resulta hermoso en la cabeza de nuestros seres queridos, pero tan repugnante en la pared de la ducha? ¡Es el mismo pelo!”.

Eso mismo hacen los niños: miran el mundo con ojos nuevos. Y, si estás cerca y te dejas, puedes tener la suerte de que compartan su curiosidad contigo. Nuestra tarea es estar a la altura de su curiosidad, alimentarla y acompañarla. 

P: ¿Recuerdas tu primer contacto con la Ciencia? ¿Por qué decidiste hacerte bióloga?

R: En mi familia éramos todos muy científicos, en cierto modo. Hemos tenido todo tipo de mascotas y mi padre era naturalista aficionado, por lo que, cuando en casa entraba un bicho, hacíamos un corrillo para observarlo en lugar de matarlo. Después, con un vasito y un papel, lo invitábamos amablemente a marcharse. Con mi madre íbamos a recoger moras para hacer mermelada. Aprendí a hilar lana de oveja, a hacer yogur y otras cosas por el estilo. Y debo decir que los dos tenían bastante manga ancha con los experimentos más o menos guarros que hacía en mi cuarto con mohos y cosas por el estilo. Pero la verdad es que podría haber estudiado cualquier cosa, porque mi curiosidad no se ciñe a los animales, sino que extiende sus tentáculos por todas partes: la historia del arte, la arqueología, el origen de las lenguas… De modo que siento que seguiría siendo yo, aunque hubiera estudiado medicina, filología o filosofía. Lo que me mueve es la curiosidad y la pasión por descubrir y aprender cosas nuevas. 

P: Actualmente, trabajas en el Museo de Ciencias Naturales de Viena. ¿Cuál crees que es el papel actual de los museos en la divulgación científica? ¿Cómo se consigue que los niños sientan interés por acudir a los museos?

R: Teniéndolos en cuenta en sus explicaciones, sus recorridos, sus instalaciones interactivas… Los niños son más inquietos, o más honestos, en cierto modo, porque yo misma no recuerdo la última vez que fui a un museo y me leí de cabo a rabo todos los textos explicativos. Los niños aprenden mucho con las manos en la masa y hay ciertos planteamientos de exposiciones en los que se quedan fuera. En ese sentido, yo soy muy fan de cómo hacen las cosas los museos científicos coruñeses, por ejemplo. También depende del tipo de museo, claro. Hay que tener en cuenta que muchos museos de ciencias naturales, como el de Viena o el de Londres, no nacieron con vocación de museo, sino de colección personal. En el caso del de Viena, su origen está en las colecciones científicas de la corte de los Habsburgo, reorganizadas durante las reformas ilustradas del siglo XVIII.

El desafío para estas instituciones es pasar del coleccionismo a la didáctica. Usar todos estos objetos de manera que cuenten una historia, a ser posible, para todos los públicos. Dicho esto, cada vez que he llevado a mis hijos a un museo y los he dejado decidir qué veíamos, hemos terminado todos descubriendo cosas muy chulas. Es cierto que quizá no lo hemos visto todo en una sola visita, pero hemos salido de allí con ganas de explorar más y con la sensación de haber pasado un buen rato.

P: ¿Qué debería ser la ciencia en el lenguaje infantil? ¿Cómo la podemos adaptar a ellos para que la entiendan?

R: Para hablar de ciencia con niñas y niños, creo que es muy importante conocer y respetar a tu público, algo, en realidad, necesario para cualquier tipo de comunicación. Tenemos que escuchar sus preguntas, conocer lo que les interesa, lo que despierta su curiosidad. También su lenguaje y su mundo, así no emplearemos palabros innecesarios y usaremos metáforas o comparaciones que tengan que ver con ellos y les lleguen. A la hora de comunicarse con niños, aunque, de nuevo, quizá con todos, el humor es una gran herramienta, por lo que -siempre que puedo- lo uso. Por eso, y porque de paso me divierto yo también, que soy muy gansa. Me parece fundamental, además, no perder el contacto con mi curiosidad y entusiasmo genuinos. Desde esa posición honesta, siento que tiendo mejores puentes para escucharnos y dialogar.

"Creo, por otro lado, que a la gente curiosa (y los niños son gente muy curiosa) le interesa cualquier tema, siempre que lo expliques desde una pasión genuina y de manera clara y amena"

P: Como demuestras en tu podcast, 'Sapiensantes', ciencia también es hablar de caca, del sol, del fuego, de la sangre… ¿Qué conceptos científicos pueden entender mejor los niños y qué papel juegan los cuentos en este sentido?

R: Es que todo esconde ciencia… ¡incluso la caca! Es cierto que, ya al escribir para 'Sapiensantes' hago uso de la fantasía y el humor para comunicar ciencia, pero en estos cuentos lo he llevado un poco más lejos. En ellos, la ciencia es el trampolín, la inspiración desde la que me lanzo para crear un pequeño mundo de fantasía en que podemos explorar lo que nos rodea.

Respecto a los conceptos que pueden entender los niños, creo que, como nos pasa a los mayores, podemos entenderlo casi todo si nos lo explican paso a paso, de manera clara y amena. Los cuentos serían, en este sentido, una pequeña puerta abierta por la que entrar a curiosear. Por eso, en el libro, después de cada uno hay una pequeña sección con preguntas o experimentos sencillos para seguir indagando.

P: En él, precisamente, hablas de cómo se creó el planeta, de la naturaleza… ¿Qué es aquello que querías que conocieran los pequeños? ¿Es una manera de concienciarles de forma amable con el cambio climático y la protección del medioambiente?

R: El libro cuenta cómo se forman distintos paisajes de nuestro planeta: las montañas, los ríos, las playas, los desiertos, y qué papel juega el agua en estos procesos. Mi intención era acercar a los niños la fascinación que siento por la hermosura y diversidad de los paisajes que nos rodean y por ese lazo que los une.

Respecto al cambio climático o la protección del medioambiente, confieso que no tenía intención consciente de concienciarles. Entre otras cosas, porque me parece que muchos niños ya están más concienciados que algunos adultos. Aparte de que no creo en la concienciación per se, es decir, estoy convencida de que conocer algo, nuestro planeta en este caso, puede llevarnos a amarlo y cuidarlo mejor. No como un deber impuesto, sino como consecuencia de saber lo hermoso y valioso que es. 

P: ¿Qué es aquello en lo que suelen mostrar más curiosidad los niños, según tu experiencia?

R: Los adultos, en general, tenemos esta idea de que para los niños la ciencia es el espacio, los dinosaurios y los experimentos explosivos, pero los cientos y cientos de preguntas que nos llegan al podcast me confirman algo que, de hecho, es obvio: hay muchos niños distintos con gustos distintos.

Pero es que a veces se nos olvida y buscamos esa fórmula que atrape el interés de todos. Ese tema dorado, y no sé si lo hay. Los niños son personas, como los adultos, y, de la misma manera que tienes un amigo al que le gusta el monte y otro que es más de playa, hay niños a los que les chiflan los volcanes, otros que alucinan con las hormigas y otros que quieren saberlo todo sobre el funcionamiento de su propio cuerpo. Creo, por otro lado, que a la gente curiosa (y los niños son gente muy curiosa) le interesa cualquier tema, siempre que lo expliques desde una pasión genuina y de manera clara y amena.