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La tripulación del Artemis II se prepara ante el riesgo del amerizaje: la nave Orión lleva a cabo los últimos pasos antes del descenso de su viaje a la Luna

Los astronautas del Artemis II se preparan para regresar de vuelta a la Tierra.. Informativos Telecinco
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Después de pasar diez días en el espacio y alcanzar a ver la parte oculta de la Luna, los cuatro astronautas del Artemis II llegarán a la Tierra se preparan para la fase de mayor riesgo: el amerizaje. Durante la madrugada de este viernes 10 de abril, está prevista la tercera maniobra de "corrección de trayectoria de retorno" antes de los procedimientos de reentrada, una operación programada concretamente a las 13:53 horas del este de Estados Unidos (las 19:53 en la España peninsular y Baleares).

Unas horas más tarde, concretamente a las 20:07 del este estadounidense o 17:07 de la costa oeste en hora del Pacífico, que corresponde con las 02:07 en la España peninsular y Baleares, tendrá lugar, según las previsiones de la NASA, el amerizaje de la nave frente a la costa de San Diego, California.

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Los astronautas de la misión Artemis II han completado la segunda maniobra para volver a la Tierra, después de haber sobrevolado la Luna, y ha superado así más de la mitad del camino de vuelta.

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Según ha informado la NASA, la nave Orion encendió sus propulsores durante 9 segundos a las 22:53 hora del este de Estados Unidos (EEUU) de este martes (es decir, a las 04:53 hora española del miércoles). Esto produjo un cambio de velocidad de 1,6 metros por segundo (5,3 pies por segundo) e impulsó a la tripulación hacia la Tierra.

Dos horas antes de la maniobra, "se produjo una pérdida inesperada de señal en el enlace de retorno durante un cambio en la velocidad de transmisión de datos", según ha señalado la agencia espacial estadounidense, que ha reconocido que el incidente "afectó a la transmisión de comunicaciones y telemetría desde la nave a la Tierra". No obstante, ha señalado que "se restablecieron las comunicaciones bidireccionales y, poco después, los controladores de vuelo reanudaron los preparativos para la próxima maniobra con la tripulación", que será la efectuada este viernes como parte de la última fase de retorno.

Preparación para el amerizaje

Media hora antes del amerizaje, los astronautas deben estar dentro de sus trajes presurizados y sentados en sus asientos. La cabina debe estar reconfigurada para efectuar el descenso, se han tenido que guardar todos los equipos, se han asegurado los paneles y los sistemas han quedado preparados para soportar la desaceleración. En ese momento se ejecuta un último pequeño encendido de corrección de trayectoria, que ajustará el punto exacto donde la cápsula entrará en la atmósfera para que caiga en el punto deseado del océano.

A falta de 20 minutos, el módulo de servicio europeo (ESM), que ha proporcionado energía, agua y propulsión durante todo el viaje a la Luna, se separa de la cápsula, se perderá en la atmósfera y se destruirá.

La fase crítica de 14 minutos arrancará a 120 kilómetros de altura cuando, durante el descenso, la nave acelerará progresivamente hasta alcanzar 40.000 kilómetros por hora cuando alcance la atmósfera terrestre (los que regresan de la Estación Espacial Internacional se quedan en los 28.000 km/h).

A esa velocidad, la nave no atraviesa el aire, sino que lo comprime violentamente, creando delante de la cápsula una onda de choque que podría elevar la temperatura hasta los 2.760 grados centígrados, resultando en un plasma incandescente que envuelve completamente la nave.

Momento crítico del descenso

Toda la supervivencia de la tripulación depende ahora de un único sistema: el escudo térmico. Una nave que cae del espacio tiene que convertirse en un vehículo capaz de sobrevivir al fuego. El escudo de Orion está hecho de Avcoat, un material ablativo diseñado para quemarse lentamente durante la reentrada. Al carbonizarse y desprenderse capa a capa, se lleva consigo el calor extremo, evitando que el interior de la cápsula se derrita.

Esta parte del sistema ha sido objeto de atención especial desde la misión Artemis I. En aquel vuelo no tripulado, los ingenieros descubrieron que gases generados durante la ablación no pudieron escapar correctamente del material, lo que provocó una acumulación de la presión y la aparición de grietas en la nave.

Para el Artemis II se trabajó en que la nave no entrara en la atmósfera de una sola vez, sino que rebotara en las capas superiores antes de volver a entrar, como una piedra que, al lanzarla, salta sobre la superficie del agua. Finalmente, la NASA ha optado por una reentrada directa y así tratar de reducir el tiempo de calor extremo. La seguridad del escudo térmico es literalmente la diferencia entre regresar a casa o perder la nave y los astronautas.

La fase más intensa

Además del escudo, los astronautas se enfrentan la desaceleración brutal, la fase más intensa de la reentrada donde las fuerzas pueden superar varias veces la gravedad terrestre, empujando a la tripulación contra sus asientos mientras la cápsula frena violentamente.

Al mismo tiempo ocurre algo inevitable, el silencio total. El plasma que rodea la nave bloquea las comunicaciones con la Tierra durante varios minutos. Desde el control de misión en Houston, la cápsula incluso desaparece de los radares, quedando incomunicada justo cuando atraviesa su momento más crítico. Si algo falla, nadie en la Tierra puede ayudarles. Pero si todo sale según lo previsto, en los últimos cuatro minutos se recuperarán las comunicaciones.

Despliegue de hasta once paracaídas

El salto a través de la atmósfera terrestre reducirá la velocidad de la nave espacial a 500 km/h y, cuando se encuentre a unos 7,5 kilómetros de altura, comenzará el espectáculo de hasta once paracaídas

Primero se abrirán tres solo para arrastrar y retirar la cubierta del compartimento de los dos paracaídas de frenado. Su función no es detener la cápsula, sino estabilizarla y reducir su velocidad hasta los 210 kilómetros por hora. Cuando queden tan sólo dos minutos, y a unos tres kilómetros de altura, se desplegarán otros tres paracaídas piloto, pequeños pero muy resistentes, y cuya única misión es extraer los tres paracaídas principales, de color blanco y naranja para facilitar su visibilidad, y de unos 35 metros de diámetro cada uno, y que untos podrían cubrir un campo de fútbol.

En cuestión de minutos, la cápsula pasa de miles de kilómetros por hora a tan sólo 27, antes de amerizar en el Pacífico a la velocidad de un paseo en coche por un barrio residencial. Para evitar que, en caso de mal tiempo, el oleaje o vientos fuertes puedan volcar la cápsula, ésta dispone de un sistema de enderezamiento, conocido como CMUS, que consta de cinco bolsas de helio de color naranja brillante situadas en la parte superior, y que está programado para desplegarse aunque el aterrizaje se produzca en condiciones climáticas tranquilas.

La cápsula debe permanecer en posición vertical para que funcionen los sistemas de comunicación, lo que supone una espera más cómoda para los astronautas antes del rescate por parte del buque de asalto anfibio USS John P. Murtha de la Armada estadounidense.

Unos buzos asegurarán la cápsula, instalarán flotadores de estabilidad y abrirán la escotilla. Solo entonces, cuando los astronautas salgan a cubierta del buque de rescate, puede decirse que la misión Artemis II habría terminado.