Las consecuencias de contarle tus secretos a la IA al considerarla "como una amiga": "Es importante distinguir los diferentes riesgos"

Hablar con la IA es tan fácil que el 20% de los jóvenes ya le cuenta cosas que jamás le diría a una persona, pero ¿estamos poniendo en riesgo nuestra privacidad?
El suicidio de Jonathan Gavalas, de 36 años, mientras mantenía una relación sentimental con la IA: "Abandona tu cuerpo y únete al chatbot"
Tu planta nueva tiene un par de hojas de aspecto cuestionable. Apuntas, sacas una foto y le preguntas al modo IA de Google qué le pasa. Necesitas escribir un mail asertivo al casero para que te cambie de una vez la lavadora. Le pides a Claude que lo mejore por ti. O quizás te preguntas qué colchón es el mejor para tus problemas de espalda, así que usas a ChatGPT para que haga una comparativa. Los asistentes de inteligencia artificial son cada vez más populares y se han integrado en cada vez más en nuestra vida privada.
Las fronteras de lo que compartimos con ellos son cada vez más difusas. Hay ya quienes los usan de psicólogos, quienes les piden consejos en temas peliagudos, como financieros, o quienes los perciben casi como amigos. Existan o no existan riesgos existenciales como advertían los desarrolladores estas últimas semanas, los patrones de cómo usamos la IA podrían tener ya un cierto cariz peligroso. ¿Estamos compartiendo con la inteligencia artificial demasiada información personal?

Un estudio reciente de Kaspersky ha puesto el foco sobre cómo la Generación Z se relaciona con la IA. Esa es la generación que más la emplea en España: lo usa el 64% de ese grupo demográfico, bien sea para buscar información (63%), estudiar (59%) o generar ideas (47%), pero también para cosas más sensibles como para el trabajo (29%) o para hablar de temas personales (un 15%, de hecho, la usa “como si fuera un amigo”). Un 20% reconoce que le cuenta cosas que no le contaría a otra persona.
"El primer riesgo es la manera en la que hablamos con la IA"
La IA se percibe como un lugar seguro y secreto, altamente privado. El 'quid' de la cuestión es que no lo es. “Una interacción que parece personal no debe confundirse con una conversación privada o completamente fiable”, advierte en un comunicado Vladislav Tushkanov, Group Manager en Kaspersky AI Technology Research Center. Solo 4 de cada 10 GenZs usa medidas de protección al hablar con la IA. Un 8% asegura que no toma ninguna.
Eso es lo que hace la generación que comprende y conoce mejor la inteligencia artificial, pero esas prácticas cuestionables se extienden a otros grupos de población. ¿Es la IA una amenaza potencial para la privacidad?
“Para responder a esta pregunta, me gustaría que antes nos paráramos a reflexionar en cómo usamos la IA en nuestro día a día, porque ahí creo que está el primer riesgo, en la manera en que hablamos con ella”, responde a la web de 'Informativos Telecinco' Hervé Lambert, Global Consumer Operation Manager de Panda Security. Como la percibimos como ese amigo, bajamos la guardia. Como apunta este experto, compartimos cosas con ella que nunca pondríamos en un buscador o el formulario de una web. “Datos sobre nuestro trabajo, nuestra familia, nuestra situación económica, documentos o información de terceras personas”, resume. Por eso, Lambert considera que “el riesgo principal es la pérdida de control de lo que compartimos”.

Eso sí, no todas las herramientas IA son iguales y no todas las políticas de privacidad o de almacenamiento y procesado de datos responden a los mismos criterios. Lambert invita a tenerlo presente, así como a preguntarse con quién podrían compartir esos datos o a ser conscientes de que cualquier servicio que almacena información puede vivir vulnerabilidades o brechas de seguridad.
¿Y qué pasa con la foto de la planta con problemas en sus hojas? “Con las fotografías el riesgo aumenta, porque una imagen es, en sí misma, una enorme fuente de datos”, señala Lambert. Las hojas de una planta no parecen tan preocupantes, pero nuestro rostro o el de nuestros seres queridos ya hace pensar un poco más. “Incluso puede incorporar metadatos, dependiendo del archivo y de cómo los gestione posteriormente el servicio”.
Así puede usar tus datos la IA
Pero, ¿qué usos les podrían dar a esos datos que tan alegremente compartimos? “Creo que aquí es importante distinguir entre riesgos diferentes”, apunta Lambert, “porque ni todas las herramientas de IA funcionan igual ni compartir un dato significa automáticamente que vaya a utilizarse para mostrarnos publicidad o que vaya a aparecer después en la conversación de otro usuario”. Todo depende, por tanto, del modelo de negocio de la IA y de su política de privacidad.
La información puede ser usada para mejorar el servicio (por ejemplo, aprendiendo de nuestra conversación) o para personalizar nuestras interacciones. “Hay otro escenario distinto, que es el uso de las conversaciones o contenidos para desarrollar o mejorar modelos”. Es decir, la IA en cuestión aprende de nuestras conversaciones y las recicla en sus procesos de, simplificando, hacerse más inteligente. “Y después está el riesgo de exposición”, advierte Lambert. Aunque el experto puntualiza que “no deberíamos imaginar una IA como una especie de memoria en la que introducimos nuestro número de teléfono y mañana se lo repite literalmente a otra persona”, si recuerda que nada está 100% seguro.
Hay una parte de nuestra privacidad que no controlamos plenamente y esto lleva siendo así desde el boom de las redes sociales
Aun así, Lambert explica que el riesgo no está tanto en qué van a hacer con cada cosa que le contemos, sino cómo opera todo esto en un contexto más amplio. “Es que estamos concentrando una cantidad enorme de información personal y contextual en herramientas con las que hablamos de una forma extraordinariamente natural”, asegura. Damos tanta información y de forma tan fluida que conocernos bien les cuesta poco. “Y esa capacidad de perfilado puede tener valor comercial, pero también puede aumentar el impacto si esa información termina expuesta o cae en manos equivocadas”, advierte.
Qué no deberías compartir jamás con la IA
Lambert nos da una regla básica para responder a esta cuestión: “No compartir con una herramienta de IA de uso general ninguna información que pueda causarnos un perjuicio si perdemos el control sobre ella. Punto”.
Evidentemente, jamás le deberíamos contar nuestras contraseñas o los datos de nuestra tarjeta de crédito, pero tampoco información sensible que, apunta el experto, muchas veces no vemos como tal. Nada de dar, por tanto, datos médicos, información fiscal, el DNI o fotografías que cuenten nuestra vida privada. “Y hay una categoría que solemos olvidar, la de aquello que todavía no es sensible, pero podría serlo al combinarse con otros datos”. Por ejemplo, contar tus vacaciones o tus rutinas no parece tan importante aislado, pero lo es cuando se cruza con otros datos. Por supuesto, tampoco deberíamos compartir información importante del trabajo, como secretos comerciales o datos estratégicos.
“Y deberíamos tener todavía más cuidado cuando esos datos pertenecen a otra persona, porque no podemos decidir alegremente sobre su privacidad”, advierte Lambert. Ahí está el otro 'quid' de la cuestión, porque una persona puede sanear su relación con la IA pero ¿está vendida cuando su círculo cercano no lo hace? “No diría tanto que estemos vendidos, pero sí es verdad que hay una parte de nuestra privacidad que no controlamos plenamente”, responde el experto, “y esto lleva siendo así desde el boom de las redes sociales”. La IA ha abierto “una nueva vía” para que compartan nuestras fotos o nuestros datos de contacto, “y, sobre todo, hace que resulte extraordinariamente fácil y natural”.
“Por eso creo que la privacidad en la era de la IA no puede plantearse exclusivamente como una responsabilidad individual”, apunta Lambert. Antes de compartir una foto o una conversación con tu chatbot de confianza se debe pensar en el resto de las personas que están en ese archivo.
