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El agua del váter gira en distinto sentido según el hemisferio: el famoso efecto Coriolis, explicado sin mitos

El efecto Coriolis. Dan Gold en Unsplash
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MadridEn el hemisferio norte, el agua del váter gira en un sentido. Sin embargo, en el hemisferio sur, gira en sentido contrario. La causa es el efecto Coriolis, una fuerza asociada a la rotación de la Tierra que influye en el movimiento del aire y del agua. Este efecto es tan popular que ha aparecido en series, vídeos turísticos y películas. Pero tiene un problema: aplicado al váter de casa, es una idea muy exagerada.

El efecto Coriolis existe. Es totalmente real, medible y fundamental para entender fenómenos como la circulación atmosférica, los vientos, las corrientes oceánicas y la rotación de grandes borrascas o ciclones. Lo que no es cierto es que pueda determinar de forma clara y cotidiana el sentido en el que se vacía un inodoro, un lavabo o una bañera. Aquí entrarían en juego otros factores como la forma del recipiente, la inclinación, el diseño del desagüe, los chorros de entrada de agua, las pequeñas corrientes previas y hasta una mínima irregularidad en la superficie.

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¿Qué es el efecto Coriolis?

El efecto Coriolis es una desviación aparente que se observa en objetos o fluidos que se mueven sobre un sistema de rotación, como la Tierra. Como el planeta gira sobre su eje, los movimientos a gran escala no se comportan exactamente igual que lo harían en una superficie inmóvil.

En el hemisferio norte, los objetos en movimiento tienden a desviarse hacia la derecha respecto a su trayectoria. En el hemisferio sur, hacia la izquierda. Esa desviación no se debe a que algo empuje físicamente desde un lado como una mano invisible, sino a que observamos el movimiento desde una Tierra que también está girando.

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Este efecto es muy importante en meteorología y oceanografía. Ayuda a entender por qué los grandes sistemas de bajas presiones giran en sentidos distintos según el hemisferio y por qué las corrientes oceánicas se organizan de una determinada forma.

Por qué funciona en huracanes, pero no en el baño

La clave está en la escala. Un huracán puede medir cientos de kilómetros y durar días. Una corriente oceánica se desplaza a través de distancias enormes. En estos casos, el efecto Coriolis tiene tiempo y espacio suficientes para influir en el movimiento.

Un váter, sin embargo, se vacía en pocos segundos y contiene una cantidad de agua muy pequeña. La escala asociada al efecto Coriolis es tan débil a esa escala que queda eclipsada por cualquier pequeño detalle del entorno. Es suficiente con que el agua entre desde un lado, que el recipiente no sea perfectamente simétrico o que quede una corriente residual para que el sentido del giro cambie.

El diseño del inodoro importa mucho más

En el caso concreto del váter, el mito es todavía más fácil de desmontar. Muchos inodoros no se vacían formando un remolino natural como el que puede hacer una bañera, sino mediante chorros de agua diseñados para limpiar la taza y empujar el contenido hacia el desagüe.

Esos chorros pueden estar orientados de una manera u otra según el modelo. Algunos generan un giro horario, otros al contrario, y otros apenas forman un remolino visible. El sentido final depende del diseño del váter y no de estar al norte o al sur del ecuador.

En un lavabo o una bañera ocurre algo similar, aunque de forma menos dirigida. La forma del recipiente, el lugar exacto del desagüe, la manera en la que se llenó, la pendiente mínima del fondo o un pequeño movimiento inicial del agua pueden dominar por completo el resultado.

El famoso experimento del ecuador

En algunos lugares turísticos cercanos al ecuador se hacen demostraciones muy populares: se coloca un recipiente a un lado de la línea ecuatorial haciendo que el agua gire en una dirección, se mueve al otro lado, girando al contrario y encima de esta línea, el agua cae sin remolino. Es una escena perfecta para recordar, pero también muy fácil de manipular.

El problema es que, a tan pequeña escala y tan cerca del ecuador, el efecto Coriolis es todavía más débil. El modo en que se vierte el agua, la posición del recipiente, una ligera inclinación o un pequeño movimiento previo pueden crear el giro que se desee. Si el agua se echa desde un lado, ya se le está dando una rotación inicial. El resultado puede parecer un experimento científico, pero muchas veces es más espectáculo que física.

Este efecto sí que ha sido medido en un laboratorio, pero con condiciones extremas. En los años sesenta se realizaron experimentos famosos sobre el vórtice de una bañera. Para observar el efecto, se usaron recipientes muy simétricos, el agua se dejó reposar durante muchas horas para eliminar corrientes residuales y el vaciado se hizo con extremo cuidado. En esas condiciones, sí que se pudo detectar un giro coherente con la rotación terrestre.