Jannik Sinner estudiará el origen de sus recurrentes problemas físicos tras desplomarse en Roland Garros
El desgaste que acabó con Jannik Sinner en Roland Garros: sufrió vómitos en la pista y necesitó hielo en la cara
Jannik Sinner, el número uno del mundo del tenis, ha encendido las alarmas en el circuito tenístico tras su inesperada eliminación en la segunda ronda de Roland Garros ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo. A pesar de liderar cómodamente el encuentro por dos sets a cero y disponer de una ventaja de 5-1 en la tercera manga, el italiano sufrió un colapso físico, caracterizado por mareos, náuseas y vómitos, que le impidió mantener el ritmo y terminó costándole el partido bajo las extremas condiciones climáticas de París.
Este nuevo episodio de debilidad física ha reabierto el debate sobre la resistencia del tenista en torneos con formato a cinco sets, especialmente en escenarios de calor extremo y alta humedad. Aunque inicialmente se atribuyó el resultado a un golpe de calor y a la acumulación de fatiga tras disputar 29 partidos en poco más de dos meses, el propio Sinner ha reconocido la necesidad de someterse a exámenes médicos exhaustivos para identificar el origen real de sus recurrentes crisis de salud: "Obviamente tendré que hacerme algunas pruebas".
Acumulación de fatiga en el calendario
Según fuentes como 'Corriere della Sera', el entorno del tenista se encuentra bajo el foco debido a la exigente planificación de las últimas semanas, en las que se priorizó la acumulación de minutos en pista. Tras decidir no realizar una transición progresiva entre la pista dura de Miami y la tierra batida de Montecarlo, Sinner optó por competir consecutivamente en los Masters 1000 de Madrid y Roma, una decisión que, según los analistas, terminó por agotar sus reservas físicas antes de llegar a la cita de la capital francesa.
A pesar de que el cuerpo técnico intentó motivar al tenista de 24 años durante el encuentro frente a Cerúndolo al ver los primeros síntomas de agotamiento, la respuesta de su organismo fue irreversible. El equipo médico y técnico que rodea al italiano ha evitado tradicionalmente alarmar al jugador con diagnósticos precipitados, tal y como reflejó su entrenador, Simone Vagnozzi, al ser preguntado en Montecarlo sobre posibles chequeos: "No le estamos metiendo gusanos en la cabeza. Tiene días con altibajos, es normal que sea así".
Un patrón clínico que desafía al calor
Las crisis sufridas por el jugador de San Candido muestran una evolución que va más allá de los problemas dérmicos o las ampollas que afectaron los inicios de su carrera. Aunque la mayoría de sus colapsos coinciden con temperaturas superiores a los 30 °C (como ocurrió en el pasado ante Rune, Spizzirri, Alcaraz o Griekspoor), los precedentes recientes en Roma y en los cuartos de final de Wimbledon en 2024 demuestran que estas dolencias también aparecen en condiciones ambientales frescas o nocturnas.
Esta falta de un factor desencadenante puramente climático sugiere que la climatología no es el único motivo de su vulnerabilidad en los partidos largos. La reiteración de mareos, pérdidas repentinas de energía y náuseas en diferentes contextos geográficos y meteorológicos ha llevado a la conclusión de que existe un componente interno en el sistema nervioso del atleta que aún no ha sido debidamente diagnosticado. El tenista demostró su deportividad al rechazar el desgaste horario como excusa tras jugar al mediodía habiendo tenido una ronda nocturna previa, una circunstancia de la programación que su coentrenador, Darren Cahill, consideraba asumida de antemano: "Lo sabíamos desde el martes, y nos convenía".
La hipótesis genética del fototipo 1
La comunidad científica y deportiva analiza actualmente la relación entre las características físicas de Sinner, como su tez clara, pecas y cabello pelirrojo, y su respuesta a la regulación térmica. Las personas con fototipo 1 presentan con frecuencia una mutación en el gen MC1R, una alteración celular que afecta de manera directa a los receptores cerebrales encargados de procesar la sensación de dolor y los cambios drásticos de temperatura.
De confirmarse esta hipótesis médica, las medidas de protección convencionales como el uso de gorras claras o protectores solares resultarían insuficientes para garantizar el rendimiento del tenista en condiciones extremas. Tras haber entrenado sin aparentes dificultades en zonas desérticas como Dubái e Indian Wells, el reto del número uno mundial se centra ahora en adaptar su preparación biológica para superar su vulnerabilidad en los torneos del Grand Slam.

