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Qué son los 'finfluencers' y por qué la CNMV quiere colaborar con ellos ahora

Una chica joven con unos gráficos
Una chica con unos gráficos. Freepik
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Muchos jóvenes españoles están aprendiendo qué es un ETF (fondo cotizado o Exchange Traded Fund, por sus siglas en inglés), cómo funciona el interés compuesto o por qué conviene diversificar una cartera. Y todo gracias a las redes sociales.

A través de vídeos de menos de un minuto en TikTok o hilos explicativos en X, están adquiriendo una 'pedagogía financiera' que antes estaba reservada a asesores financieros: los especialistas de toda la vida. Hoy toda esta información circula de forma masiva en redes sociales gracias a los llamados 'finfluencers'.

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Se trata de creadores de contenido que se dedican a explicar conceptos de ahorro, inversión y planificación económica en un lenguaje sencillo, adaptado a públicos que no suelen acudir a canales financieros clásicos.

Su principal valor no reside solo en recomendar productos -que también-, sino en traducir la jerga técnica a ejemplos cotidianos que cualquier trabajador o estudiante puede entender.

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Para muchos usuarios, han sido la puerta de entrada a una educación financiera básica en un país donde esta materia no se enseña en los colegios. Un fenómeno que ha crecido al calor de la digitalización y el auge de plataformas de inversión accesibles desde el móvil. Donde cada vez más personas compran acciones, fondos indexados o bonos sin intermediarios tradicionales. Y claro, organismos e instituciones se han tenido que rendir a esta realidad.

Del recelo de la CNMV a querer colaborar con ellos

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha seguido de cerca este fenómeno aunque su actitud respecto a él ha cambiado y mucho.

Primero, el enfoque estuvo centrado en detectar posibles irregularidades, como promociones encubiertas o recomendaciones sin advertencias adecuadas sobre riesgos.

Pero ahora, el plan de actividades para 2026 introduce un cambio relevante: el supervisor abre la puerta a colaborar con estos perfiles cuando actúen de forma responsable.

El presidente del organismo, Carlos San Basilio, ha defendido que no se puede abordar el fenómeno desde "una lógica exclusivamente punitiva". Y ha reconocido que estos creadores llegan a segmentos de población que la CNMV no alcanza con sus canales tradicionales.

Eso sí, la estrategia pasa por mantener la vigilancia sobre prácticas indebidas, pero también por establecer puentes con quienes promueven contenidos rigurosos y útiles para el pequeño inversor.

Educación financiera y prevención del fraude

El plan para 2026 contempla 32 acciones y 60 iniciativas concretas, agrupadas en tres grandes áreas que incluyen la protección del inversor y la mejora del funcionamiento de los mercados.

Dentro de la vertiente preventiva, el organismo publicará guías sobre fraude online y sobre el uso de inteligencia artificial para detectarlo. También se reforzará la monitorización de redes sociales y se impulsará una encuesta específica sobre fraude financiero. La colaboración con 'finfluencers' puede convertirse en un aliado estratégico en este terreno.

Las estafas de inversión proliferan en entornos digitales y suelen aprovechar la falta de conocimientos básicos sobre riesgos y rentabilidades realistas.

Si los creadores con mayor credibilidad entre jóvenes difunden mensajes claros sobre diversificación, volatilidad o sobre la necesidad de desconfiar de promesas de beneficios rápidos, el impacto preventivo puede ser importante.

En los últimos años, el número de pequeños inversores ha crecido de forma sostenida, al tiempo que los mercados bursátiles han alcanzado máximos históricos.

La importancia de un equilibrio regulatorio

¿Y cuál es el mayor reto de la CNMV con los 'finfluencers'? Precisamente en delimitar claramente cuándo un contenido divulgativo se convierte en recomendación de inversión sujeta a normas específicas: "La CNMV recuerda que cualquier promoción de instrumentos financieros debe cumplir con los requisitos de transparencia y advertencia de riesgos establecidos en la normativa".

No se trata de crear una categoría regulatoria aparte, sino de aplicar las reglas existentes con coherencia en el entorno digital.

Al mismo tiempo, el organismo trabaja en otros frentes como la revisión del marco de opas, la integración de actividades de clearing tras la adquisición de BME por SIX y la simplificación normativa. La digitalización del mercado exige adaptar la supervisión sin frenar la innovación.