Qué son las cláusulas abusivas en contratos de consumo y cómo identificarlas
Si una cláusula vulnera el principio de buena fe y altera en perjuicio del consumidor el equilibrio entre derechos y obligaciones, se considera nula de pleno derecho
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Firmamos contratos constantemente: cuando contratamos internet, al comprar un electrodoméstico o al reservar un coche de alquiler. Pero entre todas esas páginas llenas de letra pequeña, pueden esconderse condiciones que, aunque sean legales en apariencia, son contrarias a los derechos del consumidor. Son las llamadas cláusulas abusivas. Y es importante saber detectarlas a tiempo.
Una cláusula abusiva es aquella condición incluida en un contrato que no ha sido negociada individualmente y que impone al consumidor un desequilibrio significativo respecto a la empresa. El desequilibrio no tiene por qué ser económico, sino que puede consistir en una obligación desproporcionada, en una limitación injustificada de sus derechos o en una ventaja excesiva para la parte contratante.
La ley española lo deja claro: si una cláusula vulnera el principio de buena fe y altera en perjuicio del consumidor el equilibrio entre derechos y obligaciones, se considera nula de pleno derecho. Es decir, no necesita ser declarada nula por un juez para dejar de surtir efecto y, por tanto, no puede aplicarse.
¿Cómo identificarlas?
Detectar una cláusula abusiva no siempre es fácil. Muchas están redactadas en términos ambiguos, diluidas entre otras condiciones aparentemente razonables. Sin embargo, hay señales claras:
- El contrato otorga a la empresa el derecho exclusivo de modificar condiciones sin previo aviso.
- Se impone al consumidor una penalización desproporcionada por cancelar o resolver el contrato.
- Se limita el derecho del consumidor a reclamar, exigir devoluciones o ejercer garantías.
- Se exige al cliente la renuncia a derechos fundamentales, como el derecho a la tutela judicial efectiva.
- Se establece que la interpretación del contrato queda exclusivamente en manos del proveedor.
Si el contrato se presenta como un todo cerrado, sin posibilidad de modificación o negociación individual, hablamos de un contrato de adhesión. En este tipo de documentos, si la empresa introduce condiciones desequilibradas que no podrían ser razonablemente aceptadas en igualdad de condiciones, hay muchas probabilidades de que estemos ante una cláusula abusiva.
Del papel a la práctica
Aunque pueden aparecer en cualquier sector, hay algunos donde este tipo de prácticas son más frecuentes. Por ejemplo, en el mundo de la telefonía e internet las cláusulas que penalizan con el pago de toda la permanencia aunque el servicio no se haya prestado correctamente, o que permiten a la operadora modificar tarifas sin posibilidad de rescisión por parte del cliente.
En los contratos de alquiler podrían ser abusivas aquellas condiciones que obligan al inquilino a pagar gastos de mantenimiento estructural (que corresponden al propietario) o cláusulas que imponen renuncias anticipadas a la fianza. En la compra de productos hablaríamos de exclusiones genéricas de responsabilidad del vendedor por productos defectuosos o de la imposición de plazos de garantía inferiores a los establecidos por ley.
En muchos de estos casos, los tribunales han declarado nulas estas condiciones por considerarlas abusivas, especialmente cuando los consumidores han actuado con rapidez y han reclamado de forma formal.
Qué puedes hacer si detectas una cláusula abusiva
Lo primero es conservar una copia del contrato y revisar detenidamente sus condiciones. Si identificas una posible cláusula abusiva, puedes reclamar directamente a la empresa. Si no hay respuesta o esta es insatisfactoria, tienes derecho a acudir a organismos de consumo, presentar una queja formal o incluso iniciar un procedimiento judicial.
Recuerda: el hecho de que hayas firmado el contrato no significa que la cláusula tenga validez. La ley te ampara frente a abusos, y en muchos casos, la nulidad de esa cláusula puede tener efectos retroactivos e implicar la devolución de cantidades pagadas indebidamente.