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Pagar a plazos con tarjeta: en qué compras puede tener sentido y en cuáles es mala idea

Pago con tarjetas. Telecinco.es
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Dividir el pago de una compra en varias mensualidades es tentador. Nos permite asumir un gasto elevado sin vaciar la cuenta de golpe. Pero no todo lo que brilla en el escaparate del “paga cómodamente” es oro. Porque en muchos casos, financiar con tarjeta sale tan caro que termina costando casi el doble.

Comprar hoy, arrepentirse mañana: los intereses que nadie menciona

La banca ha convertido las tarjetas en un negocio rentable precisamente por su coste oculto. Según un informe de Asufin, las tarjetas revolving, las más usadas para financiar compras, alcanzan un tipo de interés medio del 23,34% en España, una cifra desorbitada que supera incluso al 18,34% de las tarjetas de crédito tradicionales y al 8,68% del entorno europeo.

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En algunos casos, el interés llega al 41%, como ocurre con ciertas tarjetas. Si se añade un seguro de protección de pagos, la TAE puede rozar el 36%, según cálculos de Asufin. Y eso por financiar una compra de apenas 1.000 euros, que puede generar más de 580 euros en intereses.

La clave está en cómo funcionan: el mínimo que se paga cada mes cubre sobre todo intereses y apenas amortiza deuda. Es decir, puedes pasar años devolviendo una compra de tecnología, ropa o incluso del supermercado.

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Cuándo sí puede compensar pagar a plazos

Ahora bien, hay situaciones en las que financiar puede tener sentido. Por ejemplo, cuando se ofrece un pago a plazos sin intereses, lo que es habitual en grandes superficies o campañas promocionales, y el compromiso de pago mensual no supera el 20% de tus ingresos disponibles. O si necesitas adquirir un electrodoméstico imprescindible y no tienes liquidez inmediata.

También puede ser útil si permite evitar un préstamo personal más costoso o si el uso de la tarjeta genera beneficios adicionales, como seguros gratuitos, acceso a servicios premium o descuentos aplicables. Pero atención: muchas entidades anuncian “sin intereses” y luego añaden comisiones de apertura, cancelación anticipada o cargos por gestión. Es fundamental leer la letra pequeña.

Qué no deberías financiar jamás

Según los expertos, hay categorías de gasto que jamás deberían financiarse con tarjeta: alimentación, ropa, gasolina o vacaciones. Son consumos recurrentes o efímeros, y aplazar su pago equivale a pagar intereses por algo que ya ha desaparecido. En palabras llanas: es pagar más por menos.

Financiar en este tipo de casos puede llevar a una espiral de deuda difícil de romper. El Banco de España ha advertido en varias ocasiones sobre el riesgo de sobreendeudamiento derivado del mal uso de estos productos. Pagar a plazos con tarjeta puede parecer una solución cómoda, pero suele ser una trampa de largo recorrido. Antes de fraccionar cualquier compra, pregúntate si es imprescindible, si puedes asumir su coste real —con intereses incluidos— y si existen otras opciones más transparentes. A veces, la mejor financiación es esperar un mes más y pagar al contado.