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Qué es la regla 50/30/20 del ahorro y cómo funciona

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Una estrategia de ahorro. Unsplash-
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Organizar las finanzas personales puede convertirse en un rompecabezas si no existen reglas claras que nos guien para encontrar una solución. Una de las fórmulas más difundidas y fáciles de aplicar en la gestión del dinero es la regla 50/30/20, un método que invita a distribuir el ingreso mensual tras impuestos en tres grandes bloques: necesidades, deseos y ahorro o inversión. Su virtud radica en convertirse en un punto de partida tangible para estructurar un presupuesto sin recurrir a planillas interminables ni a categorías excesivamente técnicas.

La regla 50/30/20 propone que el 50% de tus ingresos netos se destinen a las necesidades esenciales, que engloban los gastos que no puedes evitar para sostener tu vida cotidiana, como puede ser vivienda, alimentación, transporte, servicios básicos o seguros. Esta parte constituye la base de tu presupuesto, y si se supera ese umbral es señal de que quizá debas ajustar tu estilo de vida o redistribuir gastos.

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El 30% se reserva para los deseos o gastos discrecionales, entendidos como aquellos que hacen más confortable o placentera la vida pero no son estrictamente necesarios. Aquí entrarían actividades sociales, viajes, ocio, cenas fuera de casa o compras no vitales. 

El 20% final corresponde al ahorro y la inversión, es decir, recursos que guardas para tus metas personales a largo plazo, como crear un fondo de emergencia, comprar una vivienda o contribuir a un plan de jubilación, o para amortizar deudas más allá del pago mínimo mensual.

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El origen y la lógica de la fórmula

La regla 50/30/20 fue popularizada por la economista y senadora estadounidense Elizabeth Warren y su hija Amelia Warren Tyagi en el libro All Your Worth: The Ultimate Lifetime Money Plan (2005), como una forma simple, equilibrada y práctica de estructurar un presupuesto familiar o personal. Su objetivo era facilitar una organización realista del dinero sin necesidad de cálculos complejos ni categorías rígidas. 

Este sistema parte de una premisa fundamental, la de que los ingresos después de impuestos deben ser manejables en términos porcentuales fijos. Al clasificar tus gastos en función de las necesidades, los deseos y el futuro, se crea un equilibrio que fomenta tanto la estabilidad como la flexibilidad financiera.

Ventajas e inconvenientes

Una de las principales virtudes de la regla 50/30/20 es su sencillez operativa, puesto que su puesta en práctica no requiere de un software sofisticado ni de formación financiera avanzada. Al asignar porcentajes claros a cada tipo de gasto, te obliga a ser consciente de tus prioridades y a pensar estratégicamente sobre el uso de tu dinero. Esta claridad puede ser especialmente valiosa para quien empieza a manejar un presupuesto por primera vez.

Sin embargo, no es una solución universal. En zonas de muy alto coste de la vida, por ejemplo, destinar solo el 50% a gastos esenciales puede ser inviable. En esos casos, la regla funciona más como referencia que como dogma, y puede ser necesario ajustarla para reflejar la realidad de tu situación económica. 

Además, aunque la regla fomente el ahorro de un 20%, tan solo una minoría de personas logra alcanzar ese umbral recomendado. Un estudio reciente señala que en España solo alrededor del 20% de la población consigue ahorrar más del 20% de sus ingresos, debido a gastos fijos elevados o deudas persistentes.