Un cambio clave en la fecha de consumo puede hacer ahorrar dinero en la compra gracias a la Ley de Desperdicio Alimentario
Se ha calculado que el porcentaje de descuento oscila entre un 20 y un 30%
Congelar, reutilizar o donar: la Ley de Desperdicio Alimentario activa una serie de recomendaciones para ahorrar en casa
Hay dos fechas impresas en casi todos los envases de alimentación que los consumidores llevan décadas confundiendo. La diferencia entre ellas no es un tecnicismo menor, dado que determinan qué productos se pueden seguir comiendo y, desde la entrada en vigor de la Ley 1/2025, determina también qué oportunidades de ahorro genera el supermercado.
Una confusión que cuesta dinero
La Comisión Europea calcula que hasta el 10% de los 88 millones de toneladas de residuos alimentarios generados anualmente en la UE están vinculados a una interpretación errónea del concepto de "fecha de consumo preferente" en los productos alimenticios por parte de los consumidores. Y la consecuencia en el bolsillo es bien clara, ya que de acuerdo con los expertos, llegamos a tirar a la basura una media de 300 euros anuales en comida que aún podríamos aprovechar.
La distinción, sin embargo, es sencilla una vez que se comprende. La fecha de caducidad hace referencia a la seguridad de los alimentos. Los alimentos que llevan esta mención, como la carne o el pescado frescos, las ensaladas listas para su consumo y los quesos frescos, no deben consumirse después de esa fecha específica, aunque su aspecto y olor sean aparentemente normales.
La fecha de consumo preferente, en cambio, se relaciona con la calidad de los alimentos: si se conservan correctamente, los alimentos siguen siendo seguros para el consumo después de esta fecha, pero pueden perder parte de su sabor, textura o frescura. Esta etiqueta suele encontrarse en productos de larga duración como pasta, arroz, conservas o congelados.
Lo que obliga la ley a los supermercados
La Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, plenamente exigible desde el 3 de abril de 2026, interviene en este punto de forma directa. La norma ordena al Gobierno adoptar políticas públicas y medidas que contribuyan a la racionalización de las fechas de consumo preferente. Es decir, la propia ley reconoce que muchas fechas que aparecen en los envases son más conservadoras de lo necesario y empuja a revisarlas.
Más en concreto, la ley impone obligaciones a los distribuidores minoristas. Los supermercados tienen la obligación de vender productos cercanos a la fecha de caducidad con descuentos o donarlos, y está prohibido tirar alimentos aptos para el consumo. En supermercados y distribución, aplicarán descuentos a productos cercanos a la fecha de caducidad, facilitarán la venta de productos con defectos estéticos menores, evitarán la destrucción sistemática de alimentos y los organizarán por orden de caducidad, siguiendo el criterio 'primero en entrar, primero en salir'.
Cuánto se puede ahorrar en la práctica
Esta dinámica ya existe en los lineales, aunque con diferencias notables según la cadena. Algunos supermercados y algunos productos indican el precio nuevo de oferta; en esos casos se ha calculado que el porcentaje de descuento oscila entre un 20 y un 30%.
La distribución de estos descuentos por cadenas es desigual. En Ahorramás, Alcampo, Aldi, Consum y Lidl es muy común encontrar productos con algún tipo de rebaja ligada a su próxima caducidad: en estas enseñas el consumidor se encuentra de forma sistemática con este tipo de alimentos rebajados. En DIA, Carrefour, Eroski y Mercadona es frecuente encontrar este tipo de descuentos, pero no siempre, y en algunas tiendas de esas cadenas no se ha adoptado esta práctica.
El horizonte tecnológico va más allá de la pegatina amarilla manual. En España la normativa ya obliga a indicar claramente si un producto está rebajado por proximidad a la fecha de consumo preferente. Aunque la IA todavía no es habitual en todos los lineales, el camino ya está trazado, al haber algoritmos que calculan el mejor momento y porcentaje para vender, con cadenas como Hoogvliet en los Países Bajos probando sistemas que integran etiquetas electrónicas, sensores y una lógica de precios variable.
Una etiqueta más clara, por mandato legal
Más allá de los descuentos, la ley actúa sobre la propia información que llega al consumidor. Se promoverá el uso de etiquetas más informativas que ayuden a los consumidores a diferenciar entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente, y el Gobierno pondrá en marcha campañas para educar a la población sobre cómo planificar mejor sus compras y almacenar los alimentos de forma adecuada. La ley también incentivará a los consumidores a adquirir productos imperfectos o próximos a la fecha de caducidad a precios reducidos.
La combinación de ambas palancas convierte una confusión histórica en una oportunidad concreta de ahorro. El producto que hoy tiene una pegatina de descuento del 25% porque caduca mañana no es, en muchos casos, un riesgo alimentario: es, simplemente, un alimento cuya fecha de consumo preferente está próxima y que puede consumirse sin problema.